42. TIEMPOS DE UTOPÍAS RAZONABLES (V)
Dº Francisco Carrillo Montesinos
Académico Emérito +

42

lunes
1 junio
2020

días de la pandemia / 42
Dº Francisco Carrillo Montesinos, Académico Emérito

TIEMPOS DE UTOPÍAS RAZONABLES (V)

Caen los sueños uno a uno
y la sangre se estremece.
EUGÉNIO DE ANDRADE

               

De los sueños caídos siempre renacieron nuevas ensoñaciones. Así fue cuando una descolocada teja de la techumbre del pórtico se deslizó por el viento y quebró el ánfora vitrificada que señalaba el paso al atrio de los gentiles. Fue restaurada y se convirtió en un mosaico de Gaudí. Ya no era lo que era antes. No podía serlo. El restaurador o la restauradora la había reconvertido simulando mantener la estructura original, recreando a su vez centenares, miles, de micropartículas que habían desaparecido en un genuino proceso de pulverización. Probablemente era ánfora de pasta de vidrio creada a fuego en el horno púnico -hoy revestido de una pátina color esmeralda- de la colina de Byrsa que domina Cartago. En realidad, la restauración se tradujo en una dolorosa reconversión, incluso estructural, porque la estructura resultante ya no era la que era antes. El día después de la COVID-19, cuando desaparezca como desaparecieron todas las epidemias y pandemias aunque los virus se mantengan semidormidos en nuestro entorno, viviremos días, meses, años, de un decrecimiento considerable de los modelos de sociedades del bienestar, una caída del poder adquisitivo, una inmensa sombra real de desempleo y cierre de pequeños y medianos negocios, una fragmentación de la mundialización, una extensión del hambre y pobreza y, por ende, de la inmunidad de la salud poblacional. Y se hablará del necesario cambio de estructuras, así como de las reconversiones económicas, sociales y mentales. Más de cuatro mil millones de habitantes siguen confinados sin alteridad y nuevas fronteras síquicas delimitan el tiempo y el espacio. La práctica totalidad de la economía está enquistada aunque “desescalándose” con ecos científicos de posibles rebrotes tras el purgatorio dantesco que busca a Bice desesperadamente. La reflexión prospectiva no puede ser de optimismo desabrido. Teresa de Ávila, ¿cómo es posible que Nada te turbe en medio de una larga noche oscura, aunque las utopías razonables amortigüen la duda?

     El sentido de la belleza busca también su reajuste. El gozo parece estar petrificado de repente. Al disfrute del encuentro en el que descubríamos la convivialidad de ida y vuelta se le ha impuesto barreras y máscaras como en la triste Venecia de la peste negra. El Planeta se ha convertido en un pabellón de infecciosos mientras no demuestren lo contrario. Se desbordan el ethos y el pathos en las narraciones de la nueva realidad que inundan la conciencia narrativa. Sin embargo, de esa misma realidad emergen innumerables cadenas de solidaridad que el ser humano no puede ponerlas en cuarentena porque dejaríamos de ser humanos. Esta constatación ontológica ha acompañado siempre, en momentos aciagos y en momentos de bonanza, a la humanidad en marcha. Dimensión de las personas en acción que definen la misma razón de ser y que en su conjunto trasciende al mismo ser. Lo hace trascendente porque la solidaridad y la compasión en el mundo que vivimos no son activos hegemónicos que cotizan en Bolsa sino dimensiones arraigadas en el diseño del propio ser humano, cuyo uso de la libertad puede convertirlo en pertinaz insolidario. ¿Por qué Ana Botín, presidenta de uno de los primeros bancos del mundo, ha afirmado que “la solidaridad no es caridad”? (EL PAÍS, 16/5/2020). Porque bien sabe que ambas acciones, aquí y ahora, hoy, se complementan con carácter de urgencia. Cierto es, por otro lado, que en las situaciones de catástrofes hay quienes se aprovechan de los males ajenos, máxime en unas coordenadas de globalización y de ausencia de regulación de la cantidad y de la calidad. (Producción de mascarillas que no protegen, producción de tests que no son válidos, especulación en los mercados, subida incontrolada de los precios de bienes de primera necesidad e, incluso, de productos para la higiene necesaria, etc.). La COVID-19 ha incrementado desorbitadamente las desigualdades sociales y económicas, lo que requiere sin la menor duda las intervenciones intensivas de los poderes públicos, así como la movilización del sector privado, ya que no estamos en la Edad Media y las informaciones que nos llegan en tiempo real son portadoras de inquietud grande.

     Es muy probable que las valoraciones de las nuevas motivaciones para el consumo de bienes y de objetos nos descubran cambios sustanciales. Se dará más valor a la vida que al objeto. Se dará más valor a la seguridad personal que a las demandas de hipotecas. (Un hecho significativo apenas tratado por los medios de comunicación: los que pueden, han regresado a la compra de lingotes de oro en el silencio de la transacción. ¿Regresa el patrón oro?). Se dará más valor a la dignidad de la persona humana que a la persona como objeto de cambio en las relaciones económicas y laborales. No cabe la menor duda que la pandemia ha abierta la caja de Pandora cuyos efectos podremos constatar a lo largo de los próximos diez años. Ha abierto también un inmenso campo al pensamiento y a la filosofía que intentarán reflexionar, a veces en tensión dialéctica con algunos diseños económicos y financieros, sobre las crisis abiertas en casi todas las sociedades del mundo y sobre las eternas preguntas: ¿quiénes somos?, ¿para qué estamos aquí?, ¿a dónde nos dirigimos?, ¿a dónde iremos después de morir? También hay un campo abonado para los urbanistas, que deberían tener voz para aconsejar las mutaciones y reformas que serán necesarias en la reorganización del territorio y el concepto de ciudad que, al sobrevolarlas, o al pasearlas, constatamos fracturas sociales en el hábitat que se guardaban en el cajón de los silencios. Será necesario revisar la dicotomía centro-periferias de las aglomeraciones urbanas. El mundo periurbano soporta el mayor peso de los desequilibrios sociales y económicos. Las ciudades fueron los principales focos epidémicos. Dicen que el metro de Nueva York fue el principal agente de contagio. Como no todo puede ser utopía razonable, parecería socialmente urgente abordar en pospandemia un real policentrismo de las ciudades para que el ciudadano se sienta igual en bienes y servicios, incluidos los culturales y los sanitarios de proximidad, como igual lo es a la hora de nacer o a la hora de morir. ¿Se está a tiempo de descentralizar las zonas urbanas a los arrabales rurales con alternativas de diseño horizontal como alternativa a la construcción vertical? El ser humano, hoy como ayer, necesita recuperar su papel de elemento de la naturaleza. Probablemente la sentencia medieval de que la ciudad nos hace libres debería revisarse con los datos en mano de la actual pandemia, del cambio climático y de un eventual conflicto nuclear o químico. La ciudad aglomera cantidad y suele olvidarse de la calidad de todos y de cada uno de sus habitantes. Y recurre a Santa Bárbara cuando se desencadenan rayos y tormentas devastadoras.

    La COVID-19 no ha detenido la carrera de armamentos, los viajes al espacio, las pruebas nucleares, las acciones del terrorismo yihadista, el tráfico de drogas, las mafias que controlan la emigración (aunque el coronavirus ha hecho descender la intensidad), el mercadeo mundial de productos sanitarios falsos y no contrastados, la relación de fuerzas entre las grandes potencias, en particular Estados Unidos y China. Uno de los aspectos  más escabrosos podría ser el secreto de laboratorio e industrias en la elaboración, ulterior producción y distribución a miles de millones de personal de la vacuna (o las vacunas) y de los fármacos para un eventual tratamiento de la enfermedad. Dos grandes polos en competición, China y Estados Unidos, a los que podríamos añadir países de la Unión Europea que despierta y también Israel. Asunto de patentes y de miles de millones de beneficio en perspectiva. ¿Cómo es posible, ante una pandemia tan letal que sigue extendiéndose por el planeta, que este tipo de competitividad y secreto industrial esté condicionando los recursos de la ciencia, de la investigación básica, de la industria y de los circuitos de distribución y venta? ¿Qué poder regulador a escala mundial tendría autoridad moral y política para que vacuna y fármaco, cuando lleguen, sigan los criterios de una justicia distributiva con “precios políticos” y que no sean objeto de una especulación en el mercado global que penalizaría a más de la mitad de la población mundial? ¿Acaso estamos informados que tres mil millones de habitantes no disponen de agua potable ni de jabón para lavarse las manos? ¿Cómo esos tres mil millones, más los que se añaden hoy por la grave crisis económica y social que nos azota, van a poder pagar la vacuna y el fármaco? Y cabría preguntarse también si esa enorme población mundial desfavorecida dispondrá de una estructura sanitaria de diagnóstico, de un médico, de un asistente sanitario, incluso de un misionero, para ser vacunada (siempre que les llegue a tiempo la vacuna), para ser beneficiaria del fármaco (siempre que el fármaco también les llegue). ¿Quién pagará toda esta campaña mundial que esperamos esté próxima? La COVID-19 ha puesto en evidencia los grandes desequilibrios y desigualdades terrenales. Ivan Illich, que era un filósofo soñador con los pies en la tierra y talante de profeta, en uno de sus libros hacía referencia a ciertos medicamentos que se distribuían en el llamado Tercer Mundo y que eran prácticamente placebos producidos a muy bajo costo. Es decir, algunas mafias engañaban y comercializaban aspirina y penicilina que no eran ni aspirina ni penicilina. Las personas no sanaban y muchas terminaban muriendo. Hace años, lo encontré en Brasil en donde yo estaba destinado y en donde él vivía. Le pregunté: ¿todo esto es cierto? Y me respondió: lamentablemente todo esto es cierto. Y reflexioné: muchas vidas humanas entran en el cesto de las mercaderías prematuramente perecederas. 

En estos momentos de fuertes confrontaciones poliédricas, afirmar que la “solidaridad no es caridad”, como lo dijo Ana Botín, me parece resultado de uno de los más finos análisis que, como persona y financiera, se ha hecho en plena crisis mundial. El mundo de la economía y de las finanzas no incluyó a la solidaridad ni como un factor ni como un valor cotizable. (El ejemplo más patente, los Estados Unidos). Sin embargo, Ana Botín ha tenido la inteligencia y la sensibilidad de incorporarla a ese mundo desde su posición destacada y destacable. E interpreto que al afirmar que la “solidaridad no es caridad”, está poniendo en valor dos caras de la misma moneda de la acción necesaria y de reconstrucción y justicia distributiva en función del interés general y del bien común de las personas concretas que conviven en la sociedad española que atraviesa momentos trágicos. Pienso que la declaración de Ana Botín, presidenta del Santander, sienta una nueva doctrina en la teoría y en la política económica con lógica repercusión en la política de rentas, más allá de las obras sociales de las entidades bancarias.

(1 junio 2020)
Francisco Carrillo Montesinos

40. LAS GRANDES PANDEMIAS Y SU INFLUENCIA SOBRE LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD
Dº Elías de Mateo Avilés
Académico de Número y Vicepresidente +

40

lunes
25 mayo
2020

días de la pandemia / 40
Dº Elías de Mateo Avilés, Académico de Número y Vicepresidente

LAS GRANDES PANDEMIAS Y SU INFLUENCIA SOBRE LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD

Las pandemias, con su rastro de horror, muerte, sufrimiento y ruina han acompañado siempre a las sociedades humanas desde los orígenes de la civilización. Hasta ahora, los historiadores habían dado poca importancia a su influencia en el devenir de las sociedades humanas, salvo, quizás, la Peste Negra del siglo XIV. Con bastante probabilidad, las pandemias resultaron decisivas para torcer, en demasiadas ocasiones y en sentido negativo el curso de la historia.

La decadencia y caída del Imperio Romano, junto a otras numerosas causas, hay que explicarla, también, por la influencia de la llamada Peste Antonina, de finales del siglo II. Al freno de la expansión del Imperio Bizantino en el siglo VI y a la posterior expansión del Islam debió contribuir, en gran medida, la llamada Plaga de Justiniano. Y al abrupto final del esplendor de la Cristiandad occidental medieval durante los siglos XI, XII y XIII, la Peste Negra del siglo XIV.

Habría que analizar si la Gripe de 1918 contribuyó, más de lo que pensamos, a retrasar y a lastrar la recuperación de Europa tras la I Guerra Mundial, y, por tanto, lejanamente, al surgimiento de la crisis de los años 30, de los fascismos y al desencadenamiento de la II Guerra Mundial.

Es posible distinguir una gran pandemia, como la actual, que surge de pronto, se extiende rápidamente alcanzando una gran extensión geográfica y causa en poco tiempo un alto índice de contagios y una mortandad que puede alcanzar millones de víctimas con los brotes recurrentes e importantísimos de enfermedades infecciosas que han acompañado a los seres humanos durante siglos e incluso milenios, como la tuberculosis, la sífilis, la polio o, incluso, la viruela y que han causado, también muchísimas víctimas y sufrimientos.

Parece confirmarse por lo que está ocurriendo en el mundo en este año 2020 que las pandemias similares a la actual surgen casi siempre en China. Así sucedió en los casos de la Peste Antonina, de la Plaga de Justiniano, de la Peste Negra y, quizás, de la Gripe de 1918. Las tres primeras llegaron al mundo mediterráneo y al resto de Europa a través de la Ruta de la Seda, bien a través de su vía terrestre, bien a través de la marítima. En el caso de la Gripe de 1918 hoy más que nunca no debe descartarse que fuese traída a Europa por los trabajadores chinos desplazados con motivo de la I Guerra Mundial.

Es casi seguro que este tipo de catástrofes siempre surgen en el momento en que tenemos un mundo profundamente interconectado y con sociedades en el momento cumbre de su esplendor económico y social, con un importantísimo trasiego de mercancías y personas a largas distancias.


39. TIEMPOS DE UTOPÍAS RAZONABLES (IV)
Dº Francisco Carrillo Montesinos
Académico Emérito +

39

lunes
25 mayo
2020

días de la pandemia / 39
Dº Francisco Carrillo Montesinos, Académico Emérito

TIEMPOS DE UTOPÍAS RAZONABLES (IV)

La muerte simplemente le llegó
como se hace la noche cuando se marcha el día
VICTOR HUGO
                                                                                

Hoy la sombra negra de la Tierra es la que ilumina el universo y es la que aprisiona la empatía del abrazo. Negrura, horror, espanto, miedo. Espera en la esperanza en las batas blancas y en los microscopios electrónicos o en el mensaje sobre nuestro propio terruño de la gran mística Teresa de Ávila cuando exclamó «Nada te turbe». El sol y la luna se han revestido de luto. En el mundo se hizo el silencio. Las calles y las plazas del mapamundi están vacías porque la vida quedó confinada en sus aposentos para protegerse de una amenaza viral que hace estragos y que genera un pavor universal. En Navidades, hace apenas unos meses, este escenario desolador era inimaginable salvo en los guiones de la ciencia ficción. 

Miles de millones de personas concretas sienten el terror del silencio y el rechazo a los plazos indefinidos de la muerte y de la vida. Miles de millones de personas con sus propias cosmogonías, culturas y creencias, se preguntan ¿por qué aquí y ahora cuando la humanidad y las sociedades del bienestar o del no bienestar pensaban que, todos juntos, éramos invencibles e inmunes, gracias al poder acumulado de ciencia, historia y filosofía, a todo ataque visible o invisible que nos viniera del exterior? Pero al parecer, ese ataque nos llega de la complejidad evolutiva de la naturaleza en donde el ser humano suele manipular con demasiada frecuencia. La COVID-19 proviene de nosotros mismos con nuestro entorno medioambiental. El virus no llovió sobre el Planeta tierra desde un objeto volador no identificado. Es un virus a ras de la superficie del globo que ha transitado más velozmente que otros por las avenidas de la globalización y cuyos efectos nocivos por ello se han calificado de pandemia y es transmitido en tiempo real como unos juegos olímpicos o como fue la Guerra del Golfo: asépticas estadísticas cuando cada número tiene nombre, apellidos y una historia personal y familiar. Son estas personas concretas las que iluminan la actual negra sombra de le Tierra. 

El virus no entiende de fronteras y es transportado por la movilidad humana internacional, intranacional o en el interior de un supermercado un hospital desprotegido o una residencia de ancianos. Todo el mundo tiene miedo, lo que es muy humano, trátese de grandes potencias, países ricos o países pobres. Y todos esos países tienen un denominador común: ni tratamiento fiable ni vacuna preventiva. Pero también existen grandes desigualdades sanitarias que en los más descartados el miedo se suele acompañar con la resignación o con la ideología del fatalismo. Y si nos referimos a las estadísticas de muertes y sanados; de mascarilla y guantes; de respiradores, de UCI bien equipadas; de personal sanitario e infraestructuras; de la investigación fundamental, el rigor y la disparidad es flagrante. A título de ejemplo: ¿en qué condiciones se encuentran los 5 millones de refugiados sirios o la capital de Nigeria, Lagos, con casi 15 millones de habitantes? ¿O los campos de refugiados palestinos al sur del Líbano? Ellos iluminan sin duda la sombra negra de la Tierra.

La incidencia de este virus agresivo y agresor aún no se puede cuantificar (¿cómo cuantificar el dolor de cada persona y cada familia?) en sus aspectos sociales, económicos y políticos a corto, medio o largo plazo. Los cálculos han empezado siendo locales y nacionales pero, al tratarse de pandemia, sus repercusiones en un mundo interconectado serán mundiales y afectarán directamente al estilo laminar de la globalización, a las relaciones internacionales, a la reconstrucción industrial muy ligada a la economía real, a las nuevas formas de funcionamiento de las sociedades. Y se planteará (ya se está en ello) poner en valor el nuevo factor de la solidaridad intranacional y mundial. La investigación científica y tecnológica aplicada se espera sea una de las altas prioridades en la prospectiva.

Es previsible que el hambre, la pobreza y las tasas «naturales» de mortalidad aumenten en el mundo con millones de desempleados, muchos sin casas ni domicilio fijo, lo que disminuiría la capacidad inmunitaria de determinadas poblaciones. De momento, FUNCAS estima en un 34% el índice de desempleo sin se incluyen los ERTES. La pobreza y la estrepitosa caída del poder adquisitivo es una trágica consecuencia que conocen bien las asociaciones de ayuda y de solidaridad como lo es CÁRITAS, a título de ejemplo. Solamente una voz moral unitaria ha resonado en el mundo, la del papa Francisco con las estructuras éticas de solidaridad que de él dependen a pleno rendimiento. Habrá que ir reflexionando sobre una restructuración de la ONU, como cuando su fundación en la Conferencia de San Francisco tras la II Guerra Mundial. 

Al final de esta pandemia, que la Universidad de Harvard estima pueda ser en 2022 (en el entretanto, se esperan tratamientos y vacunas producidas en miles de millones), el mundo no podrá ser el mismo que habíamos conocido antes de la pandemia viral ni en la economía ni en el desarrollo de las sociedades. Es imaginable un fraccionamiento de la globalización al son de las grandes potencias, en particular China, Rusia y Estados Unidos. Europa, inicialmente ausente en la coordinación de la COVID-19, (aunque no en los económico y financiero, tiene el desafío de renacer con energías unitarias cual Ave Fénix. Al miedo le queda aún un largo recorrido. Cierto es que toda epidemia/pandemia constatada por la historia desapareció por sí sola. Una referencia muy localizada: el Renacimiento emergió tras la devastadora peste bubónica. Espera en la esperanza…

Mientras tanto, observaremos la negra sombra de la Tierra con la luminaria del recuerdo de los que fueron y son sus víctimas.

(25 Mayo 2020)
Francisco Carrillo Montesinos

Necrológica de Antonio Bonet Correa

José Infante Martos, Académico de Número y Secretario

Antonio Bonet Correa nació en La Coruña el 20 de octubre de 1925 y ha fallecido en Madrid el 22 de mayo de 2020, hijo de José Bonet Peñalver y de la escritora Asunción Correa Calderón. Se formó en la Universidad de Santiago de Compostela entre 1951 y 1957 y trabajó de lector de la Universidad de La Sorbona, siendo profesor de Historia del arte en la Universidad de París durante varios cursos. Estudió en el Institut d´Histoire de l´Art de la universidad parisina, obteniendo la diplomatura en Museología en la Escuela del Louvre y donde conoció a la que sería su esposa Monique Planes Durand. De regreso a España fue profesor de la Universidad Complutense, donde se doctoró en 1959 y de la Escuela de Arquitectura y catedrático sucesivamente de Historia del Arte en las universidades de Murcia, Sevilla y finalmente en Madrid, en la Complutense, de la que fue Vicerrector desde 1981 a 1983.

En 1975 sufrió un breve encarcelamiento, junto a otros intelectuales, por pertenecer a la Junta Democrática. Fue igualmente Director del Museo de Bellas Artes de Sevilla  y desde 1986 miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, que dirigió  desde 2008 a 2015, siendo nombrado director honorario al finalizar su gestión. Fue animador cultural desde muchos medios y ejerció la crítica de arte en los diarios ABC, El País y el Correo de Andalucía. Perteneció a numerosas Academias y fue Correspondiente de otras tantas, entre ellas de la de Bellas Artes de San Telmo, de Málaga y de la de Nobles Artes de Antequera, de la que fue nombrado Académico de Honor. Fue Vocal del Patronato de la Academia de España en Roma  y del Patronato del Museo del Prado y entre sus distinciones  figura la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes de 2012 del Ministerio de Cultura, el Premio Fundación Amigos del Museo del Prado, doctor honoris causa por diversas universidades, entre ellas en 2014 de la Universidad de Málaga, acto en el que amadrinado por la doctora Rosario Camacho, Vicepresidente Primera de la Academia de San Telmo.

Fue el gran experto en arte barroco, siendo reconocidas sus grandes obras Arquitectura en la Galicia en el siglo XVII (su tesis doctoral), Andalucía barroca y numerosos trabajos sobre el barroco en América Latina. Otras obras suyas son, Los cafés históricos, Fiesta, poder y arquitectura. Aproximación al barroco español, El Surrealismo, Las claves del urbanismo, La Plaza del Obradoiro, Iglesias madrileñas, Tiempo y espacio en el arte, El arte en el franquismo, Andalucía monumental, arquitectura y ciudad del Renacimiento y el barro, y un largo etcétera.

Viajero impenitente, contagió a muchos de sus discípulo su pasión por el arte, su erudición, su amor al conocimiento, su entusiasmo y su curiosidad por todos los terrenos de la cultura, su placer sobre la vida, su profundo conocimiento de América Latina y de Andalucía que trasmitió en sus numerosos escritos, así como su amor a la ciudad de Madrid, donde ha vivido tantos años y de la que ha sido ciudadano ilustre de la calle Jesús del Valle. Sus tres hijos heredaron su amor a la cultura, Isabel, el flautista y musicólogo Pierre Bonet y el escritor, poeta e investigador Juan Manuel Bonet, que ha sido director del Museo Reina Sofía, del IVAM y del Instituto Cervantes, entre otros muchos puestos de relevancia.

Antonio Bonet Correa, en la Academía de Bellas Artes de San Fernando © Cristóbal Manuel
Antonio Bonet con nuestra Académica de Número y Vicepresidenta Rosario Camacho en el Acto de Investidura de Antonio Bonet Correa como Doctor Honoris Causa de la Universidad de Málaga

36. La genealogía del vacío
Dº José Infante Martos
Académico de Número y Secretario +

36

miércoles
20 mayo
2020

días de la pandemia /36
Dº José Infante Martos, Académico de Número y Secretario

LA MIRADA CIEGA


I
 
Pensativa la tarde va diluyendo su gracia
primaveral y el aroma a azahar que esparce
el airecillo suave que preludia
la humedad de la noche de abril,
cuando la crueldad del abandono
y la desdicha caen como un veneno
letal sobre los labios que aún ansían
la dicha de la pasión.
 
Parece detenido el tiempo entre tus brazos
un momento tan solo, pero hay nubes
que amenazan y sombras que interponen
su oscuridad y su silencio, hay una campana
lejana y casi hueca que devuelve a la realidad
lo que pudo haber sido un sueño fugaz, solitario,
de paz, de serenidad y de armonía.
 
II
 
No es una sensación nueva, algunas otras veces
ha acudido hasta ti, el hartazgo, el asco, el desaliento
ante una realidad que no es solo siniestra y repetida.
Es esa clara conciencia que en otras ocasiones llega
cuando en mayo los días avanzan y la luz te condena
a un brillar que no es cierto, ni claro, ni benéfico. Este
sentir con saña la inútil existencia como amarga condena
que ya alarga sus días en un inútil y mísero ritual
que viene repitiéndose como una grotesca mascarada
 
 
III
 
 
Llega la noche y no tiene sentido,
una mañana absurda sucede a otra mañana.
Los días se hacen lentos y pesados e inútiles.
Nada escribe su nombre sobre el viento que pasa.
Y todo se desliza con la misma amargura
como si fuera un poder superior quien ordena
que el tiempo no termine de ser una paloma.
Hay señales que dicen que la muerte se acerca
y los años te vencen con toda la violencia
de un enemigo fuerte, cruel y despiadado.
Las palabras no tienen el sentido que antes
daban al sentimiento, al placer, al olvido.
 
Todo se ha detenido como un campo de espuma,
que tiene un ritmo propio, que es el de la derrota.
 
José Infante Martos