3. Prevenciones del alma enamorada
Dº José Manuel Cabra de Luna
Académico de Número y Presidente

3

lunes
13 abril
2020

dias de la pandemia/ 3
Dº José Manuel Cabra de Luna
Académico de Número y Presidente

Prevenciones del alma enamorada

I.- El alma enamorada no se refleja en el espejo, sino en la presencia del amado.
 
II.- El silencio es el espacio donde el alma enamorada conversa con el amado; el aire iluminado es su voz, la mirada encendida su lenguaje.
 
III.- Busca el alma su gozo en la alegría de las cosas, sin saber que  -como el pájaro- tan sólo en el aire hallará la libertad.
 
IV.- La sequedad del alma no se obtiene sino sumergiéndose en las interiores aguas de la renuncia y el olvido de sí.
 
V.- El alba es la ceniza de la noche encendida.
 
VI.- La quietud extrema, la secura del alma, sólo se producen en las sombras profundas o al mediodía exacto, con el sol en el cenit. Es como si el espíritu rechazara los estados intermedios y buscase la última soledad: a plena luz o en lo más oscuro.
 
VII.- Se atormenta el alma por cosas que no puede llegar a dominar; dejando de recrearse, en cambio, en lo que debe constituir su natural medio: el fulgor del aire, la quietud de una mirada perdida en la línea del horizonte o la incesante búsqueda de una nada habitada tan solo por el silencio.
 
VIII.- Se defiende el alma del miedo mostrando sus aristas. Sólo alcanzará la perfección cuando se esfera y ofrezca la plena redondez a cualquier circunstancia.
 

JOSÉ MANUEL CABRA DE LUNA

1. Un sentimiento dulce
Dº Jaime Siles, Académico correspondiente en Valencia +

13-1

jueves
23 abril
2020

dias de la pandemia/ 1
Dº Jaime Siles
Académico correspondiente en Valencia

UN SENTIMIENTO DULCE

 Estos últimos años he estado
 despidiéndome de todos y de mí:
 diciendo adiós a cada cosa,
 cada perfil, cada palabra
 y, por vez primera en mi vida,
 he sentido eso que se llama piedad
 y que es –o puede ser– un sentimiento dulce
 que nos hace mirar hacia nosotros mismos,
 pero no con el vértigo de su relieve ácido
 sino con un amor a todo lo que somos
 y a cuanto con nosotros se dispone a morir:
 una tarde en penumbra, una mañana absorta,
 el vuelo de las aves, una ciudad con torres y espadañas,
 el recuerdo del mar, una conversación con los amigos,
 la lección de un maestro, el rapto del amor,
 lo que aprendimos, lo que no sabemos,
 lo que con nosotros vivirá, lo que quisimos,
 y lo que no nos quiso,lo que nos dejó a un lado,
 lo que ni nos miró, lo que nos dice adiós
 de todas las maneras, y los puntos del tiempo
 a los que no se puede regresar.
 Me despido de todos y de todo,
 no de vosotros sólo: me despido, sobre todo, de mí,
 con quien sé que nunca más voy a encontrarme–
 que otro cruza la calle que yo piso,
 que otro lleva la ropa que yo llevo,
 que esta boca que dice lo que dice
 no ha sido ni es ni será nunca lo que yo;
 que quien escribe este poema es otro
 distinto también a quien lo lee
 y que la identidad es un magma
 de muchas y muy pequeñas cosas
 que cada día hay que recuperar
 porque, si no, se extingue, se diluye, se borra
 como ahora mismo yo, y también tú, me voy,
 nos vamos, borrando y diluyendo,
 en una página no escrita o en algo aún por escribir,
 hacia dentro de algo
 que queremos creer que es uno mismo,
 pero que no lo es: es siempre otro el que nos acompaña;
 es siempre otro lo que llamamos yo.
 Por eso la vida es un exilio
 pero no de un punto sino de todo el tiempo
 y de todas las personas que hemos sido,
 que somos y seremos dentro de él
 y de las que nos vamos imperceptiblemente despidiendo
 en ese adiós a cada uno de nosotros
 que aparece en la vida en momentos de niebla
 y que, por eso mismo, focaliza el instante
 y lo convierte en símbolo
 de la presencia en sombra que ha sido lo que llamamos yo ,
 lo único nuestro que no nos pertenece,
 lo único que nunca volveremos a ser,
 lo que ya fuimos, lo que no seremos,
 un escorzo de sombras
 batidas por el fuego de la imaginación.
 Revivir el instante, revivir el instante
  de que todo sea  sólo  su fin.

Jaime Siles, Himnos tardíos (1999)