¿Antiguas y nuevas historias del Arte? Una aproximación crítica a la situación internacional

  • Autor: González Román, Carmen.
  • Edita: UMA y Real Academia de Bellas Artes de San Temo
  • Nº de páginas: 166
  • Fecha de publicación: Año edición 2017
  • País: España
  • Idioma: español
  • ISBN: 9788497478458

La historia del arte, disciplina académica consolidada en el ámbito de las humanidades a lo largo del siglo XX, viene asistiendo desde hace aproximadamente media centuria a la emergencia de nuevas metodologías y/o enfoques temáticos que obligan a llevar a cabo una reflexión sobre la vigencia de sus fundamentos epistemológicos. La decisión de afrontar este ensayo crítico sobre los discursos teóricos y las metodologías emergentes en la historia del arte es, por tanto, resultado de la absoluta convicción de la necesidad de discurrir ?en y desde nuestro país- sobre la situación internacional actual de la historia del arte. De otro lado, el objetivo es también aportar una visión distinta a la ofrecida por las diversas narrativas historiográficas que han prevalecido en España, siendo las más frecuentes las de carácter ?genealógico? (que en la mayoría de los casos comienzan tomando como figura fundacional de la historia del arte en España a Elías Tormo) y/o de índole ?topográfico? (centradas en el territorio español). También se trata de superar determinados relatos o subrelatos, como el ?derrotista-aislacionista?, que sugiere rancios eslóganes tipo Spain is different, o el del ?perpetuo desfase? respecto a la situación exterior. Al cariz eminentemente genealógico de nuestra historiografía se suma la falta de mirada al exterior, lo cual ha favorecido la desconexión con lo que está sucediendo en otros entornos académicos y culturales. Desde ese punto de vista, este texto representa una respuesta o réplica a la notable cantidad de ensayos (fundamentalmente anglosajones, pero también alemanes y franceses) que abordan el análisis y devenir de la historia del arte, panorama que contrasta visiblemente con la reflexión crítica llevada a cabo en España. El interés suscitado en los últimos años a nivel internacional en torno a la idea de una historia del arte ?global? ha constituido un revulsivo que viene propiciando el análisis de los desarrollos nacionales de la historia del arte, algo que se ha hecho particularmente visible en una serie de congresos internacionales en los que la representación española ha sido casi inexistente. Por todo ello, este ensayo propone contemplar desde la mirada actual lo que acontece en nuestro entorno, y facilitar otro modo de comprensión de los orígenes y desarrollo de la historia del arte en España, a fin de evitar una historiografía que se mira a sí misma. La necesidad de posicionar la historia del arte hecha en España en el espacio internacional, valorar su presencia o ausencia, su aportaciones, distanciamientos o peculiaridades respecto a las historias del arte que se están acometiendo en otros contextos constituye por tanto el cometido principal de este libro.

TOMA DE POSESIÓN COMO ACADÉMICO CORRESPONDIENTE EN MADRID DE Dº PEDRO TEDDE DE LORCA

  • Discurso de ingreso como Académico correspondiente en Madrid
  • «MARJORIE GRICE-HUTCHINSON Y EL PENSAMIENTO ECONÓMICO DE LA ESCUELA DE SALAMANCA»
  • Laudatio de Dº Francisco Carrillo Montesinos, Académico de Número
  • Salón de Actos del Centre Pompidou Málaga
  • 30 de Noviembre de 2017, a las 19:30 horas

Presentación por Francisco Javier Carrillo Montesinos
Académico Numerario, Vicepresidente 3º

Señor Alcalde de Málaga, Señor Presidente de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, Señoras Académicas y Señores Académico, Señoras y Señores:

Constituye para mí una gran satisfacción y honor haber sido designado para hacer la Laudatio del Profesor D. Pedro Tedde de Lorca en este solemne acto de su ingreso como Académico Correspondiente en Madrid. La gran satisfacción tiene lugar gracias a las raíces bien regadas, que hicieron posible una ya vieja amistad que se remonta a las aulas de pre primaria, se confirmó en las aulas magnas de la Universidad de Madrid y se solidificó en un marco de convivencia excepcional que fue el Colegio Mayor Pío XII bajo la autoritas de su fundador Ángel Cardenal Herrera Oria. Muchos años después, ese surco continuó abriendo horizontes de vida hasta coincidir, ayer, y en distintas funciones de estudio, en la Universidad CEU San Pablo, fundada igualmente por Ángel Herrera en momento anterior a la Guerra de España. Y el arado no se detuvo ya que volvemos a reunirnos en esta aula exponente de la renovación cultural del Arte Contemporáneo que nos llega a Málaga y que porta el nombre de un ecuánime Presidente de Francia, que sabía mucho de Economía Financiera como el Académico que hoy recibimos.

D. Francisco J. Carrillo Montesinos, pronunciando su laudatio
en la Toma de Posesión de D. Pedro Tedde de Lorca

El honor se genera, no tanto en esta brevísima Laudatio, sino en el contenido del Discurso de Ingreso que despierta del sopor malacitano a una persona que llegó a Málaga (como las obras del Centro Pompidou) y que adquirió por su talento plena carta de naturaleza y de ciudadanía. Es de agradecer que el Profesor Tedde de Lorca agite el sueño de los justos y que a una personalidad que tanto hizo por desempolvar archivos y descubrir al mundo lo que se podría calificar (y que me corrija Pedro Tedde si me equivoco) el «pensamiento económico» de la Escuela de Salamanca a través de Marjorie Grice-Hutchinson. Admito que maestros muy destacados como el iusnaturalista Joaquín Ruíz-Jiménez y el iusinternacionalista Mariano Aguilar Navarro, cuando tuve la suerte de ser iniciado por ellos en los fundamentos del Derecho, hicieron numerosas alusiones a la Escuela de Salamanca, pero no a las tesis económicas que en ella también hicieron luz, salvo el justiprecio de raíz tomista, y la usura. Se nos explicó, sin embargo, la riqueza doctrinal de esa Escuela de Salamanca a través de los siglos XVI y XVII, con «teólogos» que en base a una «filosofía moral» que se cimenta en la naturaleza humana, la convierten en fuente de derecho positivo a la luz del estudio de los problemas fundamentales de la convivencia humana: el derecho de los pueblos (ius gentium), la esclavitud, la guerra, la ocupación de territorios, las alianzas, la solución de conflictos, la tiranía, los poderes del Emperador y del Papa, etc. Tenían como objetivo la paz, que se tradujo en ulteriores debates como «paz dinámica» y llegaron a ser precursores de la concepción supranacional en las relaciones internacionales. El bien común y los derechos de la persona influían toda su obra. Con una firme constante: limitar jurídicamente al soberano, convirtiéndolo en súbdito del «derecho de gentes» y del «derecho positivo» creado libremente por la voluntad de la comunidad política.

Es de toda lógica manifestar públicamente mi ansiedad por conocer los «aspectos económicos» de aquella reflexión salmantina, que de seguro el Profesor Tedde de Lorca nos expondrá de forma magistral a través de la obra de una insigne malagueña de adopción. Reconozco públicamente que desistí ex profeso de leer su Discurso académico, que tuvo la amabilidad de enviarme, para no condicionar la Laudatio y dejar abiertas mis expectativas intelectuales.

El recorrido universitario y académico de Profesor Tedde de Lorca es muy extenso e intenso. Catedrático de Historia Económica, cuya andadura la inició en la Universidad de Málaga en 1982, pasando posteriormente a la Universidad San Pablo-CEU de Madrid en donde ejerció docencia, hasta su jubilación, como catedrático de Historia e Instituciones Económicas. En la actualidad es Catedrático extraordinario de Historia e Instituciones Económicas en la citada Universidad.

Desde 1972 hasta 2014 formó parte del servicio de investigadores del Banco de España en donde se concentró en realizar investigaciones sobre Historia financiera y monetaria. El maridaje institucional entre el ejercicio de la docencia y de la investigación no deja de ser una de las situaciones más anheladas por nuestro profesorado universitario, de difícil alcance en nuestro subsistema de enseñanza superior.

El Profesor Tedde de Lorca fue presidente de la Asociación Española de Historia Económica (2011-2014).

Es autor de numerosos artículos científicos y de capítulos de libros colectivos. Editor de 9 libros en el campo de la Economía. Ha sido Director de Tesis de Doctorado. Es de destacar sus más recientes obras que constituyen una trilogía fundamental para conocer la historia económico-financiera del siglo XIX español: «El Banco de San Carlos» (1988), «El Banco de San Fernando» (1999) y «El Banco de España Y EL Estado liberal (1847-1874)», publicado este último en 2015.

Es Académico Numerario de la Academia de Economía y Medio Ambiente de Andalucía (2016), Académico Numerario electo de la Real Academia de la Historia (2017) y Miembro de la Academia Europea de Ciencias, Artes y Letras.

Antes de finalizar esta brevísima síntesis, he de subrayar con lápiz rojo que Pedro Tedde de Lorca es un agudo poeta que en la actualidad guarda silencio que esperamos sea circunstancial, ya que el alma del poeta es una constante que sobre vive al tiempo y al espacio. Poeta de hondura malagueña cuya poesía ya pertenece a la globalidad, aunque no conste, más por humildad que por olvido, en su hoja de vida académica.

Mañana es ya diciembre. Alcanzo de sus SONETOS ANDALUCES, el poema «Diciembre en Málaga», y recito un fragmento:

La luz exalta al cielo: sólo hay mundo
como nacido ahora al primer día
de un niño frente al mar en lejanía.
Diciembre en claridad y azul profundo.

Al dar la bienvenida al nuevo Académico Correspondiente en Madrid, lo hago con el convencimiento de que esta Real Academia, a partir de hoy, podrá contar e integrar la valiosa aportación intelectual de mi entrañable amigo y compañero Pedro Tedde de Lorca.
Nada más.

Málaga, 30 de noviembre de 2017

MARJORIE GRICE-HUTCHINSON Y EL PENSAMIENTO ECONÓMICO DE LA ESCUELA DE SALAMANCA

Hace muchos años, en un ya lejano 2001, recibí con alegría la noticia que me comunicó por carta su entonces presidente, el gran poeta e inolvidable amigo Alfonso Canales, de haber sido nombrado Académico Correspondiente de esta Real Academia en Madrid. Espero que la generosidad de esta corporación disculpe la tardanza en corresponder a aquel nombramiento que tanto me honra, con la lectura del discurso de ingreso, dedicado a Marjorie Grice-Hutchinson y el pensamiento económico de la Escuela de Salamanca.

Por fortuna, cuando evocamos a Marjorie Grice-Hutchinson no estamos refiriéndonos a alguien olvidado o desconocido. La presencia y la actividad de esta ilustre mujer, tanto desde el punto de vista académico como social, no pasaron inadvertidas para sus contemporáneos, dentro y fuera de Málaga. Poco antes de su muerte fue nombrada Hija Adoptiva por la Diputación Provincial y recibió la medalla de oro del Ateneo de nuestra ciudad. En 1959 había sido distinguida con la Orden del Mérito Civil de España y en 1976 con la del Imperio Británico. A lo largo de su vida fue una activa colaboradora de la Sociedad Económica de Amigos del País, de la que fue Secretaria General, y del patronato del Cementerio Inglés de Málaga sobre el que escribió un interesante libro. Perteneció a la Sociedad protectora de animales, la Sociedad Filarmónica, el Jardín Botánico La Concepción y la Asociación Arqueológica de Churriana, entre otras instituciones.

Expondré a continuación algunos datos biográficos de esta economista, facilitados en su mayor parte por la profesora Aurora Gámez Amián, catedrática de Historia Económica de la Universidad de Málaga y colaboradora y amiga de Marjorie Grice-Hutchinson. Nuestra autora nació en Eastbourne, Sussex, en la costa sur de Inglaterra, el 26 de mayo de 1909. Su padre fue un abogado londinense, George William Grice-Hutchinson, quien se desplazaba frecuentemente a otros países por razones profesionales, entre ellos España. Precisamente por esta razón, su única hija recibió educación en su propio hogar, sin asistir a colegios. No obstante, su formación fue rigurosa, llegando a dominar varios idiomas, entre ellos el español, además de lenguas clásicas, filosofía, matemáticas, ciencias y literatura.

En los años veinte del siglo pasado, George William Grice-Hutchinson decidió comprar una finca en Málaga, llamada San Julián, cerca de la desembocadura del río Guadalhorce. Allí pasaría largas temporadas, involucrándose en labores asistenciales, como la creación de una escuela en la propia finca para los hijos de los agricultores y un dispensario clínico en Churriana, dotado de avances señalados para la época, que prestaría grandes servicios a la comunidad en que vivía, cuando aún había enfermedades epidémicas difíciles de tratar y erradicar. Asimismo, en épocas de particular escasez, el Sr. Grice-Hutchinson procuró alimentos y medicinas a la población más necesitada. Y durante la guerra civil, entre 1936 y 1937, evacuó en su yate a la cercana Gibraltar a varias personas cuya vida corría peligro. Precisamente una de estas personas, Ana Freüller Valls, fue una de las mejores amigas de Marjorie y se convertiría, muchos años después, en su compañera de viajes académicos.

La formación superior de nuestra historiadora, especialmente en filología y lengua española, daría paso al estudio del pensamiento económico hispánico de las Edades Media y Moderna. Podemos situar el comienzo de dicho camino en el Londres a mediados de los años cuarenta, después de trabajar para el Foreing Office durante la segunda guerra mundial. Enseñó español en el King´s College, de la Universidad de Londres; entre 1948 y 1951 fue directora del departamento de español en el Birbeck College, de la misma Universidad, donde instituyó el premio Fray Luis de León a la mejor traducción de textos españoles al inglés. En esos mismos años, deseosa de proseguir sus estudios, ingresó en la London School of Economics and Political Science (LSE), uno de los más prestigiosos centros de Economía del mundo, con la intención de obtener un Honour Degree.

La LSE, en aquel tiempo, estaba dirigida por Lionel Robbins y sus dos figuras intelectuales más prominentes eran, por un lado, el socialista Harold Laski y por otro, el economista austriaco Friedrich von Hayek, perteneciente a la Escuela de Viena y en las antípodas ideológicas del socialismo. Precisamente Hayek —que recibiría el premio Nobel de Economía en 1974— dirigió, a fines de los años cuarenta, la investigación de Marjorie Grice-Hutchinson sobre las ideas económicas de la Escuela de Salamanca. No obstante, hay que precisar que él no sugirió este tema a la incipiente investigadora; al contrario, fue ella quien descubrió al profesor austriaco la existencia de dicha Escuela.

Hayek debió sorprenderse cuando su alumna encontró en los autores salmantinos nociones como la escasez relativa o la preferencia subjetiva aplicadas a la teoría del valor, cuando se atribuía el origen de esta idea a la Escuela de Viena, de la cual él mismo procedía.

En un principio, Marjorie Grice-Hutchinson había pensado dedicar su estudio al economista ilustrado de mediados del siglo XVIII Pedro Rodríguez de Campomanes. Sin embargo, la lectura del libro de José Larraz, La época del mercantilismo en Castilla (1500-1700), publicado en 1943, le permitió descubrir las ideas económicas de la escuela de Salamanca, en los siglos XVI y XVII, así como el carácter precursor que tuvieron para la moderna teoría económica.

De izquierda a derecha: Dña. Marion Reder, D. Francisco de la Torre
D. José Manuel Cabra de Luna, D. Pedro Tedde de Lorca, y Dña. Rosario Camacho

La lectura de Larraz, seguida por la de otros especialistas y, por supuesto, de los autores españoles de los siglos XVI al XVIII fue fundamental para el destino de la investigación de Marjorie Grice-Hutchinson, además de contar con las observaciones y sugerencias de su director, Friedrich Hayek, y de asistir a sus clases de Historia del Pensamiento Económico, desde los clásicos griegos a Keynes. En su estudio sobre la Escuela de Salamanca, Marjorie Grice-Hutchinson aprovechó su dominio del latín para leer la mayor parte de los textos originales escritos en dicha lengua.

Además de Hayek, Marjorie Grice-Hutchinson recibió, para su trabajo, el apoyo de Richard Sydney Sayers, una gran autoridad en teoría e historia de la banca. Tras la obtención del grado universitario, su estudio fue publicado como libro, La Escuela de Salamanca. Una interpretación de la Teoría Monetaria española, 1544-1606, editado por primera vez en inglés en 1952 y no traducido al español hasta 2005, por la entidad Caja España, en excelente edición de los profesores Luis Perdices de Blas y John Reeder.

Por Escuela de Salamanca se conoce al conjunto de profesores de esta Universidad, en su mayoría dominicos y también jesuitas, que en los siglos XVI y XVII, y bajo la influencia de la Teología y la Filosofía Escolástica de Santo Tomás de Aquino, se ocuparon de estudiar cuestiones relacionadas con la Ética, el Derecho y la Política. Los profesores salmantinos formularon interpretaciones renovadoras, particularmente en Teoría del Estado y Derecho Internacional o Ius Gentium, que regulaba las relaciones entre pueblos y seres humanos pertenecientes a diferentes naciones, todos ellos bajo unos mismos principios y derechos comunes de origen divino.

Las proposiciones de la Escuela de Salamanca sobre la relación existente entre los gobernantes y los gobernados, así como sobre los límites del poder respecto a los súbditos, tanto en los antiguos Estados como en los nuevos territorios americanos, se consideran hoy antecedente directo de la moderna formulación de los Derechos del Hombre y de la actual interpretación del Estado de Derecho.

Las ideas de la Escuela de Salamanca pronto trascendieron aquella Universidad e influyeron en el pensamiento social y político europeo, cuando la influencia neo-escolástica era aún muy importante. El tratadista a quien se considera cabeza de la Escuela de Salamanca fue Francisco de Vitoria (c.1483-1546), siendo asimismo miembros descollantes de ella sus discípulos Martín de Azpilcueta, Domingo de Soto y Diego de Covarrubias. Debe unirse a estos nombres los de una segunda generación, ya sin vínculos directos con Vitoria, en la que se integrarían, entre otros, el dominico sevillano Tomás de Mercado y los jesuitas Luis de Molina y Francisco Suárez, cuya docencia se impartió principalmente en Portugal, aunque todos ellos se formaron en Salamanca.

¿Por qué razón estos escolásticos, además de renovar las nociones de Ética, Política y Derecho, se preocuparon de cuestiones económicas? La respuesta que Marjorie Grice-Hutchinson da a esta cuestión es doble: por un lado, gracias a las ferias mercantiles, sobre todo de Medina del Campo, y al monopolio de Sevilla sobre el tráfico de metales y mercancías con las Indias, España se había convertido en un núcleo muy activo de la economía europea del siglo XVI. Por otro lado, los moralistas escolásticos analizaron la ética de los negocios, cuyos problemas más arduos trataban de desentrañar. Hay que subrayar que uno de los principales escritos de aquella escuela fue el Comentario resolutorio de cambios, de Martín de Azpilcueta, publicado como apéndice de un Manual de confesores y penitentes, y otra de aquellas obras, Tratos y contratos de comerciantes de Tomás de Mercado, intentó resolver las dificultades morales planteadas por la propiedad, el interés y los precios.

En el siglo XVI, el incremento de la oferta monetaria, debido a la llegada masiva de oro y plata hasta la Península Ibérica, y desde aquí al resto de Europa, trajo consigo una subida general y continua de los precios. A partir del concepto de precio justo de Santo Tomás de Aquino, entonces vigente, los moralistas se preocuparon por encontrar las razones de dichas alteraciones, no siempre fundadas en la codicia de los mercaderes.

Siguiendo a Larraz, Marjorie Grice-Hutchinson comprobó que algunas figuras de la Escuela de Salamanca, sobre todo Vitoria, Azpilcueta, Soto y Molina fueron los primeros en establecer una relación directa de causalidad entre la cantidad de dinero y el nivel de precios: el principal origen de la inflación es el exceso de dinero en circulación, dada la cantidad de bienes y servicios disponible a corto plazo.

Esta relación, conocida por teoría cuantitativa del dinero, fue formulada modernamente por el economista norteamericano Irving Fisher en 1911. Hasta mediados del siglo XX se consideró que su predecesor más remoto era el tratadista francés Jean Bodin, en 1568, pero gracias a Marjorie Grice-Hutchinson sabemos que el primero en formular dicha relación fue el tratadista español Martín de Azpilcueta, en 1556.

Grice-Hutchinson, basándose en Larraz, subrayó además cómo los autores de la Escuela de Salamanca, en su visión de los problemas monetarios, tuvieron en cuenta el mercado internacional. Según nuestra autora, así obtuvieron su logro más sobresaliente y original: anticipar en más de tres siglos la teoría de la paridad del poder adquisitivo, que el economista sueco Gustav Cassel formularía modernamente en 1918. Cuando hoy comparamos los salarios o los ingresos medios en Málaga, Nueva York o Londres, sabemos que no sólo hay que tener en cuenta el tipo de cambio entre el euro y el dólar o la libra, sino también los distintos niveles de precios, es decir, la diferente capacidad adquisitiva en una economía.

Marjorie Grice-Hutchinson, aunque señala las aproximaciones a esta teoría de autores como Domingo de Soto o el propio Martín de Azpilcueta, destaca sobre todos al sevillano Tomás de Mercado. Decía este último, en su obra Tratos y contratos de mercaderes (1569), que el dinero «en toda Flandes, en toda Roma, se estima más que en toda Sevilla, y en Sevilla más que en las Indias, y en Indias más en Santo Domingo que en Nueva España, y en Nueva España más que en Perú». Es decir, una misma unidad monetaria, sin variación de su contenido metálico y peso, valía en un lugar más que en otro, debido al diferente nivel de carestía. Y además, tales diferencias en el nivel de precios y en el valor real del dinero provocaban movimientos internacionales de caudales, hoy diríamos flujos de renta o de capital, y también de mercancías.

La publicación de esta investigación en Oxford, en 1952, que recibió reseñas de prestigiosos especialistas, parecía preludiar una brillante carrera de investigadora y docente en la Universidad británica. Pero un año antes, en 1951, nuestra autora sorprendió a sus compañeros universitarios dando un giro radical a su vida, al decidir casarse con el barón Ulrich von Slippenbach, ingeniero alemán residente en Málaga, para dedicarse a la agricultura y a las tareas familiares en el Sur de España.

El regreso a Málaga dio oportunidad a Marjorie para proseguir su labor altruista, ahora en su nueva finca, Santa Isabel, en el camino de Churriana a Cártama, donde ella y su marido crearon una escuela para 120 niños y niñas de la zona. Fruto de las anteriores experiencias son los libros A Málaga Farm, editado originalmente en 1956 y Children of the Vega. Growing up on a farm in Spain, en 1963. Sólo el primero de estos dos volúmenes tuvo traducción al español en 2001, con el título Un cortijo en Málaga y prólogo del profesor Juan Antonio Lacomba, una publicación que seguramente produjo una gran satisfacción a su autora cuando contaba con 92 años.

En sus páginas se describe la realidad social del campo malagueño a mediados del siglo pasado, desde el punto de vista de una extranjera que vivió en aquel mundo, hoy casi desaparecido. En aquellos años, Marjorie Grice-Hutchinson contaba con amigos muy próximos, tanto españoles como extranjeros residentes en Málaga, entre ellos Gerald Brenan y Gamel Woolsey, para cuyo libro El otro reino de la muerte, sobre los primeros meses de guerra civil en nuestra ciudad, escribió el prólogo de la edición española de 1994.

Pero nuestra autora estaba muy lejos de abandonar el mundo académico y la labor editorial e investigadora. En 1978 publicó en inglés El Pensamiento económico en España, 1177-1740, en el cual examina la influencia intelectual de la Escuela de Salamanca en otros países. En el mismo libro analiza la recepción de las ideas económicas de Platón y Aristóteles por los autores medievales cristianos, principalmente a través de filósofos andalusíes como el cordobés Averroes, y las distintas posposiciones de política económica de economistas españoles desde mediados del siglo XVI, hasta el siglo XVIII. Particularmente interesante resulta su análisis sobre el encubrimiento del interés cobrado por judíos, islámicos y cristianos, cuando dicha práctica era ilegal.

En 1979, la historiadora británica se incorporó al Departamento de Teoría e Historia Económica de la Universidad de Málaga (UMA), por invitación del Profesor Antonio Argandoña, con quien había coincidido en una reunión de la sociedad Mont Pelerin, importante grupo de pensamiento liberal creado por Friedrich Hayek en 1947. Desde aquella fecha y a lo largo de más de veinte años, Marjorie fue profesora extraordinaria de Historia Económica en la UMA y colaboró con otros investigadores españoles, como Enrique Fuentes Quintana, Ernest Lluch y Pedro Schwartz, y también con departamentos universitarios de Gran Bretaña, Alemania, Estados Unidos y Japón.

Entre 1980 y 2003 publicó más de 20 trabajos nuevos, exclusivamente de Historia del Pensamiento Económico, algunos de ellos recogidos por Larry Moss y Christopher K. Ryan en El pensamiento económico en España. Ensayos selectos de Marjorie Grice-Hutchinson, libro editado en inglés en 1993 y en español en 1995.

Algunos de sus últimos escritos sobre las aportaciones de la Escuela de Salamanca a la ciencia económica estuvieron inspiradas por el deseo de aclarar cuáles fueron sus propias fuentes de inspiración y qué autores antecedieron sus estudios, entre ellos Larraz, cuya memoria y trabajo siempre reivindicó. El profesor Schwartz, en un artículo escrito tras la muerte de la historiadora británica, destacó su claridad de exposición, cuidado en los detalles, despierta curiosidad y una modestia desacostumbrada en la vida académica española.

España tiene, sin duda, una enorme deuda intelectual con Marjorie Grice-Hutchinson. Pensemos que las ideas económicas de la Escuela de Salamanca habían quedado casi totalmente relegadas al olvido, una vez que la Filosofía Escolástica había dejado de ser predominante en Europa, a partir de la segunda mitad del siglo XVII. Y su rescate por los autores españoles de los años cuarenta del pasado siglo no tuvo el eco que merecían. La falta de comunicación intelectual —no digamos ya política— entre España y el mundo occidental durante el franquismo explican en buena medida esa postergación.

Por ello, la obra de Marjorie Grice-Hutchinson, difundida además en inglés y por prestigiosas editoriales británicas, fue y es fundamental para que nuevamente las interpretaciones económicas de Azpilcueta, Mercado y Molina volviesen a considerarse en el mundo científico. Por estas razones, en 1993 recibió el doctorado Honoris causa de la Universidad de Málaga, y un año después la misma distinción de la Universidad Complutense de Madrid.

Si España tiene una deuda con Marjorie Grice-Hutchinson, también la tiene Málaga, y no sólo intelectual. Basten mencionar las dos importantes donaciones que hizo a la Universidad de Málaga: su finca San Julián en 1984, convertida en la actualidad en Centro experimental botánico Grice-Hutchinson, y años después su rica biblioteca.

Quienes la trataron personalmente recuerdan su respeto hacia las ideas ajenas, así como su tolerancia y empatía con aquellos que la rodeaban. También su sentido del humor y una sencillez que quiso mantener hasta el final. Recuerdo el día de su funeral, una lluviosa tarde de abril de 2003, en la capilla de Saint George, del Cementerio Inglés, cuando la persona encargada de hacer su oración fúnebre reveló las indicaciones que la propia Marjorie había encomendado para aquella ocasión: «Que no sea muy larga; que no sea muy elogiosa; que no sea muy pía».

Allí quedaron sus cenizas, en un lugar de Málaga cercano al mar, rodeadas de los jardines y recuerdos que habían recibido su afecto. En el homenaje que la revista Cuadernos de Ciencias Económicas y Empresariales, de la UMA, le había dedicado en 1999, mi colaboración no fue un artículo científico, sino un poema sobre Robert Boyd, el irlandés caído junto a Torrijos, cuya sepultura dio origen al Cementerio Ingles de Málaga. La profesora Grice-Hutchinson, como hizo con todos los colaboradores del homenaje, me escribió una carta afectuosa en la que se refería a aquel hecho histórico. Quisiera acabar mi discurso de ingreso con los últimos versos de ese poema, cuyo sentido no sólo puede aplicarse a Boyd, sino a la propia Marjorie:

Que la inconsciente luz de quienes viven libres
proteja para siempre tu memoria.

Pedro Tedde de Lorca

Sras. y Sres. Académicos con D. Pedro Tedde de Lorca
al finalizar el acto de Toma de Posesión

TOMA DE POSESIÓN COMO ACADÉMICO CORRESPONDIENTE
EN MADRID DE Dº RAMÓN TAMÁMES GÓMEZ

  • Discurso de ingreso como Académico correspondiente en Madrid
  • «LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE EN RUSIA Y SUS CONSECUENCIAS A LO LARGO DEL SIGLO XX»
  • Laudatio de Dº Fco. José Carrillo Montesinos, Académico de Número
  • Salón de Actos. MUSEO RUSO DE MÁLAGA
    dentro del ciclo Octubre 1917. La invención del Futuro
  • Jueves, 8 de noviembre de 2017, a las 19:30 horas

Presentación por Francisco Javier Carrillo Montesinos
Vicepresidente 3º de la Academia Málaga

Excmo. Sr. Alcalde de Málaga, Excmo. Sr. Presidente de la Academia, Señoras y Señores Académicos, Señoras y Señores

Me ha correspondido, hoy, presentar al Excmo. Sr. Profesor Ramón Tamames con motivo de su ingreso en esta Academia como Académico Correspondiente en Madrid. La tarea es compleja. Resumir el intenso y prolífico itinerario del Profesor Tamames en el tiempo que me ha sido asignado es, sencillamente, imposible. Me veré obligado a recurrir a la telegrafía, intentando seleccionar lo que a mi modesto entender considero referencias significantes. Mi trabajo se complica sobremanera al tener que dedicar mi síntesis a uno de los últimos humanistas supervivientes en la actual España.

La Economía para el Profesor Tamames fue el pretexto para ampliar el arco de conocimientos y estar a la escucha atenta de la evolución de las sociedades en sus diversas facetas. También lo fue para sus alumnos, epígonos y lectores que, de la mano de su Estructura Económica, nos iniciamos en el conocimiento de la realidad de España y de su evolución en momentos en que la gran mayoría era profana en globalización, primas de riesgo, rescates y «hombres de negro». Con Tamames aprendimos a comprender la salida de la autarquía y con él nos introdujimos a tomar el pulso a la política económica y a los desafíos de la modernización. Ya estábamos prevenidos desde el 3 de agosto de 1962 cuando el Sr. Black, en nombre del Banco Mundial, trasladó al Gobierno español de la época el Informe sobre la Economía Española que realizó la Misión del entonces Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento. No fue cierto pues que no conocíamos en aquella época a los «hombre de negro» ya que de negro vino a España esa Misión del Banco Mundial, cuyo Informe sobre la necesaria modernización de la economía española y la ruptura definitiva de la continuidad de las tentaciones autárquicas fue de obligada consulta para muchos de entre nosotros, en particular para el joven Tamames, aspirante a la docencia ex cathedra, portador él mismo de una mochila de compromiso democrático personal. En esas fechas, ya el Profesor Tamames, tras su juventud en el Liceo Francés de Madrid, en donde se transmitían vientos de libertad, había pasado por las Facultades de Económicas y de Derecho, con ampliación de estudios en el Instituto de Estudios Políticos y en la London School of Economics. Y accedió por oposición, en 1957, a los Cuerpos de élite de Técnico Comercial y de Economista del Estado. En 1968 gana la Cátedra de Estructura Económica de la incipiente Universidad de Málaga y desde 1975, la de la Universidad Autónoma de Madrid. Siguiendo con la docencia, en 1992 fue designado por la Comisión Europea como titular de una Cátedra Jean Monet. Años más tarde, se le vería en los aledaños de los constitucionalistas de la CE78 y en los Pactos de La Moncloa.

Conocí personalmente al entonces Profesor Adjunto Ramón Tamames al invitarle a un Ciclo de Conferencias que organizamos en 1965 en el Colegio Mayor Pío XII de Madrid. En este ciclo debían participar otros destacadas personas de la burbuja democrática española como Aguilar Navarro, García de Enterría, Ruiz-Giménez, Manuel Jiménez de Parga, Laín Entralgo, Aranguren, Emilio de Figueroa, Monleón y Teófilo Pérez Rey. En el programa, por expresa sugerencia de Tierno Galván, no aparecía su nombre pues, según él, el ciclo habría sido suspendido. Y así lo fue. Sólo tuvo lugar la primera conferencia a la que, por cierto, asistieron como oyentes los más altos jerarcas del SEU (sindicato vertical de estudiantes): José Miguel Orití Bordás y Rodolfo Martín Villa. En la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, ahora lugar de encuentro con Ramón Tamames y otros amigos de aquellos tiempos, tuve la ocasión de rememorar con Martín Villa aquel ciclo suspendido por el ministro de Educación. Supe que hubo dudas en la prohibición, pues el Cardenal Herrera vivía en los aledaños de ese Colegio Mayor por él creado, cuando no estaba en Málaga, que estaba al corriente de la programación de esas conferencias.

Permítaseme una digresión provinciana, como paréntesis: En una de sus ediciones de Estructura Económica de España, el Profesor Tamames había «descubierto» que por aquellos años próximos al Informe del Banco Mundial, en un pueblo de la Provincia de Málaga, Villanueva de Cauche, se seguían manteniendo relaciones de producción feudales —lo que actualmente no es el caso—, hecho que sin duda alguna sorprendió a doctos y a profanos. Pero era una realidad medieval heredada por el marquesado de Cauche.

El Académico que hoy recibimos como Correspondiente en Madrid desarrolló y desarrolla una intensa vida poliédrica. Fue Diputado en Las Cortes Constituyentes de 1977 y firmante de la Constitución Española de 1978.

Una amplia actividad intelectual es transversal a toda una vida de docencia e investigación, imposible de recorrer por razones de tiempo. Baste con reiterar las numerosas ediciones de la Estructura Económica de España, libro que inició a muchos lectores en la realidad económica del nuestro País. A su actividad escrita, acompañó una importante colaboración en prensa escrita o en la radio, como las revistas Triunfo y Cuadernos para el Diálogo (donde coincidimos), EL PAÍS, del que fue fundador, Diario Madrid, Diario 16, ABC, El Mundo, Cadena COPE, Onda Cero, etc., manteniendo en la actualidad una colaboración regular en el digital «República de las Ideas».

El Profesor Tamames es Premio Jaime I de Economía, Ingeniero de Montes e Ingeniero Agrónomo de Honor en la Universidad Politécnica de Madrid. En 2003 se le concedió el Premio Nacional de Economía y Medio Ambiente, siendo Doctor Honoris Causa o Profesor Ad Honorem de varias Universidades.

Ha desarrollado una importante actividad internacional, desempeñando la Cátedra de Economía Española en la Sorbona de París y dictando conferencias en Harvard, Bruselas, London School of Economics, Berlín, Caracas, México, Bogotá, Lima, Buenos Aires, Sao Paulo, Argel, Manila, Papeete, Oxford, Nueva York, etc., habiendo sido Profesor Visitante en China y en Malasia.

En la década de los 70, asesoró el marco estratégico del Plan de Desarrollo de Panamá, dato que conocí durante mi primera misión en ese país a través del que fuera Ministro Fernando Eleta, persona de agudo espíritu empresarial, de origen malagueño, que era partidario de la nacionalización del Canal de Panamá, lo que ocurrió años más tarde.

El Profesor Ramón Tamames ingresó el 29 de enero de 2013 en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas con un Discurso sobre «Globalización y soberanía mundial. Un ensayo sobre la paz perpetua en el siglo XXI». La sesión fue presidida por S.M. la Reina Doña Sofía. Me cupo el honor intelectual de ampliar mis conocimientos siguiendo en esa Real Academia las numerosas intervenciones críticas del Profesor Tamames en los debates de Informes Académicos.

Deseo finalizar esta síntesis imposible refiriéndome a unos hechos que, por su actualidad, no merma en nada la profundidad de su pensamiento: un reciente intercambio de cartas entre el Profesor Tamames y el M.H. Artur Mas, ex Presidente de la Generalitat de Catalunya, que se puede consultar en Internet. A pesar de los lúcidos argumentos de nuestro hoy Académico Correspondiente en Madrid, no fue posible que imperase la razón. Esos argumentos ya los había expuestos en su libro de 2014, «¿Adónde vas, Cataluña?».

Me toca concluir esta presentación a guisa de Laudatio, impacientes todos por escuchar su Discurso: «La Revolución de Octubre en Rusia y sus consecuencias a lo largo del siglo XX».

Al felicitar a nuestro compañero de Academia, aún electo por unos minutos, manifiesto la satisfacción de todos los académicos y todas las académicas por su incorporación, seguros de la riqueza de sus aportaciones de las que tanto esperamos.

Francisco Javier Carrillo Montesinos

8 de noviembre de 2017

De izquierda a derecha: Dña. Rosario Camacho, D. Ramón Tamames, D. José Manuel Cabra de Luna y D. Francisco de la Torre

“LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE EN RUSIA Y SUS CONSECUENCIAS A LO LARGO DEL SIGLO XX”

Señoras y señores Académicos de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo de Málaga, señoras y señores, amigos todos:

Me siento muy honrado con la propuesta que se me hizo de ingresar en esta Docta Casa, y será un gusto dar lectura a mi discurso, al que espero responda el Académico Don Francisco Carrillo, sobre el tema de la Revolución Rusa de 1917 y sus consecuencias, en el siglo más denso de la Historia, desde 1917 a 2017.

Volviendo la vista ahora a algo más atrás, nos hacemos la pregunta de si habría sido posible evitar lo que ahora llamamos Primera Guerra Mundial (PGM).

¿Fue inevitable la PGM?

Al respecto, es preciso recordar cuál era la situación de prepotencia de Alemania hace poco más de un siglo, que llevó al enfrentamiento del II Reich con el Imperio Británico. Un choque que tal vez habría sido evitable, de haberse aceptado lo que se preconizó en el Crowe Memorándum de 1907 —muy enfatizado por Kissinger— sobre lo que podría haber sido un posible entendimiento Londres/Berlín.

La unificación de Alemania por Bismarck en 1871 como II Imperio, el Deutsches Reich, se convirtió en una gran potencia de aspiraciones mundiales en términos económicos, políticos y científicos. Todo ello, en una línea parecida a la que China supone hoy, cuando está en trance de sobrepasar un día a EE.UU. en PIB y en otras facetas.

Eyre Crowe, funcionario del Foreign Office en Londres, pensaba que ese gran conflicto potencial podría producirse por la aspiración a la hegemonía mundial en la primera década del siglo XX, entre británicos y germanos. Resultaba algo verosímil, de continuar el progreso alemán para contar con un poderoso ejército y una formidable marina de guerra. Y por ello mismo, porque se veían crecer esos propósitos, surgió la alianza francorrusa de 1904, a ambos costados germanos; a la que de hecho se unió Londres vía su Entente con París, a raíz de las muestras de simpatía alemana hacia los descendientes de holandeses en la guerra de los británicos contra los Boers en Sudáfrica (1899-1902).

En tales circunstancias, en 1907, Eyre Crowe escribió su notable Memorándum, entendiendo que las manifestaciones oficiales anglo-germanas de que se iba a mantener la paz en cualquier caso, no eran ninguna garantía real de nada. Y a ese respecto, la propuesta de un entendimiento pacificador era bien pertinente: cooperación previa anglo-germana para soslayar lo que podría ser un gravísimo enfrentamiento bélico.

Crowe no era persona muy renombrada, pero conocía bien la situación, desde ambos lados del problema. Nacido en Leipzig, de padre británico, diplomático, y de madre alemana, se trasladó a Inglaterra con sólo diecisiete años, y desde allí, ya con su mujer, de origen alemán, mantuvo estrecha conexión cultural y familiar con todo lo germano1

Así las cosas, fue en enero de 1907 cuando produjo el no solicitado Memorandum de Eyre, On the present state of British relations with France and Germany (Memorándum del actual estado de las relaciones británicas con Francia y Alemania)2. En la idea de que Alemania era una amenaza, en busca del poder total contra Inglaterra; como había sucedido, en otros tiempos, con Felipe II, Luis XIV y Napoleón.

El entonces secretario del Foreign Office, Sir Edward Grey, encontró el Memorandum Crowe de lo más valioso, y lo transmitió al Primer Ministro, por entonces Henry Campbell-Bannerman, sin que éste llegara a leerlo y aún menos a discutirlo.

Según Crowe, la cooperación entre Alemania y el Reino Unido para soslayar un choque frontal, había de seguir un proceso negociador entre los dos potenciales antagonistas. Un trance en el que Londres habría de tener la parte más difícil, pues, en lo que aparentemente no podía ser sino un juego de suma cero, el Reino Unido habría de ceder frente a Alemania en una serie de temas; en busca de un equilibrio definitivamente disuasorio de ulteriores enfrentamientos.

Pero el Memorándum fue ignorado, la diplomacia quedó por entero relegada, y todo se deslizó a la gran confrontación de 1914, Primera Guerra Mundial (PGM), con las desastrosas consecuencias que se conocen.

Esa ignorancia oficial del Memorándum fue de lo más normal en el ambiente de la época: era resultado de la dialéctica del momento, de lucha de contrarios, en una etapa en que el capitalismo, desde la óptica leninista, estaba en su más alto estadio: el imperialismo3. Un contexto en que la racionalidad no podía frenar la lucha por la hegemonía.

El 31 de julio de 1914, el apóstol en pro de salvar al mundo de la guerra, negándose los trabajadores a ir al frente, el socialista francés Jean Jaurés, fue asesinado por los belicistas4. Lo que ya había sucedido con los archiduques de Austria-Hungría semanas antes en Sarajevo (28 de junio de 2014).

Más de un siglo después de aquellos episodios, cabe hablar de un Memorándum Kissinger, inspirándose en el de Crowe, dejando claro que EE.UU. no puede intentar volver a cercar y aislar a China; y que, por su parte, la República Popular debe renunciar a cualquier idea de expulsar a EE.UU. de Asia y el Pacífico. Y de ahí la advertencia del antiguo Secretario de Estado de EE.UU., de negociar Pekín y Washington, lo antes posible, porque dentro de 15 o 20 años China podría tener el tamaño doble de EE.UU. en términos de PIB5.

La utopía roja irrealizada:
revoluciones en Rusia,

La Primera Guerra Mundial (PGM) podría haberse evitado, pero no fue así y por ello el capitalismo y el mundo cambiaron. Por lo cual, entramos en nuestro análisis sobre El capitalismo: el gato de siete vidas, en el que reseñaremos lo que fueron episodios sucesivos, los primeros de ellos, los resultantes de la PGM: las dos revoluciones rusas de 1917: la de Kerenski, burguesa, en febrero; y la de Lenin (bolchevique) en octubre (siempre según calendario ruso juliano y no gregoriano como en Occidente). Esos avatares, y sobre todo el segundo, se presentaron entonces como la materialización de las profecías de Marx, de que la revolución al socialismo llegaría un día. Pero veamos qué pasó realmente.

Lejos de la idea de Marx, la revolución al socialismo no se produjo en los países desarrollados, sino en el Imperio Ruso, que en 1917 era el mayor de todos los países del mundo, y que por su población ocupaba el tercer puesto mundial, después de China e India; siendo la quinta potencia económica, detrás de EE.UU., Reino Unido, Alemania y Francia.

La situación del zarismo

En desarrollo comparativo, la Rusia zarista se situaba muy por detrás, con rasgos de un fuerte dualismo económico y social: vestigios del antiguo régimen de servidumbre en el campo, junto a una fuerte concentración capitalista industrial en Petrogrado y Moscú; y un régimen políticamente autocrático y despótico, e incluso con influencias teocráticas identificadas en el omnímodo Rasputín, el pope próximo a la zarina. Lo cual no fue óbice para que estuviera en curso en Rusia un crecimiento industrial importante, con gran volumen de exportación de productos agrícolas.

En cualquier caso, la estructura oligárquica, y la organización deficiente de tan inmenso Imperio —«el gigante de pies de barro»—, se pusieron de relieve en la contienda iniciada en 1914: los reveses militares ante Alemania, el desmoronamiento de la producción y el caos social resultante, se tradujeron en una primera onda revolucionaria en febrero de 1917, que destronó a los zares. Pero el líder emergente, Alexander Kerenski, no ofreció las dos cosas que el pueblo más anhelaba: la paz con Alemania y la entrega de la tierra a los mujiks, los campesinos más pobres.

Precisamente, al frente de esas dos reivindicaciones se situaba, como grupo más disciplinado y con mejor organización, el partido de Lenin, Trotski, y otros dirigentes, como Kamenev, Zinoviev, Stalin, Kalinin, Molotov, Voroshilov, Bujarin, etc. Un elenco de los bolcheviques6 que fue el motor que en la madrugada del 25 de octubre de 1917, recordemos que en el calendario juliano ruso, dio el definitivo asalto al poder en Petrogrado, constituyéndose lo que, teóricamente, iba a ser el primer Estado socialista de la historia.

Desde el punto de vista económico, la nueva situación se complicó con la guerra civil que estalló casi de inmediato a lo largo y ancho del gran ex Imperio Ruso, en 1918, por el ataque al nuevo gobierno bolchevique de los partidarios de seguir con el zarismo o con Kerenski; apoyados por la intervención armada de tropas europeas occidentales y de EE.UU.

El comunismo de guerra

Se abrió así un periodo que en lo económico y social pasó a conocerse como el comunismo de guerra, que se prolongó hasta marzo de 1921; con la proclamación del trabajo obligatorio, la entrega de la tierra a los mujiks, y confiscación por el nuevo Estado de los bienes de la oligarquía y la burguesía, con la estatificación de la industria. Todo ello, con gran energía por parte de los bolcheviques, para no perder sus conquistas revolucionarias.

Cierto que durante el comunismo de guerra, ya hubo algunos primeros intentos de planificación, a través de la Vershenka o «Consejo Supremo de la Economía Nacional»; creado el 25 de octubre de 1917. Pero sus efectos se vieron diluidos en los agitados acontecimientos de esos años de lucha revolucionaria, con convulsiones de todo tipo y de general devastación, en muchos casos en la extensión más patética del hambre, las ciudades menos pobladas que en 1914, la contracción del número de obreros, y de una masa campesina sin apenas medios de producción.

En semejantes circunstancias, los sacrificios que soportaron los propios soldados, obreros y campesinos (la tripleta del partido bolchevique), provocaron el descontento antirrevolucionario; no sólo en las zonas rurales, sino también en las ciudades, e incluso en la Marina de Guerra que antes se había sublevado contra la oficialidad zarista. Así, en la base naval de Kronstadt, la marinería se revolvió contra la revolución, con la represión por Trotski, el propio creador del Ejército Rojo.

La Nueva Política Económica (NEP)

En tales circunstancias, Lenin pensó que la revolución se le iba de las manos, y resolvió adoptar medidas urgentes, que se formularon con una Nueva Política Económica, la NEP. De ella, Vladimir Illich fue el líder indiscutido, sin hacer caso de quienes querían continuar con la experiencia de comunismo de guerra, que seguramente habría llevado al desastre. Así, contra viento y marea, se produjo el gran cambio: las incautaciones de tierras se sustituyeron por un impuesto en especie a los grandes propietarios, se favoreció el renacimiento de la pequeña industria, se abrió el país a las inversiones extranjeras, etc. Se restableció, en parte, el capitalismo, y la inflación se detuvo mediante la emisión de la nueva moneda soviética.

Esa NEP, que en parte toleraba un cierto retorno de la burguesía, recibió sus primeras críticas inmediatamente después de la muerte de Lenin (21.I.1924). Trotski y Preobrazhensky pusieron de relieve que estaba beneficiándose demasiado a los comerciantes y a los kulaks (los agricultores más ricos), corriéndose así el riesgo de generar, con los nuevos industriales, una nueva burguesía, la de «los hombres de la NEP». Al propio tiempo, las críticas se cebaron en el lento esfuerzo de industrialización, necesario para mantener el nuevo régimen frente a amenazas exteriores; y para apoyar la previsible revolución mundial, que como idea iba desvaneciéndose, tras los efímeros experimentos de agitación obrera en Alemania, Austria y Hungría, para sustituirse por el lema del «socialismo en un solo país».

Por su aspiración inmediata de romper con la NEP, Trotski y Preobrazhensky, antiestalinistas destacados, fueron expulsados del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) en noviembre de 1927. Y a partir de su artículo en La Pravda, «La NEP, al diablo», Stalin acumuló todos los poderes, en un ambiente en que la auspiciada dictadura del proletariado estaba materializándose en la dictadura personal del secretario general del partido.

De la NEP se transitó, pues, sin más vacilación a los planes quinquenales, a cargo del Gosplan (Plan del Gobierno). El primero de ellos, aprobado en mayo de 1929, cuando ya se había alcanzado el nivel de producción de preguerra, de 1913. Y en diciembre del mismo 1929 fue decidida la liquidación de los kulaks no sólo como clase, sino incluso físicamente, con la colectivización agraria a base de koljoses (granjas colectivas) y sovjoses (del Estado).

La deriva soviética tras la NEP: estatificación, colectivización y planificación central

Con los planes quinquenales y lo demás que siguió, el poderío soviético creció, pero el problema básico de la revolución fue su agotamiento progresivo por la falta de espíritu innovador en el PCUS: que supo desmontar, cuando era bolchevique, el capitalismo zarista, para crear, sin embargo, un capitalismo de Estado, en vez de ir a la verdadera socialización. Y que no llevó a nadie al reino indefinido de la libertad, preconizado por Marx, como sustitución del reino indefinido de la necesidad. Ni se pretendió realmente cumplir la gran máxima marxista: «de cada uno según su capacidad, a cada uno según sus necesidades».

Por el contrario, el nuevo Estado soviético se convirtió en una inmensa máquina de explotación del proletariado, de manera que la plusvalía que se le detrajo con los planes quinquenales, fue el motor del crecimiento económico sin libertades; por obra y arte del leninismo con su tiránico centralismo democrático. No se dio a luz la presuntamente anhelada sociedad, igualitaria, sin clases, sino que fueron consolidándose castas de burócratas, jerarcas del Partido, jefes del Ejército, etc.; que se cooptaban entre sí para los puestos clave, sin someterse al duro juicio de una crítica democrática, ni siquiera de los soviets, convertidos en instrumentos del poder automático del estalinismo.

Cualquier vestigio del sueño de cambio político ensoñado por John Reed en su libro Diez días que estremecieron al mundo<7, se perdió; para despertar a la triste realidad de una sociedad, reprimida, militarizada, y en sus últimos tiempos gerontobucratizada. En la cual la vida cotidiana era escenario de carencias generalizadas; con un régimen de policía secreta y terror, se llamara Checa, NKVD, o KGB.

Por lo demás, en la década de 1930, se organizó por Beria, desde la represión, el teatro político de los letales procesos de Moscú, para la purga de antiguos bolqueviques contrarios a Stalin. Y después llegaron los GULAGS, presidios estalinistas para los sediciosos, denunciados por el propio Kruchev en el XX Congreso del PCUS (1956), y posteriormente por Pasternak8

¿A qué se redujo, pues, la revolución rusa de octubre, según la rápida síntesis que estamos haciendo? La idea del paraíso del proletariado fue desvaneciéndose, por mucho que el stalinismo tuviera su indudable momento de gloria, durante la Segunda Guerra Mundial (SGM), con la gran victoria de Stalin sobre Hitler. Pero terminados los efectos de ésta, se llegó a un nuevo hundimiento, en un iter que Arthur Koestler diseccionó de mano maestra en su libro El cero y el infinito9. En definitiva, el stalinismo y los popes del marxismo-leninismo arruinaron definitivamente la visión revolucionaria de 1917. Así las cosas, es posible formular la idea de que el socialismo científico pensado por el filósofo de Treveris, acabó siendo el más utópico de todos, con un repertorio de brillantes promesas que nunca se hicieron realidad.

Con una visión evocadora de 1917, se sienten aún las vibraciones de lo que fue un verdadero Big Bang político: las luchas obreras que siguieron en Occidente a la revolución bolchevique, y que ayudaron a generar un capitalismo reformado, más viable que el de antes. En ese sentido, cabe preguntarse si no fue la revolución de 1917 la que abrió la senda en Occidente a un estado de bienestar con la profundización de las reformas iniciadas en 1885 por Bismarck con la Seguridad Social en Alemania, y las nuevas mejoras suscitadas por economistas como Marshall y Pigou10. Y en gran medida por Beveridge en 1943, según veremos. Pero todo eso ya es otra historia.

Gracias.

Ramón Tamames Gómez

Málaga, 8 de noviembre de 2017

De izquierda a derecha: d. Francisco J. Carrillo, Dña. Rosario Camacho, D. Ramón Tamames, D. José Manuel Cabra de Luna, D. Francisco de la Torre, D. Marion Reder, D. José María Luna y D. Pedro Rodríguez Oliva. (Imagen: Ayuntamiento de Málaga)

NOTAS Y BIBLIOGRAFÍA

1 Michael L. Dockrill y Brian J.C. McKercher, Diplomacy and World Power: Studies in British Foriegn Policy, 1890+1951, Cambridge University Press, 1996, p. 27.

2 Puede leers en https://en wiki source.org / wiki / Memorandum_on_the_Present_ State_ of_ British_ Relations_ with_ France_ and_ Germany

3 V.I. Lenin, Imperialismo: la fase superior del capitalismo, Taurus, Madrid, 2012.

4 El trágico episodio se evoca en la gran novela de Roger Martin du Gard, Los Thibault (versión española Alianza Editorial, Madrid, 1974), con una interpretación de la Primera Guerra Mundial que le valió al autor el Premio Nobel de Literatura de 1937.

5 Verbalmente en el Discurso, haré alguna referencia a la tesis del Prof. Allison sobre «la trampa de Tucídides y la PGM».

6 Así llamados, porque en una célebre votación del Partido Social Demócrata Ruso (precedente del Partido Comunista), los partidarios de Lenin quedaron mayoritarios, que es bolchevique en lengua rusa.

7 Ten days that shook the World, BONI & Liveright, Inc., USA, 1919.

8 Boris Pasternak, Doctor Zhivago, Noguer, Barcelona, 1958, y Alexandr Solzhenitsyn, Archipiélago GULAG, Editorial Tusquets, 2015.

9 Darkness at noon, Macmillan Publishers, Reino Unido, 1940.

10 A. Marshall, Principios de Economía (8.ª ed.), versión española, Aguilar, Madrid, 1948. A. C. Pigou, La economía del bienestar, versión española, Madrid, 1946, págs. 9 y sigs. Todas las teorías del bienestar se hallan hoy relativizadas por nuevos planteamientos sobre el nivel de vida, condiciones de vida, medio ambiente, bienestar económico neto, etc.

PREMIOS MÁLAGA DE INVESTIGACIÓN 2017

La Real Academia de Bellas Artes de San Telmo y la Academia Malagueña de las Ciencias, en un esfuerzo conjunto en pro de la cultura de la provincia, han recuperado, gracias al patrocinio y generosidad de la Fundación Málaga, los Premios Málaga de Investigación 2017. Nace así la Tercera Época de estos prestigiosos galardones en dos modalidades: Humanidades y Ciencias.

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OCTUBRE 1917. LA INVENCIÓN DEL FUTURO

Real Academia de Bellas Artes de San Telmo
Colección del Museo Ruso San Petersburgo/Málaga

Programa completo de actividades del ciclo Octubre 2017. La invención del futuro.

Cien años transcurridos desde aquellos diez días que conmovieron al mundo deberían ser suficientes para poder mirar muchas de las múltiples facetas de la Revolución rusa un punto más allá de las ideologías, pero lo cierto es que la sombra de aquella época, a la par titánica y terrible, no ha dejado de caer sobre nosotros: la mera mención de aquel octubre provoca aún alineamientos automáticos y dispara la repetición de consignas.

En las, por tantas razones, convulsas circunstancias actuales, las instituciones culturales han de aportar sobre ese pasado cercano una mirada y un análisis desapasionado, generando un sosiego que permita abordar con rigor el estudio del que fuera uno de los acontecimientos más decisivos del siglo anterior y que certificara la defunción del orden mundial vigente.

En el espíritu de cooperación que debe presidir siempre las políticas culturales, la Colección del Museo Ruso de San Petersburgo / Málaga y la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo han unido esfuerzos para presentar un repertorio notable de diferentes visiones de expertos no solo en la circunstancia histórica sino también en el cine, la literatura, las artes plásticas o la arquitectura de aquellos cruciales años; sin olvidar una singular invocación a la música.

José Manuel Cabra de Luna
Real Academia de Bellas Artes de San Telmo
Presidente

José María Luna Aguilar
Colección del Museo Ruso San Petersburgo/Málaga
Director
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FRANZ LISZT Y SU CONCIERTO EN MÁLAGA EL 12 DE MARZO DE 1845

  • Manuel del Campo y del Campo
  • Publicado en la sección 03 Colaboraciones de Académicos © 
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C

uenta un biógrafo de Franz Liszt (1811-1886), que entre 1843 y 1845 viajó a Varsovia, Cracovia, Stuttgart, Karlsruhe, Marsella, Madrid y Lisboa, así como entre sus recitales al piano era agasajado y teniendo «amante tras amante». Por supuesto que él se entregaba a su arte, aunque también era sensible a las pasiones que suscitaba su personalidad. En aquel año de 1845 realizó una gira por España y Portugal, viene a Sevilla y se identifica con la capital hispalense. «Durante los diez días que acabo de pasar en Sevilla —escribe Liszt— no he dejado transcurrir un solo día sin venir a hacer una humildísima corte a la Catedral, ¡epopeya de granito, sinfonía arquitectónica, cuyos acordes eternos vibran en el infinito! No pueden hacerse frases sobre semejante monumento. Lo mejor sería, si uno pudiera, arrodillarse allí con fe ciega o cernirse con el pensamiento a lo largo de estos arcos y de estas bóvedas para las cuales parece no existir ya el tiempo».

 


Franz Liszt (1811-1886)

La Málaga del siglo XIX ofrecía una gran variedad en las salas —locales cerrados y en verano al aire libre— que ofrecían, si no con periodicidad, al menos sí esporádicamente, conciertos y recitales, aprovechando tanto las giras de notables artistas como la afición y voluntad de distinguidos aficionados locales. Así resulta obligado mencionar además del Teatro Principal, del Príncipe Alfonso, (más tarde Cervantes), el Salón de la Fonda de los Tres Reyes, los Jardines del Coto (Campos Elíseos), la Fonda de Oriente, el Jardín de Natera, el Hotel Londres, San Telmo, la Fonda de la Victoria, el Casino Malagueño, el Círculo Mercantil, el Conventico y el Liceo con su famosa sala y el salón de verano preparado en el patio, que se inauguró el 4 de julio de 1868. En el citado Salón de la Fonda de los Tres Reyes fue donde Franz Liszt, al llegar a Málaga en el transcurso de su gira española, tocó el piano el 12 de marzo de 1845, concierto en el que también tomó parte el barítono Ciabatti. Por cierto, al concluir sus actuaciones el pianista y compositor húngaro, ese verano por España y Portugal, viajó a Bonn para cerrar una empresa cara a su corazón como era la inauguración del monumento a Beethoven, en el cual dirigió la Quinta Sinfonía, tocó el concierto El Emperador y estrenó una Cantata Festiva para coro y orquesta compuesta para la ocasión.

Volvamos a Liszt en Málaga. Tengo a la vista el número 20 —fecha 16 de marzo de 1845— de La Amenidad, periódico semanal de Literatura, Modas y Teatro, que en su sección Ramilletes se ocupa del Concierto del señor Liszt extensamente. Dice lo que sigue:

«Hay constelaciones, cuyo fulgor produce al mortal una impresión imposible de ser descrita por plumas humanas, pues sería necesario para ello hallarse dotado de la sabiduría del mismo Ser que la formó: así también hay talentos privilejiados, cuya profundidad no es dado calcular a quien carezca de aquella inteligencia, de aquella exquisita sensibilidad del mismo que los posee. Sin embargo, por un sentimiento instintivo nos agrada lo bueno, nos sorprende lo admirable y nos arrebata lo sublime; ahora bien, ¿qué más bueno, qué más admirable y qué más sublime que oír un piano pulsado por las manos del inimitable Liszt? ¿Quién permanecerá tranquilo e impasible oyendo melodías tan dulces, tan suaves y tan fascinadoras, que únicamente podrían compararse al célico coro que entonan los ánjeles para tributar alabanzas al Criador?

Pero una vez que el eminente pianista ha sido ya puesto en su verdadero lugar por la prensa europea, limitémonos nosotros a hacer el análisis del concierto que dio en la noche del 12 del actual en el llamado Salón de la Fonda de los Tres Reyes; por cierto que no podemos resistir al deseo de manifestar que cuando entramos en dicho local, sabiendo ya lo que íbamos a oír y notando la mezquindad y mal gusto del mueblaje, sin saber por qué recordamos la conocida fábula de El gallo y la margarita.

Llegó el deseado momento de ver sentado en su trono artístico al rey de los pianistas, cuyo trono lo constituía una silla de palo tan ordinaria y maltratada, que ni en Churriana ni en un cortijo podían haberle ofrecido otra menos digna de él; pero a bien que tuvieron la precaución de cubrir el asiento con un cojín de badana, horadado en su centro, tan mugriento y deteriorado que nos dio margen a pensar que el uso al que estaba destinado en la fonda era… otro muy distinto.

Mas todo lo olvidamos cuando empezamos a oír el melodioso canto del primer andante de Guillermo Tell, ejecutado con tal exactitud, con tanta verdad, que nos creímos transportados a las montañas de Suiza; y ya nos parecía escuchar el silbido del viento en las altas colinas; ya su ronco rumor al estrellarse en las cóncavas rocas, ya el apacible canto de las aves, ya el leve murmullo de las hojas de los árboles azotadas por la bulliciosa brisa, ya el horrísono bramido de las olas del torrente, y ya, en fin, los ruidos todos de la naturaleza entera, imitados por las diferentes y entendidas pulsaciones del sin par pianista. Empero lo que más llamó nuestra atención fue el carácter misterioso, al propio tiempo que enérjico, con que vistió el último allegro, imitando en él con la mayor verdad, tanto el entusiasmo popular de la conjuración como el susurro de las secretas conferencias de los conjurados.

Concluida la obertura en medio de una estrepitosa salva de aplausos, se presentó el Sr. Ciabatti y cantó un aria de El bravo con buen gusto y buen método, prodigándole también el público merecidos aplausos.

Siguió a esta una fantasía sobre motivos de la Norma, ejecutada por el Sr. Liszt, que nos dejó sumamente complacidos, si bien es cierto que creímos advertir que los cantabiles, en que tanto abunda esta ópera, eran sacrificados algunas veces a la brillantez de la ejecución; defecto, si defecto puede llamarse, muy disculpable cuando se ve compensado de tal manera.

En la segunda parte la pieza en que más brilló el Sr. Liszt y en la que más bien hizo lo general de sus conocimientos musicales, fueron unas fantasías húngaras, que por su originalidad y bravura, como también por su dificilísima ejecución, arrebataron a los espectadores.

Seguidamente volvió a presentarse el Sr. Ciabatti, y no pudimos menos de extrañar que siendo un barítono, de no grande estensión por cierto, escojiese un aria de tenor de un canto spianatto tan marcado como la de Roberto Devereux, teniendo tantas y de tanto lucimiento donde elegir y poder ostentar su buena escuela y método, sin sacrificar al transporte la brillantez y filosofía de los cantos. Sin embargo, la desempeñó con bastante gusto y espresión, si bien no estuvo todo lo afinado que debía en el principio del andante, y todo lo enérjico que era de esperar en las cadencias de la cavaletta.

Pero volvamos a Liszt, volvamos al alma del concierto. La galop cromática, última pieza que tocó dicho señor, es una de aquellas que reúnen a la originalidad del pensamiento la dificultad de la ejecución; mas a pesar de éste fue desempeñada con igual facilidad, maestría y aplomo que todas las demás.

Más quisiéramos decir al ocuparnos de tan celebre artista, pero para ello era necesario ser otro Liszt, y Liszt no hay más que uno.»

8,7 CM Y LOS PADECIMIENTOS DE LA LUZ. UNA INTRODUCCIÓN A LA OBRA DE DANIEL BUREN

  • José Manuel Cabra de Luna
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La obra de Daniel Buren ha irrumpido inopinadamente y con fuerza en nuestra ciudad de Málaga, hasta el punto de configurar una cara de su actual y polifacética imagen cultural. La llegada del Centre Pompidou Málaga, la creación de una obra específica para el cubo acristalado que remata la cubierta de ese gran espacio del arte sumergido en el corazón de la roca y la celebración de una extraordinaria exposición, en la que se ha servido de las tecnologías más recientes, han convertido a Buren en un artista muy cercano a los malagueños y a los visitantes de nuestra ciudad.

Algunas reflexiones que quizá nos ayuden a contextualizar su obra

En su agudo y escasamente prescindible opúsculo titulado DANIEL BUREN La postpintura en el campo expandido1, Javier Hernando Carrasco se refiere a la visión, casi una iluminación, que el artista tuvo en el mercado de Saint Pierre de París, en 1965 y en el que encontró «una tela rayada de bandas blancas y de color de las mismas dimensiones —no sé si se trató de un hallazgo casual o fue buscado— que respondía al concepto pictórico que estaba persiguiendo, o sea, un módulo inexpresivo, siempre de las mismas dimensiones: las franjas tienen 8,7 cm de ancho, y de factura industrial». Y sigue diciéndonos el autor citado: «La propuesta era más radical que la minimalista, aunque compartiese con ella la neutralidad, la autorreferencialidad y el desplazamiento del eje conceptual al entorno. La pintura se convierte, por tanto, en elemento contextual».

Guillermo de Aquitania, IX Duque de Aquitania y VII Conde de Poitiers, nacido en 1071, escribió un poema que supuso un auténtico revulsivo en la poesía trovadoresca. Su primera estrofa ha merecido ser intensamente recordada en la tradición literaria de Occidente y la transcribo, por su belleza y sonoridad, en la lengua originaria en que fue compuesta y en su traducción al castellano:

I.

Farai un vers de dreit nien:
non er de mi ni d’rauta gen,
non er d’amor ni de joven,
ni de ren au,
qu’enans fo trobatz en durmen
sus un chivau.

Haré un poema de la pura nada.
No tratará de mí ni de otra gente.
No celebrará amor ni juventud
ni cosa alguna,
sino que fue compuesto durmiendo
sobre un caballo.2

Esta voluntad de crear sobre nada, esa autorreferencialidad de la obra de arte, pero que se asienta en una firme vocación de escribirla, nos hace considerar que el artista además de la voluntad de crear (no puede dejar de hacerlo) no quiere re-crear algo, sino que el propio hacer el poema se convierte en el objeto de éste. En una primera impresión podría afirmarse que la actualidad de la propuesta (frase que uso en un sentido lato) es absoluta, pero lo cierto es que la tentación de la nada, del silencio, del vacío goza de una extraordinaria tradición en el arte y el pensamiento tanto de Occidente como oriental y recorre los siglos con un anhelo de totalidad partiendo de un desasimiento profundo.

Daniel Buren anduvo desde sus comienzos como artista tras la búsqueda de que esa privilegiada vía de conocimiento que es el arte le condujese, a través del desprendimiento de significados, de un paulatino y constante quitar capas a la cebolla del decirse, le condujese —digo— a incidir en el tuétano de la manifestación artística. Limpiando al objeto de arte de historia, de significación y de subjetividad, convirtiéndolo en neutro desde su origen.

Angelus Silesius, conocido en el siglo como Johannes Scheffler (1624-1677), en su radical obra titulada El peregrino querúbico, construida en su mayor parte con penetrantes aforismos, escribió:

III. La divinidad es una nada

La sutil divinidad es una nada y menos

[que nada.

Hombre, ¡créeme!, quien ve nada

[en todo éste ve.3

Nishida Kitarö (1879-1945), uno de los tres filósofos conformadores de la Escuela de Kyoto, ese movimiento del pensamiento japonés que, desde el campo epistemológico ineludible de su propia orientalidad, se acercó al pensamiento de Occidente y que ha servido para confrontar conceptos y aunar significados ocultos en muchos de ellos, escribió: «Creo que podemos distinguir a Occidente por haber considerado el ser como el fundamento de la realidad y a Oriente por haber tomado la nada como el suyo»4. Personalmente estimo que el horizonte que se dibuja desde esa afirmación tiene mucho que ver con actitudes cercanas a la pretensión de un artista que, como Buren, «quería hacer tabula rasa de la pintura y del sistema del arte». Podría decirse que la aspiración es que el ser resulte de la profundización en una nada no equivalente a la ausencia, una nada que no es vacío sino que es creadora.

El gran poeta español José Ángel Valente (1929-2000), en un texto titulado Cinco fragmentos para Antoni Tàpies, perteneciente al libro MATERIAL MEMORIA5, en afirmación que ha devenido en feliz apoyatura conceptual para la labor calificadora de buena parte de la crítica, escribió:

II

Ut pictura

Mucha poesía ha sentido la tentación

[del silencio. Porque

el poema tiende por naturaleza

[al silencio. O lo contiene como

materia natural. Poética: arte de

[la composición del silencio.

Un poema no existe si no se oye, antes

[que su palabra,

su silencio.

Pero ¿qué es el silencio en pintura? ¿Acaso no tiene la naturaleza de espacio constitutivo de la obra plástica? Sin duda es así, pues un cuadro no nos habla desde el lenguaje verbal o utilizando signos gramaticales (aunque algunos artistas los utilicen como elementos de composición: Jasper Johns, Mel Bochner o Glenn Ligon, pongamos por caso). La pintura, como la poesía, es el arte de componer el silencio, que no es (como aquella nada referida) la ausencia, sino la otra cara, necesaria, de la música; la que la hace posible. De esa misma forma, el silencio de la obra plástica, llevado a su última radicalidad, se configura como su materia compositiva originaria.

El arte del siglo XX supuso una ruptura tal con cuanto le precedía que, en buena parte ,abandonó prácticas usuales para tornarse a reflexionar sobre sí, a pensar sobre cómo se piensa el arte y sobre todo, qué es pensar el arte; indagando así en la obra a partir de las estructuras internas, materiales e inmateriales, conformadoras de la propia obra. Al grado cero de la pintura (y esta es una frase a la que acudiremos a lo largo de este artículo) parecía haberse llegado ya en 1914 con la radical obra Composición suprematista: blanco sobre blanco de Kasimir Malévich. Le seguirían, pocos años más tarde, Cuadrado negro, Cruz negra y Círculo negro (todos ellos de 1923). ¿Podía la pintura, el arte en general, ir más allá aún? ¿No había tocado su propio fondo, reduciéndose casi a la nada? Pero sí, aún habría de ir más allá, mucho más allá, pues en Malévich existe todavía textura de los materiales, leves variantes de color, creación de armonías cromáticas sutiles y casi imperceptibles, pero reales, y queda un eco de la mano del artista; aún se hace presente una cierta artesanía en la factura de la obra como consecuencia de la manualidad directa del autor.

En Buren todo eso queda atrás. Hemos dicho anteriormente que andaba a la búsqueda de un «módulo inexpresivo» pues, haciendo tabula rasa, es como superaría las adherencias y connotaciones subjetivas de la obra artística. Sus bandas industriales (telas para toldos o similares), en las que el artista no intervenía sino para usarlas como módulos plásticos, sí suponían un paso más allá. Y eso ocurría cincuenta años después del cuadrado blanco de Malévich, cuando ya creíamos que el del ucraniano era un umbral infranqueable. Cierto es que al comienzo de que Buren usara la tela rayada pintaba con pintura blanca la parte blanca de la tela, dejando inalterada la parte de color. Pero esa reminiscencia del oficio de pintar quedaría prontamente relegada.

Obra de bandas blancas y negras de Daniel Buren

Mas esa búsqueda de superación de la subjetividad, ese anhelo de encontrar un módulo plástico neutro, quizá no era el fruto de una decisión gratuita y exclusiva de Buren, pues esa actitud intelectual del pensamiento y del hacer artístico se estaba dando en otros campos de la creatividad ya que en 1953 aparece como libro (antes hubo algunos artículos en revistas) la obra de semiología que iba a determinar toda una concepción del uso y la consideración del lenguaje; nos referimos a El grado cero de la escritura6, del francés Roland Barthes. Un título tan feliz que ha sido utilizado luego en multitud de contextos para aludir a la búsqueda del momento originario ideal de muchas cosas, en un estadio aún incontaminado, libre de ganga, casi podríamos decir «en estado puro».

Distingue Barthes entre lengua y escritura como generadoras de una tensión primaria que aparece en todo texto; la primera como coerción y negatividad, la segunda como intervención histórica e intervención del estilo. En poética expresión, el autor francés afirma que incluso en los discursos más pretendidamente objetivos se evidencia la tensión entre «una libertad y un recuerdo». Puede afirmarse que, en términos absolutos, no se puede aspirar a una escritura que llegue a alcanzar su grado cero, las palabras no son las mismas siempre y en todo momento, contienen historia, están alimentadas por ella.

Posiblemente el intento más radical de encontrar un lenguaje literario neutro sean algunos textos de Samuel Beckett, especialmente en aquellos en los que deja atrás los signos gramaticales para luchar por un lenguaje que fuera casi un eco del lenguaje nada más, una aliteratura (si se me permite la expresión) que le lleve a la más honda raíz de la literatura. En una de esas obras, que se abisma en lo profundo de la creatividad, Cómo es6, Beckett quiere conducirnos a un cierto grado cero de la escritura, a una tensión máxima con un lenguaje lejano y en cierto modo ajeno y, sin embargo, esas palabras están impregnadas de giros, de reflejos, de estampas (por borrosas que sean) de otras obras suyas, del recuerdo de sus personajes, del intento vano de un tiempo sin tiempo. La obra (¿novela?) consta de tres partes o capítulos y comienza así:

Cómo era cito antes de Pim con Pim después de Pim cómo es tres partes lo digo como lo digo

voz antaño afuera cuacua por todas partes luego en mi cuando cesa el jadeo cuéntamelo otra vez termina de contármelo invocación

Para concluir, diciendo:

Bien bien fin de la tercera y última parte así es cómo era fin de la cita después de Pim cómo es

Esta obra se editó, en francés (lengua literaria de Beckett) en 1961; en 1953 había aparecido —como ya se ha dicho— el fundacional ensayo de Roland Barthes y en 1965 Buren hizo su hallazgo de ese módulo inexpresivo de la tela de bandas blancas y de color; no es pues arriesgado decir que todo ello flotaba en el ambiente porque sucede en un plazo no mayor de doce años. Desde luego no es casual. Esa creación desde el desasimiento se está produciendo en muy distintos ámbitos de la creación humana. Por eso me ha parecido de gran interés hacer estas reflexiones para colocar a nuestro artista en el contexto que le es propio y, al tiempo, dejar constancia de que esa anhelada vía de creatividad desde el desapego personal y la búsqueda de un instrumento artístico lo más neutral posible, lo más separado del yo e incluso de un usual concepto del ser es, frente a lo que se cree (pues parece ser exclusiva del mundo oriental) una poderosa tradición también en el pensamiento y el arte de Occidente.

Daniel Buren
no es un pintor

Un pintor que no pinta no es un pintor, será otra cosa; puede que sea un artista, incluso un gran artista, pero no un pintor. Daniel Buren así lo mantiene en una entrevista:

«…Decir que mi obra es pintura es una forma de escapar a los problemas que plantea. Es como hablar de una solución que evita responder a la cuestión. Lo que no quiere decir que sea imposible catalogar mi obra, sino que no se puede decir que ésta sea pintura. ¿Qué pintor aceptaría, no obstante, esto? Si lo mío es pintura, entonces, Frank Stella o Robert Ryman son bailarines.»7

¿Se acerca su obra, entonces, al llamado arte conceptual? Puesto que utiliza un lenguaje muy reducido y no se necesita la propia mano del artista para ejecutar la obra, podría pensarse que así es; pero ocurre justamente lo contrario. Lo conceptual y la obra de Buren son miradas opuestas, hasta el extremo de que Buren se revela muy crítico con los artistas conceptuales, de los que hace una ácida y muy lógica reflexión, diciendo:

«Exponer un concepto es por lo menos caer, desde el principio, en un contrasentido fundamental, que puede, si no se tiene cuidado, embarcarnos en una sucesión de razonamientos falsos. Exponer un «concepto» o comprender la palabra concepto como arte, supone poner este mismo concepto al nivel del objeto. Exponer un «concepto» viene a decir que se trata, en verdad, de un «concepto-objeto», lo cual es una aberración».8

Convengamos entonces que la obra de nuestro artista es difícilmente clasificable, pero ¿qué necesidad tiene de ser clasificada? ¿ qué razón nos lleva a clasificar las obras de arte, a buscarle un hueco predeterminado en el inacabable casillero del arte? La mayoría de los críticos y muchos de los estudiosos de la materia tienden, con avidez, a esa clasificación, cual si se tratara del estudio entomológico más escrupuloso. También quienes menos debían, los propios artistas, muchas veces actuaron así, hasta el punto de que Buren ha sido, en ocasiones, expulsado del Paraíso por los que deberían ser sus propios compañeros, pero que demostraron no querer serlo. Hubo pintores que se negaron a participar en exposiciones o manifestaciones artísticas si Buren lo hacía. No era un pintor, era otra cosa. Y efectivamente así era, pero no menos artista que aquellos que se refugiaban en la clasificación, en el dudoso escalafón de las jerarquías y la antigüedad como rango con vocación administrativa.

Composición suprematista: Les deux plateaux Blanco sobre Blanco, Kasimir Malévich

Mas incluso la obra de Buren se asienta en una radical y absoluta paradoja. Esas bandas de color que se querían asépticas, sin connotación subjetiva alguna, que no han sufrido manipulación de ninguna clase por el artista, ese «instrumento visual» neutro y objetivo, se ha convertido en una imagen de marca. Basta que estemos en un espacio, por levemente artístico que sea, en el que veamos unas bandas blancas y de color, de cualquier material (tela, plásticos, producidas por una proyección lumínica o cualquier otro medio) para que, quien tenga la mirada mínimamente acostumbrada al arte de nuestros días, piense en el artista; vea allí una obra de Buren. En el tiempo de la imagen, el anonimato no es posible por neutra que la imagen sea y siempre que se haya identificado con alguien (artista) o con algo (acontecimiento, suceso o producto; como es el caso de la publicidad).

El color (y la luz) en Buren

En una entrevista con Sarah Alexandrian, aparecida en Arts, en noviembre de 1965, Buren hacía una afirmación que, por rotunda y precisa, nos resulta plenamente esclarecedora: Para mi el color es pensamiento puro, aunque totalmente indecible .9

Lo que es indecible es inefable. No debemos ni intentar siquiera expresar en palabras lo que no puede ser dicho; porque la palabra no llega a tanto; puede hacernos evocar, crear un eco de lo que vimos o queremos traer a la memoria (con lo que crea otra realidad), pero el fenómeno en sí es mucho más potente y no puede ser dicho. Así el color.

Daniel Buren ante la obra Incubée

Obra in situ en el interior de Incubée.
Obra temporal de Daniel Buren

Filosofía, poesía… quizá el mundo de lo plástico es un camino de mayores certezas. Su precisión no es predicable con palabras, su concisión es fruto del silencio, que no del callar. El hecho plástico esconde siempre un misterio que el lenguaje de la palabra no alcanza a atisbar. Nunca el rojo puede estar contenido en la palabra rojo; hay mayor cantidad de lo intenso en el color que en la palabra rojo.

En el contenido y sabio Glosario (como corresponde al natural de su autor) que José Lebrero Stals escribió para la exposición de la reciente exposición de Buren en el Centre Pompidou Málaga, uno de los apartados de aquel va dedicado al color, a la utilización y conceptualización que el artista hace del mismo. Nos dice Lebrero: «El color está presente desde el inicio en el trabajo de Daniel Buren. Cuando el artista ingresa en la escena internacional, conviene señalar que el color era un elemento extrañamente ausente y proscrito. Las vanguardias (minimalismo y arte conceptual, sobre todo) se ceñían al blanco y negro, si acaso a las tonalidades neutras de grises y ocres, o remitían a los tonos crudos de los materiales utilizados, por su supuesta autenticidad. Buren marcó la diferencia con una utilización del color que fue considerada decorativa, un adjetivo que el artista hizo suyo sin complejos, ya que «de algún modo el arte nunca ha dejado de preocuparse por lo decorativo».10

Esa inmersión en el mundo de los colores y su libérrimo uso (a veces arbitrario, otras puramente casual y azaroso) dio a Buren una extraordinaria versatilidad y amplitud en su trabajo. Jugando con ellos y con la luz, en una interacción sin fin, ha sido capaz de crear obras que, aún siendo estáticas, se instalan en el perpetuo movimiento que los cambios de luz (ya naturales, ya artificiales) confieren a los colores.

Intervención temporal in situ de la exposición Centre Pompidou Málaga

Un buen ejemplo lo tenemos en la intervención que llevó a cabo en su propia obra Incubée. En un principio existía un cubo de diferentes planchas de cristal transparente y con una función estrictamente arquitectónica. Se invitó al artista a crear una obra in situ (es importante que retengamos esta expresión para más adelante). El artista «utilizó paneles plásticos de cuatro colores (amarillo, azul, rojo y verde) por orden alfabético, y un panel de rayas con franjas blancas y alternadas por vacíos. El conjunto de estos cinco paneles se despliega en forma de quincunce alrededor del cubo, de izquierda a derecha y de arriba abajo».11 Esa obra, que se ha transformado en uno de los iconos representativos de Málaga como ciudad de Museos, fue bautizada por el propio artista como Incubée. Pues bien, cuando tuvo lugar la exposición PROJECTIONS / RÉTROPROJECTIONS. TRAVAUX IN SITU. 2017 el artista realizó una intervención para ese lugar mágico que se había creado en el interior del cubo y que consistió en la instalación de unas enormes mosquiteras que, en diferentes direcciones, atravesaban el espacio interior del cubo. La visión del mismo cambió por completo con esos tres lienzos casi transparentes que, a su vez, cambiaban a cada momento porque la luz de la mañana no era igual que la del mediodía o la tarde y ninguna de ellas era la misma según el cielo estuviese nublado o con plena luz. Es ese un magnífico ejemplo de lo que Buren ha llamado obra in situ, creada para el lugar, en el lugar y atendiendo al espíritu del lugar. Escudriñando, hasta aprehenderlo, el genius loci.

Desde otra perspectiva, esa intervención es un extraordinario exponente de la interacción luz y color, cada vez más presente en su obra. Estoy por decir que, en los trabajos de sus últimos años, Buren se acerca a esa especie de «cientifismo poético» del que Goethe hizo gala en su obra Esbozo de una teoría de los colores, al decirnos:

«Son los colores actos de la luz.; actos y padecimientos. Y en este sentido cabe esperar que nos ilustre sobre su naturaleza. Aunque colores y luz guardan relación exacta entre sí, una y otros pertenecen por completo a la Naturaleza, ya que por medio de ellos place a la Naturaleza revelarse de un modo especial al sentido de la visión».12

El marco, el monumento
y la obra in situ

Tiene Ortega y Gasset un breve pero delicioso texto titulado Meditación del marco. En él, con la levedad no exenta de hondura que le es propia, aborda la relación entre el cuadro y el marco y hace algunas observaciones que pueden servirnos para precisar conceptos en este punto de nuestro discurso. Tras referirse al cuadro como un espacio de realidad virtual, una «pura metáfora» , nos dice que: «El cuadro, como la poesía o como la música, como toda obra de arte, es una abertura de irrealidad que se abre mágicamente en nuestro contorno real […] Son, pues, pared y cuadro dos mundos antagónicos y sin comunicación. De lo real a lo irreal, el espíritu da un brinco como de la vigilia al sueño […] Hace falta que la pared real concluya de pronto, radicalmente, y que súbitamente, sin titubeo, nos encontremos en el territorio irreal del cuadro. Hace falta un aislador. Esto es el marco».13

Aunque ya hemos dicho que Daniel Buren no es un pintor, la reflexión del filósofo español sobre las relaciones entre el cuadro y el marco nos puede servir para entender la diferencia entre el monumento que se inserta en un paisaje urbano y la obra creada temporalmente para un concreto espacio urbano y desde él, la obra in situ.

En el primer caso, el monumento (esté o no concebido para un concreto lugar) tiene con el entorno en que se instala una relación similar a la del cuadro y el marco. La realidad urbana en general, sería el equivalente a la pared en la que el cuadro está colgado, la realidad en su sentido más extenso. El entorno próximo al monumento equivaldría al marco, un aislador que nos prepara para poder abordar la irrealidad, la metáfora a fuer de virtualidad, que toda obra de arte es. Es ese entorno cercano el que nos va a facilitar, superando la realidad del conjunto urbano, acceder a la obra de arte, «enmarcándola» para nuestra contemplación. Cuando el artista autor del monumento elige un sitio concreto, una orientación de la pieza e incluso la vegetación que ha de rodear a la obra, ocurre lo mismo que cuando el pintor diseña un marco específico para una obra concreta.

Pero frente al hecho de un monumento que se instala en un determinado lugar de la ciudad, está lo que Buren ha denominado obra in situ. Salvo casos excepcionales esa actuación tiene naturaleza efímera y aunque es una obra creada en un lugar y desde ese lugar, su relación con él es mucho más compleja que en el ejemplo anterior. El monumento es una obra de arte en sí y, aunque esté creado para un lugar, es independiente de él; por eso el lugar (su entorno cercano) cumple la función enmarcadora a que nos hemos referido.

Les deux plateaux. Obra in situ en el Palais Royale de París

Pero en la obra in situ no ocurre así. Esa obra está creada para un lugar, pero desde él e interacciona con él; diríamos que, en tanto esté allí presente, forma parte de él, es el propio lugar que, por mor de la ficción artística, se ha transformado temporalmente en una nueva realidad. En la obra in situ intervienen muchos factores externos que forman realmente parte de la obra: su propia historia, la luz cambiante, las personas que transitan, los vehículos que van de un lugar a otro, los acontecimientos que en su redor suceden. Una obra así nunca podrá estar en un museo, salvo que al propio lugar del museo lo convirtiera el artista con su intervención y por tanto temporalmente, en parte de la obra. Un claro ejemplo de lo que decimos es la intervención en el interior del cubo que tuvo lugar con la colocación de tres enormes mosquiteros que reflejaban, en caleidoscópica realidad multicolor, los cambiantes juegos de luz que en las diferentes horas del día se producían; a ello nos hemos referido anteriormente.

No encuentro mejores palabras para definir estas intervenciones de Buren que acudir a la expresión latina del genius loci. Verdaderamente lo que nuestro artista hace es penetrar en la más profunda esencia de los sitios y las cosas hasta desentrañar al dios del lugar y, con una mínima y escueta intervención (unas planchas de material translúcido, unas bandas o un foco de luz) crear su obra, que es también la nuestra en buena parte, porque el espectador, con su deambular, va creando múltiples perspectivas de visión.

Cuando Buren ha realizado obras con vocación de continuidad las ha llevado a cabo asumiendo un máximo de riesgo. Su intervención en el interior del Palais Royale de París generó una extraordinaria y larga polémica, encontrando un firme defensor en el, a la sazón, Ministro de Cultura, Jack Lang. La obra, Les deux plateaux, compuesta por una compleja alineación de columnas de mármol de bandas de colores blanco y negro, constituye una propuesta sorprendente por la obra en sí y por el lugar en que se encuentra. Como si la racionalidad cartesiana se trascendiera a sí misma, generando un formal y riguroso misterio artístico.

Mucho podríamos hablar aún de Buren, pues tras esas intervenciones, cargadas de intenciones de neutralidad artística, nos aparece uno de los grandes artistas de nuestro tiempo, que accedió muy pronto al panorama del arte internacional y que aún hoy sigue siendo uno de sus reconocidos pilares. Su simplicidad, su sencillez (que no es tal, sino una complejidad cercana al conceptismo literario) impregna ya nuestra mirada y nos ha expandido el campo de visión e incluso el propio concepto de obra de arte. Ha sacado a las obras de los museos y ha realizado unas propuestas artística de extrema radicalidad que han abierto nuestra capacidad de percepción, haciéndonos descubrir unas novedosas formas de la belleza, con solo manipular unos —muy pocos— elementos.

Tampoco debemos olvidar su gran aportación teórica desde la palabra. Aunque sus textos no sean consecuencia de formulaciones teóricas previas de las que resulte la obra plástica, sino que, siguiendo el camino inverso, tras el hacer plástico acude a la palabra para que ésta explore y fije, ya en el campo del decir, lo que se ha manifestado a través de la forma y del color, o sea, de la propia luz.

Bibliografía

1 Hernando Carrasco, Javier. DANIEL BUREN. La postpintura en el campo expandido. Azarbe S.L. Colección Infraleves. Murcia 2007. (Págs. 12 y 13).

2 Guillermo de Aquitania. POESÍA COMPLETA. Edición y traducción de Luís Alberto de Cuenca. Ediciones Siruela. Selección de Lecturas Medievales. Madrid 1983. (Págs. 16, 17).

3 Angelus Silesius. El peregrino querúbico. Edición y traducción de Lluis Duch Álvarez. Ediciones Siruela. Colección El árbol del Paraíso. Madrid 2005. (Pág. 75).

4 Heisig, James W. Filósofos de la nada. Un ensayo sobre la Escuela de Kioto. Herder. Barcelona 2002. (Pág. 93).

5 Valente, José Ángel. Material Memoria. Cinco fragmentos para Antoni Tàpies. La Gaya Ciencia. Barcelona 1978. (Pág. 65)

6 Beckett, Samuel. Obras escogidas. Traducción del francés por Francisco Navarro. Editorial Aguilar. Biblioteca Premios Nobel. Madrid 1978. (Págs. 713 y 854).

7 Cruz Sánchez, Pedro A. DANIEL BUREN. (Entrevista de Robin White a Daniel Buren) Editorial Nerea. Donostia-San Sebastián 2006. (Pág. 108).

8 Cruz Sánchez, Pedro A. DANIEL BUREN. Editorial Nerea. Donostia-San Sebastián 2006. (Pág. 23).

9 Hernando Carrasco, Javier. DANIEL BUREN. Editorial Nerea. Donostia-San Sebastián 2006.
(Págs. 39 y 50).

10 Lebrero y Stals, José. Glosario. Texto editado por Centre Pompidou-Málaga con motivo de la exposición temporal de Daniel Buren Proyections/ Retroprojections. Travaux in situ, 2017. Málaga 25-OCT-2017 / 14-ENERO-2018.

11 Folleto editado por Centre Pompidou-Málaga con motivo de la exposición antes citada.

12 Goethe, Johann W. Obras completas —Tomo I—. Esbozo de una teoría de los colores. Editorial Aguilar. Colección Obras Eternas. Madrid 1989. (Pág. 478).

13 Ortega y Gasset, José. Meditación del marco. Revista de Occidente nº44 1-febrero 2018. Madrid.
(Págs. 5 y sigs.)

APROXIMACIÓN A LA ARQUITECTURA DE NORMAN FOSTER

  • Ángel Asenjo Díaz
  • Publicado en la sección 03 Colaboraciones de Académicos © 
  • Anuario 2017. Segunda Época (descargar pdf) 

E

n Madrid, el día 1 de junio de 2017, se inauguró la Fundación Norman Foster, que se ha ubicado en el Palacete del Duque de Plasencia, proyectado y construido en 1912 por el arquitecto Joaquín Saldaña. Se encuentra situado en la Calle Monte Esquinza, nº 4 de esta ciudad y ha sido reformado y rehabilitado por el propio Norman Foster.

Este edificio albergará el Archivo del arquitecto, compuesto por más de 74.000 documentos, entre los que se incluye una importante colección de dibujos y planos, material fotográfico, maquetas, correspondencia, cuadernos de bocetos y objetos personales.

Este importante acontecimiento es el hecho que nos ha animado a estudiar y reflexionar sobre la figura del gran arquitecto Norman Foster, para su incorporación en el Anuario de 2017 de esta Real Academia, con lo que, al igual que hemos hecho en los últimos años, exponemos la obra de uno de los más grandes arquitectos del último tercio del Siglo XX y principios del Siglo XXI, con la intención de contribuir al mejor conocimiento de las más insignes figuras de la creación arquitectónica, cuyas aportaciones constituyen unas referencias, que sin lugar a dudas contribuyen a mejorar la arquitectura de la ciudad que habitamos.

Esta Fundación será dirigida por la arquitecta María Nicanor, quien proviene del Museo Victoria & Albert de Londres y del Museo Guggenheim de Nueva York, quien se ha planteado como objetivo promover el pensamiento interdisciplinar y la investigación de la obra arquitectónica de Norman Foster con el fin de ayudar a las nuevas generaciones de arquitectos, diseñadores y urbanistas a anticipar el futuro, para lo que aporta el Archivo de Norman Foster, que fue creado en 2015 y ahora está accesible por primera vez a los estudiantes y estudiosos sobre la vida, el trabajo y las ideas del arquitecto. La base de datos del archivo está disponible de forma abierta en la página web de la Fundación Norman Foster.

A partir de la fecha de su inauguración, la Fundación realizará una serie de iniciativas educativas y de investigación, proyectos y publicaciones basadas en la colaboración con instituciones de todo el mundo. Estas colaboraciones ya se han llevado a cabo con anterioridad con diversas instituciones, tales como el Instituto Tecnológico de Massachusetts en Cambridge, el Instituto Federal Suizo de Tecnología en Zúrich, la Escuela Politécnica Federal de Lausana, la Universidad Politécnica de Madrid y las Universidades de Cambridge y Bournemouth en el Reino Unido.

La inauguración de la sede de la Fundación Norman Foster en Madrid fue engrandecida por la celebración en el Teatro Real de Madrid del Foro Internacional, denominado Future is now (El futuro es hoy), dedicado a las ciudades, en el que, a partir del análisis de la tecnología, del diseño y de las infraestructuras de las mismas, se abordaron los desafíos sociales, económicos y de diseño que actualmente nos plantea la ciudad y los que a corto plazo nos podrá plantear.

A esta celebración de la Fundación asistieron unas 1.700 personas e intervinieron en la misma enormes personalidades, tales como el arquitecto chileno Alejandro Aravena, premio Pritzker 2016; el empresario y ex alcalde de Nueva York Michael Bloomberg; el cofundador del MIT Media Lab Nicholas Negroponte; la economista italiana Mariana Mazzucatto; el todopoderoso jefe de diseño de Apple Jonathan Ive; el historiador Niall Ferguson y los artistas Cornelia Parker y Olafur Eliasson, además de la diseñadora española Patricia Urquiola y el arquitecto español Luis Fernández Galiano, que debatieron intensamente sobre el objetivo del foro, clausurándolo Lord Foster, que fue despedido con un largo aplauso, siendo acompañado por su mujer Elena Ochoa, que se congratuló del éxito de la convocatoria.

INTRODUCCIÓN

Salvo algún capricho formal, como el City Hall de Londres (2002), que responde a la naturaleza del espectáculo social de la arquitectura, la obra de Norman Foster está en general determinada por la siempre deseable integración volumétrica, funcional, espacial y constructiva, que aparece detrás de las sobrias formas de sus creaciones. La estricta geometría de las estructuras modulares de sus primeros trabajos, da lugar a las propuestas formales rotundas que siguen el dictado de la organización interior de sus obras, que se conforman como contenedores, que muestran su estructura, que son envueltas con tersas pieles acristaladas, y que darán paso a formas igualmente precisas, nacidas de la extrusión de su sección, o de su planta. Esto es lo que podemos observar en las obras que englobamos en el primer período, que diferenciamos de su amplia trayectoria arquitectónica y urbanística, y que cerramos con el edificio cuyas formas fueron concebidas de forma integral para el Centro de Distribución de la Renault de Swindon (1983).

Edificio del CITY HALL de Londres (2002-2005)

El origen de las importantes obras que describiremos como el segundo período de su trayectoria, se encuentra en el edificio del Banco de Hong Kong y Shanghai, de Hong Kong (1986), incorporando edificios tan destacados como la Torre Century de Tokio (1991) o la Terminal del Aeropuerto de Stansted de Londres (1991). En todos estos edificios la traslación al exterior de su organización interna está protagonizada por la exhibición de las estructuras, lo más característico de esta etapa.

Posteriormente, podemos observar como la visibilidad del esqueleto quedará relegada en favor de un equilibrio integrador, donde los aspectos formales siguen la natural correspondencia entre continente y contenido, siendo esta la característica de este nuevo período de su obra. Esta relación preside la austeridad formal de gran parte de la producción fosteriana que, no obstante, cuenta con excepciones siempre asociadas a la singularidad de los encargos. Tal es el caso del Centro Escocés de Exposiciones y Conferencias de Glasgow (1997), del Complejo Musical The Sage de Gateshead (2004) o de la Universidad Libre de Berlín (2005), cuyas orgánicas figuras deben mucho al emplazamiento indiferenciado en que se insertan para ejercer el papel de reclamo cultural, siendo su obra más destacada del inicio del tercer período el edificio de la Sede del Commerzbank en Frankfurt am Main (1991), ensayando mas adelante un minimalismo formal que parece recordar su obra inicial, aunque orientado ahora hacia formas de suave curvatura. Las tensas conchas de vidrio de la Estación de Metro de Canary Wharf (1999) relatan su procedencia bilbaína y están igualmente emparentadas con la sencilla geometría del Gran Patio del British Museum (1994) y del American Air Museum de Duxford (1997), cuya búsqueda formal culmina con la Great Glasshouse de Carmarthenshire (2000), en el que se produce una máxima depuración formal, como la que inspira las rotundas figuras de las torres proyectadas para las compañías Swiss Re en Londres (2004) y Hearst en New York (2006).

Y, en el último período de su obra observamos, que se aprecian síntomas de contagio de la moda imperante, caracterizada por la experimentación formal., como ocurre en las propuestas para la Beach Road en Singapur (2007), la Ciudad del Motor de Alcañiz (2007), el Paseo Marítimo de Rímini (2008), o el Pabellón de los Emiratos Árabes en la Exposición Universal de Shanghai (2010), en las que se produce un cierto coqueteo con el nuevo formalismo basado en el diseño paramétrico, del que Norman Foster fue pionero en proyectos de incuestionable importancia, en los que ha ido evolucinando hasta llegar a la obra que actualmente está realizando.

ORIGENES Y FORMACIÓN (1935-1964)

Norman Robert Foster nació el día 1 de junio de 1935 en Reddish, municipio del área metropolitana de Manchester. Hijo único de Robert Foster y Lillian Smith, se crió en un hogar humilde. Fue un estudiante aplicado que encontró satisfacción a sus inquietudes entre los escasos volúmenes de la biblioteca de su barrio, en la que se interesó por el dibujo, los cómics, el aeromodelismo y los juegos de construcción. En 1951 su padre le aconsejó que trabajara en el Ayuntamiento de Manchester, donde realizó funciones de conserje del Departamento del Tesoro un par de años, durante los que estudió derecho comercial y contabilidad para prosperar como funcionario, pero esta idea la desestimó pronto.

Norman Foster

En 1953 se planteó ingresar en las Fuerzas Aéreas para escapar de este trabajo y con la ilusión de pilotar aviones. Cuando terminó el servicio militar buscó trabajo más acorde con sus aspiraciones creativas y encontró trabajo en el Estudio de Arquitectura de John E. Beardshaw como ayudante del gerente de contratación. Allí comprobó que la arquitectura podría ser su futuro y decidió prepararse para ello, dibujando de forma intensa en su casa por las noches, copiando planos del estudio, y cuando le enseñó sus trabajos a Beardshaw lo sentó en un tablero de dibujo, lo que fue el origen de su destino arquitectónico.

Estando trabajando como delineante decidió iniciar sus estudios en la Escuela de Arquitectura y Urbanismo de Manchester, pues para él era la mejor opción. Para costear sus estudios entre 1956 y 1961 realizó trabajos temporales en un almacén de carbón, o descargando camiones de hielo, a la vez que realizaba dibujos para varios arquitectos y para vallas publicitarias. Además, obtenía otros ingresos extras mediante becas y premios de dibujo. En 1959 obtuvo la medalla de plata de dibujo del RIBA (Royal Institute of British Architects) por el levantamiento de un granero y un molino. Norman Foster cada año se gastaba el dinero que ganaba, pues durante los veranos viajaba, tomando contacto directo por Europa con la obra de Le Corbusier, Mies van der Rohe, Palladio, Utzon, Jacobsen y otros. Su mayor admiración se produjo por Frank Lloyd Wright, al que conoció solo a través de los libros.

Después de su graduación en 1961 obtuvo una beca para estudiar dos años en la Escuela de Arquitectura de Yale. La experiencia americana transformó totalmente su pensamiento, pues tuvo como profesores a Paul Rudolph, Serge Chermayeff y Vincent Scully, de los que aprendió la pasión por la arquitectura y sus principios, así como el interés por su historia.

En esta escuela de arquitectura coincidió como estudiante con Richard Rogers, becado como él, y realizó parte de un curso con James Stirling como profesor. Durante su estancia en Yale descubre la moderna arquitectura americana con sus amigos Rogers y Abbott, siendo éste el propietario del coche en el que hacían los viajes. En el verano de 1962 consigue el Master of Architecture, lo que le permite permanecer un tiempo en Estados Unidos, durante el que trabajó para Pedersen & Tilney en New Haven y para Anshen & Allen en San Francisco, permitiéndole tomar contacto directo con la obra de sus héroes F.L. Wright, Schindler y los hermanos Eames entre otros, así como también con la arquitectura californiana del momento.

Tan solo seis meses después de que Foster y Rogers se despidieran en Yale, este último le pidió su regreso a Gran Bretaña para fundar un estudio de forma conjunta. En 1963 fundaron el estudio denominado «Team Four» con las hermanas Georgie y Wendy Cheesman, con las que Rogers se había reencontrado a la vuelta de Estados Unidos. Pronto Georgie Cheesman abandonaría el grupo y fundaron el estudio las parejas formadas por Richard Rogers–Su Brumwell y Norman Foster–Wendy Cheesman, que se instalaron en el piso de esta última en Hampstead Hill Gardens, donde se entregaron por completo al trabajo. Norman y Wendy se casaron en 1964.

Los primeros encargos llegaron de la mano de los padres de Su Brumwell, para quienes realizaron el diminuto Refugio en Pill Creek (1963) y la vivienda–galería en Creek Vean (1964-66). Marcus Brunwell era publicista y coleccionista de arte. La vivienda tuvo una buena acogida de en los medios especializados y obtuvo la medalla del RIBA en 1969. Era la primera vez que una casa individual recibía este honor. En estos años también proyectaron agrupaciones residenciales que no llegaron a construirse.

ETAPAS EN LA EVOLUCIÓN DE SU OBRA (1965-2017)

Primera etapa: 1965-1978

El primer trabajo importante para Norman Foster fue el edificio las Instalaciones Industriales de la compañía Reliance Controls Electronic Factory en Swindon (1965-66), que proyectó en colaboración con Richard Rogers. Este proyecto supuso para él y su equipo el descubrimiento de la industria como cliente y como agente imprescindible en la construcción de edificios industriales, que en ese momento fue determinante no solo para Norman Foster, sino también para Richard Rogers. Aunque ambos acabarían separando sus carreras después de este proyecto, alcanzarían con él un importante reconocimiento profesional. El equipo se disolvió en 1967, pues las diferentes personalidades de los dos principales componentes del equipo demandaban una mayor independencia.

Entonces Richard Rogers y Su Brumwell (Su Rogers) trabajaron por su cuenta hasta que junto a Renzo Piano –con el que se asociaron en 1971– ganaron el concurso del Centre Pompidou en París. Mientras, Norman Foster continuó su actividad en el piso de Wendy Cheesman (Wendy Foster), fundando la compañía Foster Associates, que fue un acto pretencioso, pues estaba formada solo por ellos dos. Después del fallido concurso para la Escuela de Newport (1967), dedicaron sus esfuerzos a desarrollar sistemas constructivos industrializados, el denominado Factory Systems, para el consorcio Milton Keynes, que apenas les procuró trabajo como consultores. Las responsabilidades familiares le llevaron a impartir clases a tiempo parcial en la Regent Street Polytechnic y en la Architectural Association.

Terminal de Pasajeros de la Compañía FRED OLSEN LINE
en el Puerto de Londres (1970-1971)

Nave temporal para la sede provisional de IBM
en Coshan (1970)

Pensando en emigrar a Estados Unidos, en busca de las oportunidades que Londres le negaba, a Foster le llegó un encargo relacionado tanto con los trabajos realizados para la Reliance Controls como con los estudios sobre arquitectura industrializada, lo que realizó a través de un estudiante que trabajaba con él. De esta forma conoció a Fred Olson, director ejecutivo de la naviera noruega del mismo nombre, que le encargó en 1968 el edificio del Centro Social para trabajadores de la compañía, y que proyectó entre dos naves existentes de la Compañía Fred Olsen Line en los muelles de Londres, una arquitectura anodina basada en edificios-contenedores de carácter portuario.

Edificio de la compañía aseguradora WILLIS, FABER & DUMAS en Ipswich (1971-1978)

Este edificio lo concibió Norman Foster como un sencillo volumen retranqueado y acristalado con vidrio reflectante, cuyo interior es una actualización del modelo Reliance Controls, con una cubierta desarrollada en dos niveles. El proyecto y su ejecución se realizaron en doce meses gracias a un sistema constructivo basado en una estructura metálica con grandes vigas alveolares, coordinada con delicados detalles en los cerramientos. Fred Olsen quedó encantando y entre 1970 y 1971 le encargó la Terminal de Pasajeros para la compañía, que incluía una singular galería cubierta. Ambos edificios fueron demolidos en los años ochenta.

Estas obras procuraron a Norman Foster nuevas satisfacciones y nuevos clientes, a los que convenció, tras la visita a estos edificios, para ser el arquitecto que buscaban para hacer realidad sus respectivos proyectos. En 1970 Foster Associates recibe el encargo de proyectar una nave temporal para la sede provisional de IBM en Cosham. La persuasión de Norman Foster y la lógica de una construcción de bajo coste recondujeron el proyecto inicial hacia la concepción de una sede permanente. La envergadura del proyecto provocó el traslado de Foster Associates a una planta alquilada en la oficina de su amigo y colaborador, el ingeniero Tomy Hurt, situada en Covent Street. Este proyecto perfeccionó los postulados de los edificios de las compañías Reliance Controls y Fred Olsen Line. La depurada caja de enormes dimensiones (10.800 m²) que Norman Foster proyectó para la compañía IBM es quizá la contribución más minimalista de toda la obra fosteriana, un paralelepípedo simplemente apoyado sobre una fina losa horizontal dispuesta en el paisaje a través de los vidrios de su cerramiento. El detallado estudio de la prefabricación de sus componentes y el estudio funcional de los planteamientos de organización social del trabajo se conjugaron a la perfección en una obra construida con una racionalidad extrema.

Norman Foster se dedica en todo este periodo de forma intensa al trabajo, y esto apenas le deja tiempo para la vida social, aprovechando el escaso tiempo libre para hacer actividades deportivas en solitario, tales como el ciclismo, el maratón o el esquí de fondo. A partir de 1970 se puede permitir comenzar a volar, que es un sueño que nunca abandonó y que pudo hacer realidad a los treinta y cinco años. Después de practicar vuelo sin motor, pronto pasó a pilotar aeronaves propulsadas, helicópteros y jets, tal como había soñado.

Profesionalmente Norman Foster y Wendy Foster fantasearon con un cierto futurismo utópico, fruto de encargos tan insólitos como la Estructura Neumática (1969-1970) construida con PVC reforzado para alojamiento temporal de las oficinas de la compañía Computer Technology en Hempstead, mientras se concluía el proyecto antes indicado de la nueva sede permanente de IBM en Cosham. Inauguradas estas oficinas provisionales en 1971, la estructura hinchable fue desmontada después de algo más de un año de servicio. En este mismo año proyectaron dos propuestas singulares, el Teatro Samuel Beckett en Oxford y el Edificio Climatroffice. Ambos proyectos poseen formas geodésicas, que nacen de la estrecha colaboración establecida con Buckminster Fuller, con quien entablaron una excelente relación de amistad durante los doce años previos a su fallecimiento, y en los que desarrollaron innovadoras estructuras y propuestas residenciales como la Autonomous House, en los Ángeles, USA.

En 1971 Foster Associates trasladó su estudio a la planta baja de un edificio en Fitzroy Street, donde aplicaron con todo rigor sus concepciones arquitectónicas de transparencia, flexibilidad y experimentación. Concebido como un verdadero laboratorio de arquitectura, anticiparon soluciones adoptadas después en uno de los proyectos más destacados de esta etapa de consolidación de la firma, el edificio de la Compañía Aseguradora Willis, Faber & Dumas en Ipswich (1971-1975), que ganó numerosos premios tanto por su arquitectura singular como por su sistema energético. Este edificio se ajustó a los límites del solar disponible, creando grandes espacios a partir de una estructura al límite de sus posibilidades, con una volumetría obtenida a partir de la forma de su planta, que se cierra con un impecable cerramiento de vidrio, y que refleja la ciudad circundante durante el día y desvela su intención durante la noche. La concepción de la estructura de su planta ático presagia la magistral estructura de los edificios de oficinas y almacenes de la Modern Art Glass en Thamesmead y de la compañía SAPA Factory en Tibshelf, en los que Norman Foster practicó la total integración de la estructura y los cerramientos en espacios diáfanos.

La culminación de esta solución estructural en su obra de esta etapa, se encuentra en el atípico museo Sainsbury Centre of Visual Arts, en Norwich, que construyó entre 1974 y 1978 para Sir y Lady Sainsbury, en el Campus de la Universidad de East Anglia, cuya definición arquitectónica con una concepción tipológica novedosa continúa despertando admiración después de más de cuarenta años. Es su primera obra para uso público y con ella Norman Foster alcanzaría un amplio reconocimiento por parte de la crítica internacional, que lo consideró como el abanderado del movimiento high-tech, lo que compartió con Richard Rogers y Renzo Piano, autores de la importante obra del Centro Cultural Pompidou de París, inaugurado en 1977. Foster halló en Bob y Lisa Sainsbury, además de haberles ofrecido una oportunidad profesional excepcional, una amistad de la que estaba necesitado después del fallecimiento de sus padres.

Después de los éxitos de los edificios de la sede de Willis, Faber & Dumas y del museo Sainsbury Centre for Visual Arts, la carrera profesional de Foster Associates experimentó un crecimiento notable, con encargos cada vez más relevantes y con destacados nombramientos para su principal responsable, ya que Norman Foster es nombrado entonces Vicepresidente de la Architectural Association y miembro del American Institute of Architects en 1974 y doctor Honoris Causa por la Universidad de East Anglia en 1980.

Museo SAINSBURY CENTRE OF VISUAL ARTs en Norwich (1974-1978)

Pero a pesar de estos éxitos, Foster realizó en estos años proyectos que nunca vieron la luz, tales como la remodelación del Puerto de St. Helier en la isla de Jersey (1976), el Hammesrsmith Centre de Londres (1977-80), el centro comunitario Open House de Cwmbran en Gales (1978) o la propuesta de torre para la ampliación del Whitney Museum de New York (1978), entre otros.

Este período de la obra de Norman Foster lo concluimos con el edificio del Centro de Distribución de la compañía Renault, en Swindon, cuyo proyecto, aunque fue redactado en los inicios del siguiente período que analizamos (1980-83), lo incluimos en esta etapa por ser el edificio más barroco de los proyectados hasta ese momento y quizás el más característico de este período, siendo una de las arquitecturas de referencia del movimiento high-tech en arquitectura, al que Norman Foster siempre se negó a pertenecer, pero al que incuestionablemente pertenece.

Rascacielos de la compañía HONG KONG & SHANGHAI BANKING CORPORATION en Hong Kong (1979-1986)

La empresa Renault demandó a Foster un diseño de calidad como imagen de la bondad de sus productos, para que, de acuerdo con sus principios sobre construcción industrial y flexibilidad, concibiera una estructura modulada, que alojara las oficinas, salas para exposiciones de automóviles y camiones, talleres, una escuela de formación y un restaurante. Se proyectó de forma que los distintos módulos de esta estructura quedaran suspendidos desde sendos mástiles de 16 metros de altura, con lo que la cubierta, conformada por piezas de 24×24 metros, se elevaba hasta 9.50 metros por la parte superior de cada una de ellos mediante un juego de tensores y perfiles perforados, que acercándose al lenguaje tecnológico de la industria del automóvil, constituiría la obra fosteriana más genuinamente high-tech.

Segunda etapa: 1979-1989

El proyecto del rascacielos de la compañía Hong Kong & Shanghai Banking Corporation en Hong Kong (1979-1986) es el que le proporcionará a Norman Foster su consagración internacional y el crédito profesional definitivo. Le fue adjudicado en el concurso restringido convocado por la entidad financiera, adoptando una solución que, por su flexibilidad y transparencia, transformará el modelo tradicional de rascacielos. La expresionista exhibición de su estructura portante, la tecnología constructiva empleada y el sofisticado control ambiental implementado reafirman para el público y la crítica la vertiente high-tech del arquitecto responsable del entonces edificio más caro del mundo.

En pleno proceso de desarrollo del proyecto de Hong Kong, Foster gana el concurso para el estadio cubierto de Frankfurt am Main en 1981, que nunca llegaría a realizarse, pero las expectativas de trabajo demandaron el traslado en 1982 de su Estudio a las oficinas de Great Portland Street, acondicionadas con el mobiliario diseñado por el arquitecto y adaptado posteriormente para la serie Nomos de Tecno, para lo que Foster utilizó las ideas básicas del proyecto del edificio Renault Distribution Centre.

Edificio de Mediateca y Centro de Arte Contemporáneo de Nimes (1994-1992)

Partiendo de los principios de la Renault de Swindon, Foster alcanzó uno de sus mayores éxitos profesionales y personales, el Aeropuerto de Londres en Stansted (1981-1991) es una obra clave en su evolución arquitectónica, pues es una apuesta por la innovación, llevándole a proponer una redefinición de la tipología aeroportuaria, cuyas indudables ventajas han sido apreciadas por otros constructores de terminales de pasajeros, y que han adoptado los principios enunciados por Norman Foster en esta obra precursora. Manteniendo la concepción modular de grandes piezas con entrada de luz natural ensayadas en el edificio Renault, en este proyecto Foster invierte el sistema portante, optando por una estructura mixta en forma de árbol, en cuyos extremos se apoyan las unidades modulares de la cubierta de 36×36 metros. El tronco de la estructura aloja diversas instalaciones, incluyendo la iluminación artificial, matizada por la leve curvatura de sus difusores. Alterando los esquemas tradicionales, que acumulan en los techos todas las instalaciones, Foster propone en este edificio la total liberación de cualquier tipo de instalación para permitir la entrada de luz natural y optimizar las necesarias tareas de mantenimiento, aligerando a su vez notablemente las cargas de la cubierta.

Edificio del AMERICAN AIR MUSEUM en Duxford (1988-1991)

La trayectoria de Norman Foster se consolida con la realización de grandes obras, que le proporcionarán una larga serie de premios y reconocimientos. En 1983 es condecorado con la Royal Gold Medal of Architecture, pasando a incorporarse a la Royal Academy of Arts y es elegido miembro honorario del Bund Deutscher Architekken. Un año después, en 1984, la UIA (Unión Internacional de Arquitectos) le concederá el Premio August Perret.

Después de vencer en 1982 en el concurso para la nueva sede de Radio de la BBC, en los primeros años del nuevo estudio de Great Portland Street, y de la contratación de varios master-planes para resolver el complejo programa de necesidades del contexto urbano de Londres, (proyectos que nunca llegaron a construirse a pesar de los esfuerzos realizados), su trabajo fructificaría algo más tarde en otras intervenciones en entornos históricos relevantes.

En 1984 Norman Foster ganaba el concurso internacional de la Mediateca y Centro de Arte Contemporánea de Nimes. Aunque el proceso de desarrollo y la construcción del conjunto se prolongó casi diez años, el resultado no pudo ser más satisfactorio para la crítica, los usuarios y para el propio arquitecto, que verá cumplida en este proyecto la transcendencia social de su arquitectura. En estos años también realizará la exquisita intervención en la Royal Academy of Arts de Londres (1985-91), recuperando el espacio expositivo de las Sackler Galleries.

Coincidiendo en el tiempo con estos proyectos de largo desarrollo, Foster Associates recibía nuevos encargos, que multiplicaron las responsabilidades de su equipo creciente de profesionales. A finales de los años 80, el estudio acometía cada año más de diez nuevos encargos de envergadura en Alemania, Japón, España y por supuesto en el Reino Unido, donde Norman Foster responde a retos muy distintos. En el ámbito cultural destacan el edificio del American Air Museum en Duxford (1987-97), la Crescent Wing para el Sainsbury Centre for Visual Arts en Norwich (1988-91) y la Biblioteca de la Granfield Univesity (1989-92). En el campo de las infraestructuras destacan las obras del Metro de Bilbao (1988-95) y la Torre de Collserola en Barcelona (1988-92). En edificios de oficinas y de usos mixtos también demuestra su maestría como es el caso de los proyectos de los Apartamentos y Estudios Riverside en Londres (1986-90), de las Oficinas Stockley Park en Uxbridge (1987-89), de la Century Tower en Tokio (1987-91), o del Microelectronic Centre en Duisburg (1988-96). Todos estos proyectos constituyen un alto compromiso profesional y están resueltos con gran solvencia, tanto en sus planteamientos como en su impecable ejecución material, para lo que se apoya en un conocimiento profundo de las posibilidades de la tecnología y de la industria de la construcción. La gran capacidad profesional de Norman Foster le permite abarcar todas las escalas posibles, de forma que en este mismo período afronta proyectos tan diferentes como el diseño del mobiliario para oficinas, desarrollado por la empresa italiana Tecno de Milán y la futurista Torre del Milenium de Tokio en 1989.

Este mismo año fallece prematuramente Wendy Foster, su mujer, soporte personal y profesional de Norman Foster desde los comienzos en Team Four y fundadora con él de Foster Associates. Apenas un año antes, a la vuelta de un viaje a Estados Unidos para la adopción de su tercer hijo, Say, los médicos le detectaron un cáncer, para el que Wendy rechazaría todo tratamiento convencional, confiando plenamente en los efectos beneficiosos de la dieta macrobiótica y de la meditación. Norman quedó desolado y a cargo de cuatro hijos, pues también habían adoptado a Steve Abramowitz, amigo de Ti Foster, que había quedado huérfano.

Tercera etapa: 1990-2006

La arrolladora vitalidad de Norman Foster lo impulsó a realizar su carrera adaptando la organización de la compañía, rebautizada Foster and Partners, donde acogidos colaboradores presididos por él, realizarán nuevas conquistas profesionales. Lo harán desde el flamante estudio construido a orillas del Támesis, concebido de acuerdo con los principios de transparencia, flexibilidad y organización democrática del trabajo, con una superficie construida de 9.400 metros cuadrados. El edificio se completa con seis plantas de apartamentos, la última de doble altura, donde se ubica la residencia londinense de Norman Foster. La nueva firma, de la que serán socios Graham Philips, Ken Suttleworth, Spencer de Gray y David Nelson, tenía sede en Nimes, Tokio, Hong Kong, y abrió nuevas sedes de Frankfurt, Berlín, Glasgow y Singapur, entre otras.

Cubrición del Gran Patio del BRITISH MUSEUM de Londres (1994-2000)

La década de los noventa la inicia Norman Foster con espíritu renovado y una estructura internacional capaz de absorber distintos compromisos de forma simultánea sin perder en absoluto la calidad de la compañía. El reconocimiento social y profesional de que es objeto le lleva en 1990 al nombramiento de Sir por la Reina de Inglaterra y a la concesión del Premio Mies Van der Rohe de Arquitectura Contemporánea por la terminal del Aeropuerto de Stansted en Londres. Ese mismo año se declara la protección del edificio de la sede de Willis, Faber & Dumas por su interés histórico, arquitectónico y ambiental.

Norman Foster tuvo que afrontar poco después la pérdida del diseñador y amigo Otl Aicher, gran colaborador de su estudio, que murió en accidente de tráfico en septiembre de 1991. Poco después se casaba con Sabiha Rumani Malik, que trabajaría como directora creativa en Foster and Partners, después de tener un romance con la periodista Anna Ford, siéndole ambas presentadas por Ruth Rogers, la segunda esposa de Richard Rogers, con quien mantendrá a lo largo de los años una estable relación de amistad.

En los años noventa se produce una sucesión de concursos ganados, cuya relación es prolija, teniendo localizaciones, ámbitos y tipologías bastante distintas, pero todas ellas tratadas con la excelencia profesional y la innovación tecnológica propia de este estudio. Destacan en este período obras de tanto interés como la Facultad de Derecho de la Universidad de Cambridge (1990-95), el Liceo Albert Camus de Frejus (1991-93) o la sede de Electricité de France de Burdeos (1992-96), donde la funcionalidad y la eficiencia energética presidirán las limpias volumetrías de estas arquitecturas de elegante factura, situadas en emplazamiento abiertos.

A la vez, realiza importantes edificios en entornos urbanos, como son la sede del Commerzbank en Frankfurt am Main (1991-97), el edificio más alto de Europa y considerando el primer rascacielos verde del mundo, la Tower Place en Londres (1992-2003), la sede de Citybank de Canary Wharf en Londres (1996-2000) o las intervenciones en Duisburg derivadas de su Plan Director (1991-2003) para el mayor puerto interior del mundo. Las grandes formas envolventes del Centro de Exposiciones y Conferencias de Glasgow (1995-97) y del Sage de Gateshead (1997-2004) han transformado las fisonomías de estas ciudades. Destacados edificios en altura harán lo propio en contextos bien distintos, entre los que destaca el Complejo Al Faisaliah en Riad (1994-2000) o la sede de la Jiushi Corporation en Shanghai (1995-2001). Tampoco faltarán en estos años edificios singulares como la Estación de Metro de Canary Wharf (1991-98) o el Gran Patio del British Museum (1994-2000), ambas en Londres.

En este período de los años noventa, Norman Foster protagonizará dos obras irrepetibles en la historia de la arquitectura: la terminal del Aeropuerto Chek Lap Kok de Hong Kong (1992-98) y el Nuevo Reichstag Alemán en Berlín (1992-99). Ambos logrados a través de disputados concursos internacionales y con un desarrollo y repercusión que han marcado toda una década de la arquitectura mundial. En el primero de estos proyectos arriesgó al límite de sus posibilidades, pues la envergadura del proyecto exigió ingentes recursos económicos y técnicos, que pudieron suponer la bancarrota de la firma, consiguiendo realizar finalmente el aeropuerto más grande del mundo en extensión y tráfico aéreo y también en calidad espacial y funcional. El Edificio del Parlamento Alemán es una obra de menor desarrollo, pero de enorme trascendencia, tanto por su simbolismo para el pueblo alemán como por la controversia de la cúpula acristalada que corona esta intervención modélica, y que es una revolución energética y medioambiental apenas valorada.

Cubrición del nuevo REICHSTAG ALEMAN (1992-1999)

Con el Premio Pritzker de Arquitectura Norman Foster veía reconocida su impecable trayectoria profesional. El acto de entrega del premio se celebró el día 7 de junio de 1999 en el Altes Museum de Berlín. Cinco días después, la Reina de Inglaterra le otorga el título de Lord Foster of Thames Bank. Ambos honores le recaen en un momento de éxito profesional y reconocimiento público como uno de los arquitectos más admirados e influyentes de nuestro tiempo.

Edificio de la compañía aseguradora SWISS RE en Londres (1997-2004)

No obstante, Norman Foster fue objeto de despiadadas críticas en su propio país, que le tildaban de arrogante y prepotente y sobre todo de intrusismo o incapacidad para acometer el Puente del Milenio de Londres (1996-2000), que presentó vibraciones excesivas. Estas críticas las acalló al poco tiempo con el soberbio Viaducto de Millau (1993-2004), que es una obra de gran audacia estructural, que salva una distancia de 2.460 metros con tan solo siete apoyos, alcanzando una altura de máxima de 343 metros. El éxito de esta infraestructura viene a completar el amplio espectro de las actividades de Foster and Partners, que parecía haber alcanzado su cota superior. Sin embargo, el espíritu emprendedor de su responsable le lanzará a nuevos mercados y a la consecución de importantes logros.

Con la llegada del nuevo siglo y el creciente número de proyectos diseminados por todo el mundo, Norman Foster empieza a ceder protagonismo a sus principales socios, en quienes delegó responsabilidades varias para poder abarcar los encargos, que de otra forma no sería posible. Contratiempos físicos, un infarto y diagnóstico de cáncer severo, contribuyeron sin lugar a dudas a la conducta de delegación de responsabilidades. Felizmente recuperado, después de cuarenta años de intensos trabajos y control personal de los mismos, Foster ha rebajado sus obligaciones en un estudio globalizado, reservándose para reuniones clave con clientes y políticos, o para diseñar nuevos tipos de edificios, continuando involucrado en proyectos especialmente comprometidos.

En estos años proyecta el discutido rascacielos para la Compañía Aseguradora Swiss Re en Londres, (1997-2004), cuya silueta suscitó un importante debate sobre la transformación del perfil de la ciudad, y cuya simplicidad de su forma es engañosa, pues su rotunda volumetría aporta una alta eficiencia energética. También proyecta la torre de la Compañía Hearts en Manhattan (2000-2006), cuya geométrica forma encierra al primer rascacielos verde construido en New York, además de ser la primera obra de Foster en esta ciudad y la primera construida después de los atentados de 2001.

Con cerca de cuarenta obras en marcha y más de sesenta finalizadas desde el año 2000, la dimensión planetaria y la capacidad de producción de Foster and Partners son el reflejo de la dimensión arquitectónica, impulsada esencialmente en la primera década de este siglo por las economías emergentes, y que de forma paralela lleva a Europa Central a retos inimaginables. En este período el proyecto más importante es el nuevo Aeropuerto de Pekín (2003-2008), inaugurado con motivo de la celebración de los juegos olímpicos en esta ciudad. La arquitectura de este aeropuerto supera las experiencias de Stansted y Chek Lap Kok, elevando el nivel de bienestar de los usuarios y de la accesibilidad y funcionalidad en una enorme terminal de 986.000 metros cuadrados. Si las previsiones iniciales se cumplieran también será Foster and Partners la compañía encargada de elevar este récord a dos millones y medio de metros cuadrados con la proyectada terminal de Cristal Island en Moscú, una auténtica ciudad bajo una cubierta bioclimática, y que hasta la fecha no se ha llevado a cabo.

Aeropuerto de Pekín (2003-2008)

Conjunto urbanístico MASDAR CITY de Abu Dhabi (2007-2020)

La crisis económica de finales de esta década, que colapsó el sistema financiero internacional, afecta a la actividad de la firma, que hasta ese momento aportaba ambiciosos proyectos de grandes complejos y ciudades sostenibles para Omán, Emiratos Árabes, Jordania y Bulgaria, o rascacielos para Singapur, Rusia, Estados Unidos, Canadá, Malasia, España e Irlanda. Hasta el momento de la crisis estos proyectos pudieron convertirse en realidades, como sucedió con la Pirámide de la Paz (2004-2006) y el complejo Khan Shatyr (2006-2010) en Astana, que protagonizan el paisaje de la nueva capital de Kazajistán, no sucediendo lo mismo con otros grandes proyectos que quedaron aplazados o definitivamente eliminados de la agenda por la firma.

Cuarta etapa: 2007-2017

Con independencia de las circunstancias económicas, Norman Foster en estas fechas afronta el proyecto más ambicioso de toda su carrera profesional. Tal es el proyecto de la ordenación y edificación de la Masdar City de Abu Dhabi (2007-2020), que es la primera ciudad enteramente sostenible del planeta. Semejante proyecto solo puede desarrollarse desde el talento, la tenacidad y la capacidad de trabajo de Norman Foster, que con un equipo de prestigiosos colaboradores que han sabido adoptar el método de trabajo del fundador de la firma, basado en valores, aptitudes y responsabilidades, conforman una gigantesca maquinaria de investigación y producción arquitectónica, trabajando veinticuatro horas al día durante todo el año. En este sentido, la obra más trascendente de Norman Foster quizá sea su propia compañía.

Nueva sede de la compañía APPLE en Silicon Valley (2010-2017)

En el año 2007, tras concluir dos obras indiscutibles en Londres, el espléndido nuevo estadio de Wembley (1996-2007) y la elegante sede de Willis en Livre Street (2001-2007), Norman Foster vendió la mayor parte de las acciones del Estudio a una entidad financiera y a medio centenar de arquitectos de la firma, que ahora son copropietarios de la misma. Nombró director ejecutivo a Mouzhan Majidi, tras una brillante trayectoria en los principales proyectos de la compañía. La crisis económica y financiera de estos años obligó a cerrar las oficinas de Berlín y Estambul, y a reestructurar el resto las sedes de la compañía, teniendo que despedir a cuatrocientos trabajadores en 2009. Una vez reestructurada la plantilla de las oficinas de Foster and Partners y garantizada la continuidad de la empresa gracias al número y envergadura de los trabajos en marcha, sin duda avalados por el crédito profesional de su fundador, Norman Foster fue galardonado ese año con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes.

Prototipo del EDIFICIO DRONEPORT (2015)

Actualmente los socios de Foster and Partners han llevado a efecto una arquitectura más diversa y no por ello menos importante, destacando obras como la ampliación de las bodegas de Chateau Margaux (2009-2015), en los campos de Burdeos, donde se hace concurrir la innovación técnica y el respeto a la historia, lo que también se observa de forma escrupulosa en la rehabilitación del Salón de los Reinos del Palacio del Buen Retiro (2007), que se unirá al conjunto cultural del Museo del Prado de Madrid.

También cabe destacar el respeto a la traza urbana del corazón de la City de Londres, que se recoge en el proyecto de la nueva sede de la compañía Bloomberg (2010-2017), que adquiere su forma de acuerdo con una geometría adaptada al trazado del viario de la ciudad. Asimismo destaca el principio de flexibilidad funcional en el edificio de la Casa de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (2010-2015), inicialmente concebido para el Banco Ciudad de este país argentino, y cuyo proyecto posteriormente se transformó en Ayuntamiento, gracias a la polivalencia, tanto funcional como simbólica, que encerraba su concepción en relación con el Parque Patricios al sur de la capital argentina.

Una de las obras más importantes de la producción reciente de Foster and Partners es la nueva sede de Apple (2010-2017), impulsada inicialmente por Steve Jobs, de forma circular, obra que evoca a la perfección las ideas que persigue la compañía, situada en Silicon Valley en California, y que se desarrolla en un solo edificio que reúne la mayor parte de su programa, reduciendo la huella ecológica frente a la construcción dispersa. Es un edificio eficiente, que libera el ochenta por ciento de su suelo para destinarlo a zonas verdes, conformando un lugar estimulante e inspirador para colaborar, generar ideas y dar forma al futuro en las próximas décadas.

De forma paralela ha llevado a efecto el proyecto del Center Maggie’s (2013-2016) para el tratamiento del cáncer, construido a las afueras del Hospital Christie de Manchester. Es un pequeño edificio, pero no por ello menos interesante, y que entre otros aspectos propone mejorar las condiciones de los enfermos de cáncer a través de la arquitectura y el diseño creando una atmósfera doméstica inmersa en un jardín, donde los enfermos experimentan las propiedades terapéuticas de la jardinería.

Entre los grandes proyectos que actualmente desarrolla Foster and Partners destaca el Aeropuerto de México City (2014), que está conformado mediante una inmensa cubierta ligera de casi medio millón de metros cuadrados, integrando muros y techos en una única forma fluida, que evoca el vuelo. Es un conjunto espacial unitario, que se construye de manera orgánica mediante una ligera piel multifuncional, en lugar de formarse mediante un ensamblaje de piezas complementarias, dando lugar a un edificio espectacular, en el que el espacio libre entre pilares alcanza la longitud de cien metros. La estructura abovedada de acero y vidrio ligero se construye rápidamente mediante un sistema prefabricado, que no requiere encofrados. Los servicios e instalaciones se realizan a nivel del suelo de forma que se libera visualmente toda la piel del conjunto, que se utiliza para captar energía solar, recogiendo el agua de lluvia y proporcionando sombra. También permite el paso de la luz natural y ofrece vistas del exterior, dando lugar a un sistema de ventilación que permite mantener la temperatura confortable sin necesidad de utilizar sistemas climáticos mecánicos.

Aeropuerto de MÉXICO CITY (2014)

También, porque ser de gran interés, queremos reseñar el prototipo del Edificio Droneport (2015) construido en Ruanda, entendiendo este lugar de África como aquellos lugares remotos a los que se deben hacer llegar medicinas y suministros, proponiéndose como posibles catalizadores del desarrollo del continente africano, al plantearse como centros logísticos de distribución. Este edificio está concebido como un «kit de piezas», donde se suministra el encofrado y la maquinaria de prensado, para que se puedan construir fácilmente las estructuras abovedadas de ladrillo, que además se pueden enlazar entre sí, formando espacios flexibles adaptados al lugar.

Por último, comentaremos el proyecto de la Ciudad de Masdar o Masdar City, en ejecución, cuyas obras se iniciaron en 2007. Es una forma de llevar a efecto un nuevo modelo urbano en Oriente Medio, más sostenible, apoyado en el uso de energías limpias alternativas al petróleo, lo que se está ejecutando desde una perspectiva ambiental, en la que se reinterpreta de forma contemporánea, en una superficie de 640 Has., las estrategias medioambientales y los patrones urbanos propios de los asentamientos tradicionales árabes para crear una ciudad sin huella de carbono. La primera fase de este desarrollo corresponde al Instituto Masdar, una dotación universitaria, que se utiliza como banco de pruebas para las tecnologías que serán aplicadas en los futuros edificios. Este proyecto recoge un conjunto de estrategias sostenibles, constituyéndose en una nueva forma de hacer urbanismo, y que en principio puede ser exportable a toda la región del Golfo Pérsico.

Aunque Norman Foster sigue siendo la estrella codiciada por la prensa, los políticos y empresarios, el trabajo de peso de la firma descansa ahora sobre sus competentes sucesores. Desprendido casi totalmente de su faceta de hombre de negocios, quizá Foster encuentra ahora la ocasión para proyectar con mayor libertad y dedicar el tiempo que apenas tuvo hasta ahora para la familia, que formó con Elena Ochoa, con quien se casó en 1996, y con quien tuvo dos hijos, Paula y Eduardo. Comparten un apasionado interés por el mundo del arte. La doctora Ochoa ha dejado atrás su brillante trayectoria docente e investigadora en el campo de la psicología y decidió promover desde la compañía Ivorypress ediciones exclusivas de libros de artistas y también exposiciones multidisciplinares. Lord y Lady Foster viven desde 2008 en Suiza, en un castillo que perteneció al industrial alemán Charles Grohe, aunque mantienen residencia en Londres, Madrid y otras capitales que visitan con frecuencia como consecuencia de sus compromisos profesionales.

LA OBRA ARQUITECTÓNICA DE NORMAN FOSTER EN ESPAÑA

La presencia de la obra de Norman Foster en España responde al distinto interés experimentado por la arquitectura de nuestro país en las últimas décadas, durante la que apenas se ha apreciado la arquitectura de esta naturaleza.

Torre de Telecomunicaciones COLLSEROLA en Barcelona (1991)

El primer trabajo que realizó en España, en 1975, es el Estudio para el Plan Regional de la Isla de La Gomera en Canarias, para lo que hizo un profundo análisis en todos los órdenes de este territorio, proponiendo alternativas para su posible desarrollo. Más tarde, realizó proyectos no estrictamente arquitectónicos, como son los proyectos de la Torre de Telecomunicaciones de Collserola en Barcelona y del Metro de Bilbao, ambos adjudicados en 1988, con lo que se sentaban las bases para la transformación de ambas ciudades. La Torre de Collserola suponía redibujar el horizonte de la Ciudad Condal que al amparo del sueño olímpico de 1992, ya experimentaba la renovación de su fisonomía con arquitectura de sello internacional y con el Metro de Bilbao, en cambio, emprendía una callada revolución que cristalizará años después con la incorporación a la escena urbana de arquitecturas notables comandadas por el Museo Guggenheim de Frank Ghery.

bocana del Metro de BILBAO (1988-1992)

Posteriormente, en 1991, Norman Foster diseña el Masterplan de la Segrera en Barcelona, en el que planeó unas interesantes ideas para la ordenación urbanística de esta barriada de Barcelona. Mas tarde, lleva a cabo el proyecto del Palacio de Congresos de Valencia (1993-98), despertando a esta ciudad de su letargo provinciano, incorporándola a la modernidad, con el edificio que puede ser considerado como el primero construido por Norman Foster en España.

En 1994, Norman Foster proyectó la Torre de Telecomunicaciones de Santiago de Compostela, a la vez que inició los diseños para las estaciones de servicios de carburantes Repsol (1997); y las marquesinas, quioscos y columnas publicitarias de la empresa JC Decaux, especializada en mobiliario urbano, fueron sus siguientes intervenciones en este país, lo que nos ha dejado por todos los rincones de España, destellos de la maestría de este arquitecto inglés.

Después intervino, al igual que otros muchos arquitectos, en el diseño de una planta de habitaciones del Silken Hotel Puerta de América de Madrid (2005), donde posteriormente nos dejó su impronta con la Torre de Cajamadrid, un edificio de 45 plantas y 250 metros de altura, inaugurado en mayo de 2009, que sigue los principios de flexibilidad y participación de anteriores edificios de oficinas en altura de Foster and Partners, y que es una de las cuatro torres construidas en la antigua Ciudad Deportiva del Real Madrid, en Madrid.

Esta misma ciudad también fue escenario de dos nuevos proyectos, uno para el Tribunal Superior y otro para la Audiencia Provincial (2006), hermanados por la forma cilíndrica impuesta por el plan director del nuevo Campus de la Justicia. En ellos Foster propone desarrollar juegos de recubrimientos variables, semejantes a los propuestos para la renovación del Camp Nou de Barcelona (2007). Ambos encargos se encuentran actualmente paralizados por razones de coste y oportunidad.

En este mismo año Foster proyectó la ejecución del Museo de la Aviación de Getafe (2007-2011). Este proyecto, tomó un nuevo impulso y en noviembre de 2009, a través de acuerdo alcanzado entre el Ministerio de Fomento, la compañía AENA, el Ayuntamiento de Getafe, la Fundación Infante de Orleáns y la empresa Eads CASA, se abordó su construcción, que concluyó en 2011. También en 2007 Norman Foster se alzaba con el primer premio del concurso para la Ciudad del Motor de Alcañiz en Teruel, proyecto en el que hace una apuesta por la incorporación de sistemas energéticos sostenibles, y caracterizada por una arquitectura con forma de aeronave posada en un árido emplazamiento. Poco después Foster and Partners participó en el concurso para la Isla de la Innovación de Avilés, que fue adjudicado en julio de 2010 para la redacción de su Plan Especial.

Edificio Torre CAJAMADRID en Madrid (2005-2009)

En torno a 2010 realiza Foster el proyecto para las Bodegas Portia, diseñando un edificio que descansa suavemente en el paisaje y expone con didáctica funcionalidad los procesos de fermentación, envejecimiento y crianza de cada una de las tres unidades que componen su ajustada volumetría estrellada. Frente a los excesivos ejercicios de algunos arquitectos en sus intervenciones en la industria vinícola española, Foster apuesta por el reencuentro con la sencillez conceptual y formal que caracteriza toda su obra.

A partir de estas fechas las noticias sobre Norman Foster se multiplican en la prensa nacional. La notoriedad de su arquitectura y el magnetismo de las personalidades de Lord y Lady Foster despiertan gran interés. Entonces adquirieron y reformaron una vivienda en Madrid, próxima a los despachos profesionales. Foster and Partners gestionan sus proyectos en España desde una oficina situada en el Paseo de la Castellana, mientras que la empresa Ivorypress atiende sus actividades editoriales desde un sobrio local acondicionado en la Calle Comandante Zurita.

En Septiembre de 2009, la complicidad de Norman Foster y Elena Ochoa, fundadores de sus respectivas compañías, propició la celebración en el local de Ivorypress de unas intensas sesiones críticas en el marco de una inolvidable exposición de dibujos originales de Norman Foster. Su mano izquierda ha dejado en multitud de planos y cuadernos el registro íntimo de toda su trayectoria. La contemplación de tan valioso tesoro permite al afortunado espectador entrever las inquietudes de Foster y aproximarse a las claves de su arquitectura.

Recientemente, en 2017, a Norman Foster se le adjudicó el concurso para la Ampliación del Museo del Prado en el Salón de los Reinos del Palacio de Buen Retiro de Madrid, proyectando esta ampliación con un respeto conceptual a la arquitectura preexistente del conjunto, pero expresándose con una lenguaje de la arquitectura actual, lo que esperamos a corto plazo poder contemplar.

COMENTARIO FINAL

La arquitectura de Norman Foster puede entenderse desde la claridad conceptual de sus dibujos que, constituidos por certeros trazos sobre el papel, predicen y resumen la esencia de sus edificios. Arquitectura y dibujo son metáforas recíprocas de fácil comprensión, que nos remiten a la naturaleza de los problemas planteados y de las soluciones aplicadas. El depurado lenguaje gráfico de Norman Foster ha requerido de un intenso aprendizaje y de una práctica continuada que permiten que sus obras, normalmente basadas en complejos desarrollos, se resuelvan finalmente mediante una arquitectura desprovista de artificios.

Foster no plantea aventuras imposibles, ni adopta decisiones gratuitas. Todos los elementos de sus obras están justificados y solucionados técnicamente de forma satisfactoria. Desde la sencillez conceptual de sus planteamientos y el control ejercido durante el proceso del proyecto y la obra, es como la arquitectura de Norman Foster ha mantenido una indiscutible calidad, apoyándose de forma constante en el adecuado uso de la tecnología y en la exclusión de cualquier elemento superfluo en su arquitectura.

En el discurso de la ceremonia de entrega del Premio Pritzker de Arquitectura, que le fué concedido en 1999, Norman Foster resumía el quehacer profesional de su estudio como la conjunción del análisis y la acción, para lo que normalmente realizan un profundo estudio de cada proyecto, de forma previa a la toma de decisiones, con lo que se garantizan que las ideas vayan en la dirección adecuada.

Durante toda la trayectoria de Norman Foster, los consultores han jugado un papel decisivo en sus proyectos. Los ingenieros y fabricantes han colaborado con el arquitecto en cuestiones técnicas y también el diálogo con los usuarios finales de sus edificios, es lo que le ha permitido satisfacer plenamente las necesidades planteadas en los distintos proyectos realizados. De este modo, su arquitectura llega a adquirir una consistencia multidisciplinar imposible de alcanzar sin la concurrencia de las aportaciones de estos colaboradores y de los diseñadores y artistas invitados a actuaciones concretas, así como las de los propios clientes.

Este proceso de trabajo cobra todo su sentido desde la dimensión social, que subyace en la producción arquitectónica de Norman Foster, convencido de que el objeto final de la arquitectura es atender a las necesidades materiales y espirituales de los usuarios finales de sus proyectos. Quizá este sea el principio fundamental del que derivan sus actitudes responsables a la hora de proyectar sus edificios, defendiendo que el entorno que habitamos modifica la calidad de nuestras vidas, con lo que extiende la vertiente social de la arquitectura a todos los ambientes de su expresión. Esta irrenunciable premisa la ha resuelto, en casi todos los casos, con su proverbial decisión de combinar fines sociales y medios técnicos en su arquitectura.

Del mismo modo que analiza hasta el límite los problemas que le plantea cada proyecto, Norman Foster busca la forma más adecuada de hacerles frente, lo que lleva a efecto dese la perspectiva de la optimización y la innovación de los sistemas constructivos, aportando en todos los casos su mejor respuesta.

La arquitectura de Norman Foster no se puede identificar solo por sus espectaculares espacios, sus audaces estructuras o sus impecables acabados, pues en todos sus trabajos se esconde una conciencia ecológica inquebrantable. En todos sus proyectos ha desarrollado soluciones imaginativas para procurar el control medioambiental de sus edificios, contribuyendo al consumo racional de la energía y de la sostenibilidad del planeta, para lo que ha proyectado diseños estructurales que minimizan en la medida de lo posible el material a utilizar, cerramientos que reducen ganancias y pedidas térmicas con sofisticados vidrios, celosías o reflectores para el control lumínico, sencillos sistemas de ventilación natural, de materiales reciclados… también ha propuesto sistemas de producción energética con biocombustibles o reutilización del agua, todo ello para procurar la interacción de las soluciones arquitectónicas pasivas y los sistemas activos, que ha conjugado con especial maestría a lo largo de toda su obra.

La atenta observación del contexto en sus obras, ha permitido a Norman Foster alzarse con numerosos premios y encargos de planes urbanísticos, así como con proyectos singulares, que han dado lugar a aportaciones positivas para el ciudadano mediante la recuperación de espacios públicos, para lo que ha estudiado tanto las condiciones iniciales de cada proyecto como el destino social de su arquitectura, para lo que realiza el análisis de la naturaleza, la historia y la cultura de cada emplazamiento, lo que le sirve de guía para la toma de decisiones y, en algunos casos, ha sido la fuente de inspiración de las soluciones adoptadas.

Cuando el Centro George Pompidou de París abrió sus puertas en 1977, comenzó a hablarse abiertamente de arquitectura high-tech, una corriente que en los medios profesionales se venían reconociendo como seña de identidad de un reducido grupo de arquitectos seducidos por cierta expresión tecnológica, no siempre bien entendida. Además de Renzo Piano y Richard Rogers, autores de esta prodigiosa obra parisina, los arquitectos Nicholas Grimskaw, Michael Hopkings, Helmut Schultz, Future Systems, Helmut Jahn y Norman Foster, entre otros, suelen ser considerados integrantes de este movimiento. Mientras que la obra de Renzo Piano y Richard Rogers encarna la expresión más manierista del high-tech, esta etiqueta no parece ajustarse tanto a la obra de Norman Foster, aunque de alguna forma ha aceptado tan simplificada clasificación, a la que los críticos de la arquitectura lo incorporan como consecuencia de su pasión por la innovación tecnológica, que no responden a cuestiones de estilo, pues son consecuencia de su rigurosa metodología de trabajo.

Cuando Norman Foster construye la Torre del Banco de Hong Kong y Shanghai (1986), el debate arquitectónico giraba en torno a la continuidad del postmodernismo agonizante, corriente que tuvo en la Torre AT &T de New York (1984) su particular canto de cisne. El edificio de Philip Johnson y John Burgee, que es consecuencia del acostumbrado esquema de los rascacielos neoyorquinos, aunque adscrito al repertorio estilístico postmoderno, mientras que esta torre, proyectada dos años después, reinventa para Hong Kong esta tipología arquitectónica al eliminar el núcleo central y trasladar la estructura al exterior, lo que permitía una flexibilidad y transparencia en su interior nunca lograda hasta entonces en la arquitectura de la edificación en torre. Esta nueva conceptualización afecta por tanto a la esencia del edificio, no sólo a su apariencia, sino también a su funcionalidad. No obstante, una lectura superficial por buena parte de la crítica internacional convirtió la obra de Hong Kong en el ejemplo más sobresaliente de la arquitectura higt-tech, situándola incluso por encima del magnífico Centre Pompidou de Renzo Piano y Richard Rogers.

Hablar hoy de high-tech supone hablar de arquitectura en general, pues aquella inicial pasión por las formas de apariencia industrial ha derivado en la alta tecnología que sustenta los nuevos sistemas constructivos y la realización de formas sorprendentes, lo que es el verdadero sentido de la aplicación tecnológica en la concepción y construcción de edificios, y que constituye un ámbito de actuación de la arquitectura en el que Norman Foster ha sido pionero. Entendida así esta arquitectura tecnológica, podría asegurarse que la obra de Norman Foster es comprometidamente high-tech, pues trata de obtener en cada ocasión el máximo rendimiento de los sistemas y materiales en cada proyecto.

Pero la arquitectura de Norman Foster, en ningún caso puede calificarse de estrictamente tecnológica, pues como hemos indicado ha tenido como constante actuacional, a lo largo de toda su carrera, una permanente inquietud medioambiental, que de una forma u otra ha trasladado a todos sus proyectos, lo que unido a una ambición utópica o futurista, que determina su personalidad, ha dado lugar a la generación de una arquitectura plena de modernidad y en cierto modo rompedoramente vanguardista.

Cualquier intento de calificar desde la estética aparente su vasta producción arquitectónica resulta inconsistente, sencillamente porque las cuestiones de estilo no encajan con el método de trabajo de este arquitecto británico. Mientras que arquitectos tan conocidos como Frank Gehry, Zaha Hadid o Richard Meier firman sus obras con un sello inconfundible, los aspectos más visibles de la arquitectura de Norman Foster apenas delatan su autoría, pues su obra no se reconoce por su aspecto exterior, sino por la experiencia de habitar los lugares proyectados, en general de máxima calidad espacial, funcional y medioambiental, de forma que su verdadero estilo no es otro que la búsqueda de la excelencia en todos sus proyectos.

Para finalizar este trabajo, a modo de síntesis, solo se me ocurre decir que el trabajo desarrollado por Norman Foster a lo largo de toda su trayectoria ha proporcionado a la arquitectura contemporánea magníficas realizaciones, cuya trascendencia sobrepasa el ámbito propio de cada una de ellas. Su robusto método de análisis y trabajo implica una profundización sin límites acerca de cómo deben ser una oficina, un museo o un aeropuerto. De modo deliberado o inconsciente, las respuestas a tales cuestiones afectan al modelo general de las distintas tipologías arquitectónicas, pues algunas de sus intervenciones constituyen la redefinición de determinados tipos arquitectónicos, de forma que sus obras elevan a Norman Foster a la categoría de maestro, distinguiéndose así de otros grandes arquitectos contemporáneos, por su enorme personalidad y por la incuestionable calidad de su obra arquitectónica.
Málaga, 18 de abril de 2018

El mosaico de la Gorgona de la villa romana de Río Verde, restaurado

  • Pedro Rodriguez Oliva
  • Publicado en la sección 03 Colaboraciones de Académicos © 
  • Anuario 2017. Segunda Época (descargar pdf) 

E

n el anterior número de este Anuario1 así como en otra reciente publicación sobre villas romanas de Andalucía2 me he referido al grave atentado contra el patrimonio que ocurrió en la villa romana de Río Verde (Marbella) en enero de 20163, un monumento arqueológico declarado Bien de Interés Cultural en 20134 y donde un inexplicable acto vandálico produjo la destrucción del tema figurado de la Gorgona y de una de las cuatro anátidas que le rodeaban en el mosaico que pavimenta la única habitación del lado norte del pseudoperistilo en torno al cual se articulan todas las estancias abiertas a este espacio central de la pars dominica de esta villa. Se trata de una habitación cuadrada de unos tres metros de lado cuyo pavimento es todo de mosaico y en cuyo umbral, sobre tesellae de caliza blanca, aparecen dos roleos en negro rematados con hojas de hiedra que tienen su arranque en una esquemática representación de acanto5.

Carlos Posac Mon y Fernando Alcalá Marín

Se da la circunstancia de que fue precisamente este mosaico uno de los primeros que en el yacimiento descubrieron Carlos Posac Mon (1922-2015) y Fernando Alcalá Marín (1920-2006) tras las iniciales excavaciones que, patrocinadas por el Ayuntamiento marbellí, ambos hicieron en agosto de 19606 y que en el siguiente verano de 1961 dieron lugar al descubrimiento de varias habitaciones de la villa7 y a su rica serie de pavimentos musivos de carácter geométrico8.

Círculo central del mosaico

Ese mosaico, además, es el único polícromo de los varios que existen en esta construcción doméstica9 y, sin duda, uno de los más conocidos de entre los numerosos que ofrecen los suelos de esta villa romana10. La disposición geométrica en que se han encajado los varios temas figurados que este mosaico ofrece (y a los que luego nos referiremos) , conforma lo que se ha venido en denominar, entre las más comunes composiciones geométricas en la generalidad de los mosaicos romanos, un «esquema a compás»11, una composición de origen itálico usada normalmente en mosaicos bícromos blanco-negro del siglo II d.C. que en otros ejemplos de la Bética, como es el caso de este de Marbella, presenta toques de policromía. Está contenido dentro de un cuadrado de triple línea negra sobre fondo blanco y en sus ángulos se insertan cuatro cuartos de círculo, otros tantos semicírculos en sus lados y una circunferencia que ocupa el centro. El espacio central adopta en el mosaico marbellí la forma de un clipeum en el que, a manera de umbo, se ha colocado un gorgoneion, es decir, la cabeza de Medusa, ese personaje mitológico que era la menor de la trinidad de las Gorgonas, cuya mirada petrificaba a quienes la cruzaban con la suya hasta que Perseo logró decapitarla con la ayuda de Atenea12. El emblema central con ese gorgoneion, pese a su policromía no consigue disipar la tosquedad de las facciones del ser mítico representado, que se muestra con ralos cabellos serpentiformes y, simétricamente a ambos lados, con sendas parejas de serpientes en las que se han marcado los ojos en blanco y negro, ofidios estos mismos que bajo el cuello de la Gorgona se presentan en forma de pareja acolada cuyas cabezas se identifican por un toque negro con el que se marcan sus cuencas oculares. En torno al círculo central que envuelve el rostro de Medusa hay unos adornos arborescentes, una decoración vegetal en disposición geométrica que ha sido elaborada con teselas de cerámica en las que en el momento de su descubrimiento aún era posible distinguir restos de la pintura que originalmente las coloreaba13. En el interior de los cuatro espacios semicirculares que hay en cada una de las esquinas, se alternan motivos de jarros y cráteras de los que salen una pareja de simétricos tallos circulares rematados en hojas. Los otros cuatro semicírculos en el centro de esos lados cobijan un motivo que se repite de dos en dos y que es el de una pareja de aves afrontadas picoteando unas ramas. Entre los semicírculos y el círculo central hay otros cuatro menores con figuras polícromas de patos colocados sobre unas esquemáticas ramas.

Destrucción de los elementos centrales del mosaico

Se daba la circunstancia además de que, después de tantas décadas con el yacimiento al aire libre aunque cercado, el Ayuntamiento de Marbella había promocionado, no hacía mucho y para su mejor protección, una intervención arquitectónica en este edificio romano en el que, entre fines de 2008 y febrero de 2009, se había realizado una completa limpieza y, a la espera de una definitiva intervención que protegiera a cubierto el yacimiento, los restos arqueológicos se taparon con un geotextil y una fuerte capa de grava14. No mucho después, el consistorio marbellí con la ayuda de una subvención del fondo del uno por ciento cultural del Ministerio de Fomento promovió un concurso que se adjudicó a la empresa Yamur Arquitectura y Arqueología S. L. y que, entre agosto de 2012 y enero de 2013, tras una adecuada limpieza y consolidación de todos los elementos la villa, dejó al monumento dentro de un más cuidado y moderno cerramiento y bajo una muy bien diseñada cubierta de chapa de acero que se apoya en ligeros pilares metálicos y dotándolo, asimismo, de diversas pasarelas que ordenan el recorrido de los visitantes15. Pero, por desgracia, tales medidas de protección, que se inauguraron en el mes de mayo de 2013, no sirvieron para evitar la salvaje destrucción de esos dos elementos figurados en este mosaico a los que nos estamos refiriendo.

Nada más conocerse el daño producido en el mosaico, los correspondientes servicios técnicos municipales del área de Cultura del Ayuntamiento de Marbella procedieron a la cuidada y exhaustiva recogida de las teselas que aparecían desperdigadas por toda la habitación y por las zonas aledañas, logrando recuperar hasta «775 blancas, 104 de color negro y apenas una decena de teselas policromadas» del total de las que debieron ocupar el espacio afectado, que se calculó mediante análisis fotográficos que debió estar originalmente ocupado por unas 2010 teselas y de las que de las de color de la cabeza de Medusa (gris, amarillo, rojo, rosa, ocre y salmón) sólo pudieron recuperarse alrededor de un diez por ciento16. También el Ayuntamiento de Marbella con la colaboración de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía inició pronto una serie de gestiones destinadas a buscar a técnicos especialistas que restituyeran las zonas que habían sido dañadas en el mosaico de la Medusa. Los trámites administrativos para la adjudicación de esas tareas de restauración a una de las varias empresas especializadas que optaron al concurso, y las pertinentes autorizaciones y controles de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía necesarios para ello, llevaron un cierto tiempo hasta que en el mes de octubre de este año se aprobó el proyecto presentado por el taller Menia Restauración & Patrimonio de Fuengirola.

El equipo multidisciplinar de esa empresa de conservación y restauración del patrimonio cultural, dirigido por la restauradora Cristina Moreno Prieto y del que, entre técnicos de restauración de diferentes especialidades y arqueólogos, han formado parte una decena de especialistas, entre ellos la restauradora Margarita Olmo Valle y el arqueólogo Miguel Vila Oblitas, comenzó sus trabajos en los primeros días del pasado noviembre 201717 habiendo durado las labores tres meses hasta su finalización en enero de 2018. El pasado 25 de enero las responsables del taller Menia Restauración, Marga Olmo y Cristina Moreno, hicieron una presentación in situ para explicar con detalle todos los pasos seguidos para la restauración del mosaico de la Medusa, visita a la que, en nombre de nuestra Real Academia, asistió el numerario que emite este informe. Ambas restauradoras dieron detallada cuenta de los trabajos realizados, mostrando con proyección de imágenes los diversos y graves daños que presentaba el mosaico antes de su intervención18. Relataron la dificultosa y compleja selección e identificación de las teselas recuperadas tras el expolio, de la limpieza general que hubieron de realizar en el mosaico y de los trabajos de consolidación de los bordes del tapete musivo que, en algunos sitios, como era el caso de su lado superior derecho, estaba gravemente afectado.

Reintegración de teselas originales. Colocación
y fijación con capa de mortero

Informaron después del complejo proceso de reintegración de teselas originales recuperadas, sueltas o en bloque, con la previa localización (por comparaciones fotográficas en color) del lugar que cada una ocupaba en el mosaico y su colocación en el sitio en que estuvieron mediante su fijación con una capa de mortero.

Tras esa colocación quedaron en clara evidencia las grandes pérdidas sufridas, fundamentalmente en la cara de la Medusa en la que faltaba casi el noventa por ciento del total original y cuyas teselas eran de caliza blanca, cerámica, pizarra y pasta vítrea. Finalmente, para el reintegro con teselas no originales de los espacios vacíos, se procedió a rellenar aquellas lagunas con una capa de mortero de resina sobre la que, con las plantillas obtenidas de fotografías del original perdido, se marcaron los perfiles de las teselas desaparecidas a las que, una vez conseguida la forma original que aquellas tenían, aunque con un ligero menor volumen para diferenciarlas de las originales, se procedió a la última intervención consistente en dar color a las falsas teselas mediante un proceso de pigmentado cercano a los colores originales aunque en un tono más bajo para así cumplir las normas legales que regulan este tipo de trabajos de restauración que obligan a la diferenciación de lo moderno añadido frente al original antiguo.

Reintegro de teselas no originales. Marca de perfiles de las teselas desaparecidas

Reintegro de teselas no originales. Se da color a las falsas teselas mediante proceso de pigmentado

Estas labores de restauración han permitido paliar —si es que ello fuera posible— el inmenso daño causado por el expolio de este singular monumento arqueológico, una obra arqueológica singular de hacia los comienzos del siglo II d.C. para cuya protección los responsables municipales de Cultura han dotado ahora al monumento de una mejor iluminación de la zona, de cámaras de vídeo-vigilancia y de un próximo reforzamiento del vallado perimetral que dificulte el acceso al monumento fuera de los horarios oficiales.

NOTAS Y BIBLIOGRAFÍA

1 RODRÍGUEZ OLIVA, Pedro, «Homenaje póstumo de la ciudad de Marbella a D. Carlos Posac Mon (Tarragona, 1922-Fuengirola, Málaga, 2015)», Anuario de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, 16, 2016, p. 378.

2 RODRÍGUEZ OLIVA, Pedro y BELTRÁN FORTES, José, «Río Verde (Marbella, Málaga)», en R. Hidalgo Prieto (Coord.), Las villas romanas de la Bética, vol. II. Catálogo, Sevilla, 2016, p. 573.

3 Sur, Málaga, 13 enero 2016; ABC Andalucía, 13 enero 2016; La Vanguardia, 13 enero 2016.

4 Decreto 76/2007, de 13 de marzo, por el que se declara Bien de Interés Cultural, con la Categoría de Zona Arqueológica, el yacimiento denominado Villa Romana de Río Verde, en Marbella (Málaga), B. O. J. A. de 10/04/2007, pp. 80-83.

5 POSAC MON, Carlos, Guía arqueológica de Marbella, Málaga, Ayuntamiento de Marbella, 1972, pp. 28-31; POSAC MON, Carlos, Guía arqueológica de Marbella, Málaga, Ayuntamiento de Marbella, 1983, pp. 14-18.

6 ALCALÁ MARÍN, Fernando y POSAC MON, Carlos, «Un mosaico romano de Marbella» AEspA XXXV, 1962, pp. 176-181; ALCALÁ MARÍN, Fernando, Crónica de Marbella. Historias, tradiciones, leyendas y algunas cosas más, Marbella, Ayuntamiento de Marbella, 2006, pp. 102-104.

7 Diario Sur, Málaga, 9 septiembre 1961, p. 10.

8 POSAC MON, Carlos y POSAC JIMÉNEZ, Mª Dolores, La villa romana de Río Verde, Marbella, Ayuntamiento de Marbella, 2012, pp. 20-23.

9 BLÁZQUEZ, José María, Mosaicos romanos de Córdoba, Jaén y Málaga, Corpus de Mosaicos Romanos de España III, Madrid, 1981, p. 83, lám. 67; MONDELO PARDO, Rita, «Mosaicos ornamentales de la villa romana de Marbella. I», Mainake IV-V, 1982-1983, pp. 173-180.

10 GARCÍA BELLIDO, Antonio, «El mosaico de tema culinario de Marbella», Latomus 103 (Hommages á Marcel Renard, III), 1969, pp. 241-246; POSAC MON, Carlos, Las anclas del mosaico de Río Verde (Málaga), Ancorae Antiquae III, Ceuta, 1979; BALIL ILLANA, Alberto, «Un bodegón en mosaico hallado en Marbella (Málaga)», Baetica, 6, 1983, pp. 159-174; BALIL ILLANA, Alberto, «Un bodegón en mosaico hallado en Marbella (Málaga). II: De la alegoría y el simbolismo a la ornamentación», Baetica, 7, 1984, pp. 109-111; MONDELO PARDO, Rita, «Mosaicos ornamentales…», cit., pp. 173-190; MONDELO PARDO, Rita, «Mosaicos ornamentales de la villa romana de Marbella. II», Mainake VI-VII, 1984-1985, pp. 121-130.

11 FERNÁNDEZ GALIANO, Dimas, Mosaicos hispánicos de esquema a compás, Guadalajara, 1980, pp. 36-37, fig. 10; MONDELO PARDO, Rita, «Mosaicos ornamentales…», cit., 173-180; BLAZQUEZ, José María, Mosaicos romanos…, cit. 83, fig. 22, lám. 65.

12 POSAC MON, Carlos, «Las leyendas clásicas vinculadas con las tierras del Mogreb», Cuadernos de la Biblioteca Española de Tetuán, 1, 1964, pp. 26-30.

13 POSAC MON, Carlos, El mosaico romano de Marbella, Málaga, Caja de Ahorros de Málaga, 1963, p. 9; POSAC MON, Carlos, «La villa romana de Marbella», Noticiario Arqueológico Hispánico. Arqueología, I, 1972, pp. 102-103; POSAC MON, Carlos y POSAC JIMÉNEZ, Mª Dolores, La villa…, cit., pp. 46-48, 70-75.

14 PÉREZ-MALUMBRE LANDA, Alejandro, «El patrimonio arqueológico en Marbella. Algunas reflexiones», I Jornadas del Patrimonio Histórico Local de Marbella, Asociación Cilniana, Marbella, 2000, pp. 30-32; LOBÓN Y MARTÍN, Rafael L., «Consideraciones previas a una intervención de protección y/o cubrición de la Villa Romana de Río Verde, Marbella», Cilniana 20/21, 2007-2008, pp. 175-182; HIRALDO AGUILERA, Ramón F., Actividad arqueológica puntual. Trabajos de conservación y mantenimiento en la villa romana de Río Verde (Marbella, Málaga). Informe depositado en Ayuntamiento de Marbella. (inédito), 2009.

15 GARCÍA VILLALOBOS, Salvador; GURRIARÁN DAZA, Pedro e HIRALDO AGUILERA, Ramón F., «La villa romana de Río Verde. Proyecto de cubrición y seguimiento arqueológico de las obras (Marbella, Málaga)», Cilniana 24-25, 2011-2013, pp. 15-30; VELÁZQUEZ ROJAS, Marta, «Intervenciones arquitectónicas en villas romanas de Andalucía», Romula 12-13, 2013-2014, pp. 503-560.

16 Sur, Málaga, 10 marzo 2016; Málaga Hoy, 29 mayo 2017.

17 La Opinión de Málaga, 2 noviembre 2017; Sur, Marbella, 3 noviembre 2017.

18 MORENO PRIETO, Cristina, OLMO VALLE, Margarita y VILA OBLITAS, Miguel, Memoria preliminar de la actividad arqueológica puntual: Conservación, consolidación y restauración del Mosaico de la Medusa en el B.I.C. Villa romana de Río Verde, T. M. de Marbella, informe administrativo depositado en febrero de 2018 en la Delegación Territorial de Cultura de la Junta de Andalucía en Málaga.