Dº Francisco Ruiz Noguera I Mar sin fronteras. Antologia liquida di poesia spagnola contemporanea

jueves
25 de mayo
2020

 Actividades de Académicos
Dº Francisco Ruiz Noguera, Académico de Número  

Mar sin fronteras. Antologia liquida di poesia spagnola contemporanea

Inclusión en la antología Mar sin fronteras. Antologia liquida di poesia spagnola contemporanea. 
Selección y traducción de Paola Laskari, edición bilingüe, Bari, Stilo Editrice, 2020. 

56. A FÉLIX REVELLO DE TORO EN SU 94 CUMPLEAÑOS
Dº José Manuel Cabra de Luna
Académico de Número y Presidente +

56

domingo
21 junio
2020

días de la pandemia / 56
Dº José Manuel Cabra de Luna, Académico de Número y Presidente

A FÉLIX REVELLO DE TORO EN SU 94 CUMPLEAÑOS

Hace ya algún tiempo, su amigo Alfonso Canales (pronto harán diez años que se nos fue) escribió unos preciosos versos, uno de sus poemas mayores, al que tituló Los años. Con ese afán por buscar la palabra justa y reflejar el eco de los clásicos, el poeta moldea unas palabras que parecen estar escritas para esta ocasión; para celebrar una fiesta de los largos años de su amigo Félix Revello. Me voy a permitir recordar algunos versos, para mi los más sugestivos. -aunque todos los sean- de ese gran poema de reflexión y amor por la vida.

Hermoso es morir joven
y dejar el recuerdo de la piel no tocada
por agravios del tiempo:
pero lo es más haber vivido mucho
y haber hecho que el cuerpo se fatigue
de amor y de labor…/…
Feliz aquél que puede las causas de las cosas
adivinar temprano,
mas el que se retarda
adrede, no queriendo que nada se le esconda
llega más lejos… /…

La vida del artista es puro anhelo, un constante perseguir cuanto el mundo ofrece y es, por naturaleza, inasible. Por eso, el premio más alto que le será dado obtener no es Itaca, sino el camino hacia ella, los trabajos y los días por alcanzarla. Para el pintor de retratos ese camino de investigación continuada es inagotable. Siempre habrá una luz que se escape o que se tarde una vida entera en conseguir reflejar en el lienzo, siempre habrá un tono que veamos, que tengamos delante, mas que no podamos alcanzar porque la materia del óleo o de la tela se resisten. Ese es el camino.

Ahora, en su casa de Málaga, celebramos sus noventa y cuatro años y lo hacemos como corresponde, agrupando una serie de cuadros pertenecientes a una misma mirada. Son de distintas épocas del artista  -y eso se aprecia claramente con una visita a la exposición- pero tienen un hilo común pues son retratos de diferentes periodistas.

Resulta en cierto modo paradójico unir imagen y palabra y, más aún, la palabra volandera y efímera del periódico con un retrato pintado, que tiene vocación de permanencia en el tiempo o, casi mejor, de ser creada y durar fuera del tiempo, cuando habita el no lugar del no tiempo.

El periodista es un esforzado luchador pues su instrumento se le escapa de las manos nada más que ha sido utilizado. Su palabra es dicha y no dicha, es una golondrina que se va a cada momento y construye su vida con fugacidades. Esa es su grandeza, en la que el ayer acaba de concluir y el mañana es desconocido, en ese eterno presente se resuelve su hacer.

Es dura tarea para el pintor enfrentarse a ese creador con intereses tan distintos a los suyos. Porque, aunque utilice la máquina de fotos como instrumento complementario, un retrato pintado no es una fotografía. Ésta sí vive en un eterno presente, una fugacidad congelada, mientras que en el retrato pintado habitan muchos tiempos y el pasado, el presente y el mismo futuro se superponen en capas que el pintor traslada desde los ojos de su mente a la materia del óleo y el lienzo. En el caso de esta exposición es muy bello contemplar como los señores de la palabra efímera,  los hombres de un presente inacabable, quedan fijados fuera de ese tiempo cortito a que su hacer les condena. Habitan otro espacio, sin espacio, otro lugar y otro tiempo, sin tiempo y sin lugar. Así es el arte.

La Real Academia de Bellas Artes de San Telmo de Málaga, a la que Félix Revello de Toro pertenece como académico de honor lo felicita en su noventa y cuatro cumpleaños y le desea una larga y fructífera vida.

José Manuel Cabra de Luna

55. LA CONFIGURACIÓN DE UN PAISAJE. UNA PROPUESTA ARTÍSTICA PARA LIBERAR NUESTROS MIEDOS
Dª María del Mar Lozano Bartolozzi
Académica Correspondiente en Cáceres +

55

domingo
21 junio
2020

días de la pandemia / 55
Dª María del Mar Lozano Bartolozzi
Académica Correspondiente en Cáceres

LA CONFIGURACIÓN DE UN PAISAJE. UNA PROPUESTA ARTÍSTICA PARA LIBERAR NUESTROS MIEDOS.

Durante los días de confinamiento y alarma en esta primavera de 2020,  nos hemos dado cuenta del valor de convivir con la naturaleza. Una experiencia que era apreciada por algunos, amantes del medio natural, pero menospreciada por otros, más urbanitas. Sin embargo hemos sido considerados unos afortunados quienes estábamos casual o voluntariamente el fin de semana del 13 de marzo en el mundo rural o en el mundo campestre aislados en viviendas con el campo en rededor, lo cual nos ha permitido seguir así y dar paseos libremente con amplios horizontes, reconociendo nuestro propio paisaje en su trascurrir primaveral, aunque nos hayamos perdido el calor de los vecinos que eran reconocidos sobre todo al aplaudir juntos en ventanas y balcones.

La valoración de la naturaleza y del mundo rural también había sido realizada por algunos artistas, a menudo con un ánimo de regreso o de reconocimiento de un lugar a redescubrir. En el caso de Extremadura, región en la que yo vivo, han sido varios los que lo han hecho, y si nos referimos al mundo contemporáneo podemos recordar determinados autores que desde distintas perspectivas nos han impactado por sus reflexiones y predilección por unos rincones, lugares o pueblos que supusieron una expresión determinada en su obra artística.

Godofredo Ortega Muñoz (1899 – 1982), pintor nacido en San Vicente de Alcántara (Badajoz) y eminentemente paisajista, tras varias estancias y viajes por distintas capitales y países de Europa como París, Ginebra, Italia, Bélgica, Dinamarca, Alemania y otros, regresó en la posguerra a vivir y pintar en su tierra natal. Cuando lo hizo estableció su vivienda y estudio en la cercana población de Valencia de Alcántara (Cáceres), a poco más de 13 km de San Vicente, pues según comentaba a sus amigos la luz para su percepción estética era mejor en esta localidad que en la de su nacimiento. Y será en estos años de 1939 y la década de los cuarenta, cuando defina su pintura de campesinos, bodegones, vistas del pueblo y finalmente, y sobre todo, de paisajes, gracias a ese encuentro con el ambiente rural. Los expondrá en Madrid y en varios espacios del extranjero a lo largo de los años, al consolidar un lenguaje personal, identitario y muy moderno. Un paisaje que es producto de una elaborada y original abstracción y formalización compositiva del mismo. Y de su memoria, como ha insistido María Jesús Ávila, que reproduce estas palabras suyas: “Salgo al campo acompañado de mi perro (…). Luego, en el estudio, voy pasando al lienzo aquellos rasgos acusados que me han impresionado. Por eso en mis obras, aunque no hay ningún paisaje determinado, ningún rincón escogido de este o de aquel lugar, Está Extremadura”[1]. Un paisaje un tanto simbólico que nos plantea ver de otra forma la belleza de los encinares, los castaños o las paredes de piedra de esta tierra.

Otro autor, en este caso alemán, será Wolf Vostell (1932-1998), un artista cosmopolita, que vivió en Colonia, Berlín, París, si bien vino a Guadalupe donde durante un verano establecerá su estudio y donde conoció a una maestra extremeña con la que se casará un año después. A mediados de los años setenta (1974) cuando buscaba la ubicación para una vivienda en la región extremeña se encontró con un lugar de naturaleza privilegiada: los Barruecos de Malpartida de Cáceres, donde junto a una hermosa laguna existían los restos de un antiguo lavadero de lanas. Ante aquella visión retomó lo que hasta entonces era una utopía: la idea de hacer un museo, y decidió llevar a cabo el proyecto de un museo de arte y naturaleza, configurando desde su mirada un nuevo paisaje cultural integrado en el mundo rural. Un museo especialmente peculiar donde las obras de lenguaje intermedia: esculturas ambiente, dé-coll/age, fluxus, happening, video arte y otras artes visuales, se potencian en diálogo con el medio ambiente y los restos de arqueología industrial. Su reconocimiento de aquél paisaje con la fauna y flora, el agua y la visión de las piezas artísticas que allí se irían instalando, acrecentó la identidad que sentía hacia el mundo extremeño y rural.

Por último, el artista inglés Hamish Fulton (1946), hizo uno de sus recorridos peripatéticos en la región recorriendo carreteras y pueblos de la Vía de la Plata. La Fundación Ortega Muñoz le encargó una exposición de su obra en el Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo (MEIAC) y como artista caminante realizó previamente una caminata que dio como fruto la elaboración de un libro de fotografías con sencillas anotaciones titulado: Río Luna Río. En él indica que fue el resultado de la experiencia de: “Una caminata circular de veintiún días en Extremadura desde y hacia el río Guadiana en Badajoz vía Guadalupe con los pies descalzos contando cuarenta y nueve pasos sobre un suelo empedrado durante la noche de la luna llena de enero España octavo año del siglo veintiuno”.Las fotos son carreteras comarcales, charcos, nubes, paredes con algún graffiti, pastores… sobre las que escribe palabras como: camino, piedras, cañada, suelo, urraca, abubilla, etc. El libro termina con una entrevista en la que concluye: “Una caminata es como un objeto invisible en un mundo complejo. Significado: la vida es una cadena de continuas luchas desde la juventud hasta la vejez. En este escenario de preocupación y miedo podemos construir una experiencia – realizar una caminata – que ocupa un espacio en nuestras vidas, y, al igual que un objeto, tiene principio y fin, pero que, a diferencia de un objeto, no se puede ver. Las caminatas son las piedras que marcan los kilómetros de mi vida”[2].

Nosotros también tenemos ahora la oportunidad, una vez terminado el estado de alarma, de hacer recorridos por la naturaleza y aportar nuevas lecturas artísticas, literarias, sociológicas o al menos emocionales, con la perspectiva de una pandemia ocurrida sin haber sabido previamente lo que se nos avecinaba pero quizás con la salvaguarda de la imaginación y la creatividad, bien por haber mirado de lejos y en el recuerdo determinados paisajes, o bien por haberlos vivido de cerca en soledad o compartidos con las pocas personas que habitualmente conviven con nosotros para configurar nuestro propio paisaje cultural.

María del Mar Lozano Bartolozzi

Académica de la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes y Académica correspondiente de la Real Academia de San Telmo de Málaga.


[1] ÁVILA CORCHERO, María Jesús, Ortega Muñoz, Fundación Caja de Badajoz, Zaragoza, 2003, pp. 49-50.

[2]FULTON, Hamish, Río Luna Río, Fundación Ortega Muñoz, Madrid, 2008.

Emilio de Diego

54. EL CUARTO JINETE DEL APOCALIPSIS CABALGA SOBRE MÁLAGA
Dª Marion Reder Gadow
Académica de Número +

54

domingo
21 junio
2020

días de la pandemia / 54
Dª Marion Reder Gadow
Académica de Número

EL CUARTO JINETE DEL APOCALIPSIS CABALGA SOBRE MÁLAGA

Nunca pensé que en algún momento de mi  vida iba a presenciar y a sentir en mi propia persona la experiencia de una epidemia en mi ciudad, Málaga; aunque también presente en otras ciudades de España e incluso a nivel mundial. En mis estudios sobre el pasado, en la edad moderna, he abordado los efectos destructivos que una pandemia causa en una comunidad, en una ciudad, en una región e incluso en un país, arrebatando la vida a una considerable parte de la población: a hombres y mujeres, niños, ancianos y jóvenes, sin respetar su condición social ni su lugar de residencia. Las consecuencias: pérdida de vidas humanas, quebranto de las familias, niños que quedan huérfanos sin amparo, una economía empobrecida por la falta de comercio, una ruina personal por la pérdida de enseres que sucumben entre las voraces fauces del fuego para evitar el contagio. Una tragedia urbana.

Al igual que ha sucedido recientemente, la epidemia se cuela de rondón en ciudades y pueblos y sigilosamente el contagio se extiende como un reguero de pólvora. No hay más que documentarse en el manuscrito de Narciso Díaz de Escovar en el que aparecen las oleadas de epidemias que asolaron la ciudad malagueña. En aquella época lejana que este cronista menciona, no se conocía la causa de la propagación de la enfermedad por lo que los vecinos, atemorizados, buscaban con desesperación la protección divina llevando en procesión por las calles y plazas de Málaga a sus Santos Patronos, Ciriaco y Paula, o encomendándose a san Roque, protector ante la enfermedad.

Incluso en el tema de mi discurso de ingreso en la Academia de Doctores, el 7 de marzo de 2018, titulado  “La visión de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis del abogado D. Diego de Rivas Pacheco”, di a conocer las reflexiones y advertencias que un hombre singular del siglo XVII exponía sobre las pandemias: las del regidor, abogado y maestro de Ceremonias del Ayuntamiento malagueño, Diego de Rivas Pacheco. Ciertamente, este personaje de su tiempo medita en torno a las penalidades que provocan la Guerra, el Hambre y la Peste en la sociedad en la que vive; meditaciones que se pueden hacer extensibles a nuestros días, como lamentablemente hemos podido comprobar recientemente. Azotes que compara con los jinetes del Apocalipsis por los horrores que causan: cuantiosas pérdidas humanas, infortunios  económicos y serios quebrantos morales.

Si recordamos las Revelaciones del apóstol san Juan, en las que los estudiosos consideran que las descripciones de los cuatro jinetes tienen un marcado significado simbólico. Observamos que unos sugieren que se trata de una alegoría entre el bien y el mal, mientras que otros los relacionan con la historia de la Iglesia. Coinciden en identificar al jinete blanco, que recibió una corona, con el Hijo de Dios, con la propagación del Evangelio por todo el Mundo; aunque algunos, también, con el Anticristo. Según el Apocalipsis, el segundo jinete va montado sobre un caballo bermejo, armado con una espada, dispuesto a eliminar la paz sobre la faz de la Tierra y a promover conflictos bélicos interminables. Sobre un caballo azabache cabalga el tercer jinete, manteniendo entre sus manos una balanza en la que se pesa el grano, aludiendo a la escasez de trigo y cebada en épocas de hambruna, en las que se racionaba el pan. El último jinete monta un alazán al que se identifica con la Muerte, secuela de las epidemias, de las pandemias y de la peste. Estos cuatro jinetes causan el sueño eterno de la cuarta parte de la Humanidad; ellos han merodeado la Tierra por cientos de años y en coyunturas determinadas arrebatan la vida a millones de hombres.

Destaca Rivas Pacheco, que sobre la peste escribió Francisco de Rippa proponiendo a las Repúblicas la forma de actuar y prevenir ante las epidemias de peste y remedios que se deben aplicar para conservar la salud pública. Recalca que él, como regidor, fue testigo de cómo procedió la Autoridad Municipal en las epidemias que asolaron Málaga en los años 1637 y 1649, en los que se produjo una gran mortandad y:

“En que sucedieron cosas inauditas y portentosas, dignas de eterna memoria y alabanza, en los Hospitales del año 1637”.

Prosigue relatando, como los caballeros capitulares acudieron, cada uno al desempeño de su diputación, a las obligaciones de su cargo; arriesgando en numerosas ocasiones sus propias vidas en pro del bien común de los ciudadanos. Rivas Pacheco ensalza entre todos ellos al regidor Francisco de Leyva Noriega por la labor desarrollada en esta pandemia. Comportamiento humanitario ejemplar, por lo que el Municipio le concedió una fuente de plata sobredorada decorada con las Armas de la ciudad y orlada con la siguiente inscripción:

La Ciudad de Málaga, Justicia y Regimiento de ella dio esta joya al Capitán Don Francisco de Leyva Noriega, su regidor, en reconocimiento de lo mucho que obró como diputado en los Hospitales del contagio del año 1649.

Prosigue relatando don Diego que cuando el Municipio recibía aviso de que en un lugar próximo o lejano había aparecido un contagio de peste, disponía del máximo cuidado, tanto por mar como por tierra, para prevenirse de la pandemia. El cabildo convocaba con toda celeridad a la Junta y Diputación de Sanidad y distribuía guardas y centinelas para que vigilasen día y noche las puertas de acceso a la ciudad, impidiendo todo contacto humano, cualquier tráfico comercial y acceso a toda persona que viniese de los lugares afectados. Rechazaba incluso a cualquier individuo sospechoso que intentara acceder al interior de la urbe. Advierte y amenaza el regidor Pacheco, que el más leve descuido podía ser catastrófico al propagarse la pandemia entre los vecinos. Conmina a los caballeros capitulares que la vigilancia no la dejen exclusivamente a la cautela de los centinelas, ya que éstos, por inexperiencia, pueden descuidar sus obligaciones. Por tanto, deben ser los propios regidores diputados los que personalmente debían permanecer en las puertas de acceso a la ciudad, actuando de sobreguardas y de fieles centinelas. Por eso indicaba:

“Que aseguren bien, no sólo de la República en común que está a su cargo, sino el suyo propio en particular”.

Con esta cautela se procedió por el Municipio en las epidemias de 1637 y 1649, vigilando las puertas por rigurosos turnos, asistiendo además de los guardias habituales los regidores y vecinos notables de la ciudad, los profesores de letras y hasta los prebendados de la Santa Iglesia Catedral.

En el caso de que la epidemia afectara a los pueblos vecinos de la región y provincia, desde los que pudieran introducirse individuos en el interior de la ciudad; aconsejaba reforzar con cercas las murallas para evitar la presencia de intrusos. Además, se debían tomar todas las prevenciones necesarias para impedir el contagio, dejando restringidas las puertas de acceso a la ciudad para que las guardas y sobreguardas reconocieran a las personas que intentaran entrar y examinaran los testimonios y salvoconductos sanitarios que llevasen consigo. Y, en el caso que hubiese alguna duda o la mínima sospecha, quedaría terminantemente prohibida la entrada de cualquier persona, sin tenerlo que consultar previamente con la Junta de Sanidad.

Las Autoridades municipales tampoco consentirían que algún barco, navío o bajel fondease en el puerto, ni desembarcase ningún individuo a tierra, ni que se dialogase con la tripulación, ni se comerciasen productos sin una inspección de los caballeros diputados; los cuales se debían desplazar en la embarcación de sanidad y controlar la procedencia del navío, que documentos certificaban su puerto de origen y las mercancías que transportaba. En caso de la más leve sospecha se le debía conminar a que abandonase el puerto con la máxima celeridad. Y en caso de que el capitán no cumpliese de inmediato la orden tanto el corregidor como el gobernador de las Armas podían ordenar que la artillería hiciese fuego sobre el buque, sin contemplación alguna. De estos trámites tomaría nota el escribano de cabildo, así como de los autos y diligencias, para que quedase constancia en el futuro de lo acaecido.

Rivas Pacheco, como maestro de Ceremonias, se cuestiona qué debe hacer el Ayuntamiento en el caso que llegara o arribara al puerto un personaje de alcurnia, un cargo político o religioso, durante una epidemia: ¿se le debía franquear la entrada al perímetro urbano o impedirle el acceso a la urbe? Cita, a modo de ejemplo, el caso de D. Juan Carlos Imperial, sobrino del marqués Ansaldo Imperial, que procedente de Génova pretendía desembarcar en el puerto de Málaga con rumbo a la Corte. La llegada al Municipio de una real provisión del Consejo indicaba al corregidor que pusiera en cuarentena al citado pasajero, junto con sus criados, en alguna finca de campo, alejada de la ciudad; y que una vez transcurrido este periodo de prevención, se le entregará ropa nueva, a él y a su séquito; los cuales, tras la revisión del médico, podrían ser admitidos en la ciudad y continuar su viaje a Madrid. De este modo, se prevenía a los vecinos de Málaga de cualquier contagio y los viajeros, una vez pasada la cuarentena, podían proseguir su camino.

Advierte Rivas Pacheco que las épocas más peligrosas para que se desencadenase la pandemia eran el otoño y el verano, y que, en el caso de que se percibiese cualquier indicio, la Autoridad Municipal debía nombrar diputados y médicos que con su prudencia y cautela visitasen los hospitales, las boticas y las casas de los enfermos para reconocer los síntomas de la enfermedad y declarar la pandemia. Acto seguido, se informaba al real Consejo del posible contagio, se formaba una Junta de Sanidad compuesta por dos regidores, un prebendado y un vecino notable, para que intercambiasen opiniones con los médicos, cirujanos y barberos sobre la evolución de la enfermedad contagiosa, del número de enfermos contagiados, y de la evolución de éstos, tanto de los que sanaban como de los que fallecían.

La siguiente misión de la Junta de Sanidad era la construcción de hospitales de campaña en las afueras de las murallas de la ciudad, bien provistos de médicos y sacerdotes, en lo que se separaría a los hombres de las mujeres evitando el mal ejemplo y posibles ofensas a Dios. Similar conducta dispensarían los diputados a los niños y doncellas y se les advertía que, tanto con unos como con otros, tuviesen un especial cuidado. Con los hospitales de campaña se ampliaban las plazas hospitalarias ya que los centros habituales se encontraban saturados de enfermos, unos contagiados y otros en proceso de recuperación.

Enterrar a las víctimas de contagio era otra de las grandes preocupaciones de los caballeros diputados malagueños; por lo que ordenaron que se cavaran zanjas profundas en las afueras de la ciudad, los llamados carneros. En éstas fosas enterraban los berberiscos y “esclavos cortados” los cuerpos de los fallecidos; y en las hogueras cercanas se quemaba la ropa y enseres procedentes de las casas de los contagiados.  

El abogado Rivas Pacheco describe el protocolo facultativo a seguir en la pandemia. Cuando al médico le llegaba la noticia de algún enfermo o fallecido, daba parte al diputado para que éste acudiera a su casa y dispusiera el traslado del enfermo, en silla, angarilla o carro, al hospital; y en caso de muerte, conducir el cadáver al carnero. Acto seguido, se sacaría la ropa personal y de casa infectada para trasladarla en carros a las hogueras para aniquilarla. Y una vez desalojado el domicilio, se cerraba la puerta y éste quedaba precintado por medio de una cerradura para evitar que nadie pudiera ocuparlo.

La autoridad municipal, por su parte, debía vigilar la limpieza de las calles y muladares, evitando la propagación de la enfermedad y para impedir el contagio ordenaría encender hogueras en las plazas y vías cercanas en las que quemar hierbas aromáticas, como el romero o el eneldo, purificando el ambiente.

Por último, señala el regidor Rivas Pacheco, era preciso invocar la ayuda Divina. El Ayuntamiento procuraba valerse de remedios sobrenaturales, por lo que encargó:

“a la Santa Iglesia y a los prelados y preladas que con ayunos, disciplinas, oraciones y otros ejercicios espirituales, rueguen a Dios por la salud pública. También son eficaces las procesiones, así de día como de noche, con las imágenes de más devoción”.

Recuerda el abogado que en la epidemia de 1637 se llevó a cabo una procesión muy   numerosa y solemne, en la que procesionó la imagen de san Francisco de Paula y al pasar ésta ante el hospital de san Lázaro, en el que se encontraban dos mil enfermos, éstos se acercaron a la ventana para ver el desfile procesional y cuando regresaron a sus camas notaron una gran mejoría. Desde aquel momento cesó el contagio en la ciudad, por lo que por voz de pregonero se comunicó a los vecinos el fin de la pandemia:

“Esta Ciudad de Málaga, Justicia y Regimiento de ella, hace saber a todos sus vecinos y habitadores, y a todas las demás ciudades, villas y lugares del Reino, como habiendo Dios, Nuestro Señor, castigándola con el mal de pestilente contagio que es notorio, por su gran Misericordia ha sido servido de librarla de él, restituyéndola a su antigua Sanidad, que de presente goza, sin rastro alguno de contagio, demás (sic) de cuarenta días a esta parte. Y porque nueva tan alegre y deseada sea notoria a todos y a las dichas ciudades, villas y lugares, lo manda publicar en las partes más públicas de esta ciudad”.

El cuarto jinete del Apocalipsis se alejaba temporalmente de Málaga y tras él la destrucción de vidas humanas, ruina económica, quebranto moral.

Una situación muy similar a la que contemplamos en la actualidad con el Covid 19, con más de 40.000 muertos, empresas en precaria situación y miles de trabajadores en busca de un trabajo y ante un futuro incierto.

Para concluir, las primeras noticias sobre el regidor D. Diego de Rivas Pacheco, autor de estas reflexiones y advertencias, nos las proporciona Juan Serrano de Vargas en su Anacardina espiritual, en la que el autor describe la desolada situación en la que se encontraba el vecindario de Málaga afectado por la epidemia de peste bubónica, en el año 1649. La aparición de la imagen de un Cristo atado a una columna ante las puertas del Consistorio coincidió con el cese de la epidemia, por lo cual la escultura se colocó en la Sala de la Audiencia del Ayuntamiento y se veneró bajo el título del Santo Cristo de la Salud.

Rivas Pacheco fue designado por el Cabildo Municipal para dirigir y redactar los expedientes comprobatorios de los prodigios realizados por la intercesión del Santo Cristo de la Salud, a cuya imagen había decidido el Ayuntamiento dar culto y designar como co-patrono de la ciudad, ya que a su milagroso hallazgo se debía el cese de la peste bubónica, que tantas víctimas había causado en Málaga. Su volumen Gobierno político legal y Ceremonial, para la mejor y más acertada dirección de los actos capitulares de esta Nobilísima y siempre leal ciudad de Málaga conforme a sus antiguas y loables costumbres, ordenanzas y privilegios y a lo dispuesto por derecho y leyes de estos reinos. Comprendido en dos discursos, uno tocante a lo político secular y legal, y otro a lo sagrado y ceremonial, que se encuentra en la biblioteca de la Fundación Lázaro Galdiano, nos permite conocer por un testigo ocular como la Málaga del siglo XVII combatió las epidemias, la de carbuncos de 1637 y la de peste bubónica de 1649. En la primera fallecieron entorno a doce mil personas, en la segunda cerca de cuarenta mil.

Emilio de Diego

53. INFORME SOBRE EL ARCHIVO DE LA REAL ACADEMIA DE BELLAS ARTES DE SAN TELMO
Dª Mari Pepa Lara García
Académica de Número +

53

sábado
20 junio
2020

días de la pandemia / 53
Dª Mari Pepa Lara García, Académica de Número

INFORME SOBRE EL ARCHIVO DE LA REAL ACADEMIA DE BELLAS ARTES DE SAN TELMO

El 29 de noviembre de 2001 ingresé en la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, aunque no tomé posesión  hasta junio de 2002, por propia voluntad, pues quise esperar a que mi hermano, catedrático de Imagen, terminase sus clases en la Facultad de Ciencias de la Información en Madrid, y pudiese asistir al acto de toma de posesión; ésta tuvo lugar en el Palacio de la Aduana.

Como sabemos,  por el informe de la académica Rosario Camacho: …el Museo de Bellas Artes, junto con la Academia, fueron desalojados y la Biblioteca y su Archivo quedaron custodiados por el Museo, primero en el Palacio de la Aduana y después, mientras se rehabilitaba este edificio para instalar el Museo de Málaga en  el  Parque Tecnológico.

Por lo tanto, dado que fui nombrada académica a finales de 2001, no pude conocer y apreciar, tanto los libros como los documentos de la Academia, hasta el año 2019, cuando nuestra sede en el Museo de Málaga se ha amueblado, y los fondos perfectamente conservados y embalados traídos del Parque Tecnológico, fueron depositados en las dependencias del Museo. Pero fue, a principios de febrero de 2020, cuando empecé, junto con la ayuda inestimable de Rosario Camacho, y con los dos becarios de la Universidad de Málaga, integrados a través de un convenio de cooperación educativa en un programa de prácticas externas para alumnos del último curso de la licenciatura, Javier Luque y Juan Manuel Garrido, a iniciar con empeño a desembalar las cajas que  contenían estos fondos bibliográficos y documentales.

Ya ha comentado Rosario Camacho la buena disposición y voluntad de nuestros becarios. Empezamos en principio con los libros, porque estas eran las primeras cajas numeradas que abrimos, y los cuatro adelantamos mucho, en una relación de número currem, añadiendo incluso, el autor, título y materia del libro.

Después, junto con Juan Manuel Garrido,  iniciamos la tarea de abrir numerosos paquetes, profusamente embalados, que tenían el título de Archivo, pero el contenido eran Catálogos de exposiciones de pintores académicos de gran tamaño. Por supuesto, podemos definir documento como: Testimonio de la actividad del hombre, fijado en un soporte perdurable que contiene información.

No obstante, teníamos interés por inventariar documentos administrativos que nos mostrasen la actividad de la Academia, desde sus inicios. Por fin, logramos abrir unos legajos con dicha documentación y empezamos a realizar un Inventario del Archivo con el objeto de controlar dicha documentación.

En un principio, conviene advertir que la descripción de los documentos de archivo es más compleja  que la de los libros de una biblioteca, y presenta una problemática especial, debida principalmente  a la múltiple tipología de las unidades documentales. Tal variedad dificultas cualquier intento de normalización que se haga en ese sentido, del tipo realizado en el campo de la Biblioteconomía y de la Documentación.

Para resolver este problema se  creó  la Norma ISAD(G) en 1991. Norma Internacional para la Descripción Archivística. Como es lógico, ha sido revisada varias veces: 1993, un anteproyecto en 1994,  1995, 1998. La última versión fue publicada a principios del año 2000.

El archivero tiene una doble función: de una parte necesita controlar los fondos y, por otra, debe informar sobre el contenido de los mismos. Es decir, una función interna –de control-, y  otra externa  -de difusión-. En una primera definición el inventario responde a la primera función, y el catálogo a la segunda. El inventario somero comprende los elementos mínimos, los del área de mención de identidad, y suelen ir dispuestos en columnas cuando se publican. Su utilidad es ante todo de uso interno como procedimiento de control sobre la totalidad de los fondos.

Este inventario puede ser más o menos detallado, y requiere como elementos mínimos: signatura, descripción, fecha –documento-, fechas extremas  -expedientes-, caracteres internos y externos  -materia-, de cada documento o expedientes. Con estos requisitos, el archivero podrá ser más o menos exhaustivo en los datos que ofrezca, en función de la importancia de la documentación que desea inventariar.

Con todos estos elementos podemos definir los inventarios: Descripción sistemática más o menos detallada de todos y cada uno de los elementos que forman un fondo, sección o series, respetando su ordenación originaria.

Teniendo en cuenta estas definiciones archivísticas, afrontamos el inventario somero que queríamos iniciar  -pues no había ninguno realizado con anterioridad en los fondos de la  Academia-.

Comenzamos con una serie de documentación de principios del siglo XX; y entre otras,  más o menos administrativa, hubo una serie de expedientes que nos resultaron muy interesante, puesto que se trataba de una Comisión nombrada por la Academia, a instancias del Ayuntamiento, para resolver qué personajes históricos malagueños debían ser instalados en los lunetos del Salón de los Espejos, y los  cuadros de pintores que ilustrarían los diferentes salones municipales en la Casona municipal, que se estaba construyendo en aquellos años.

Cuando estábamos inmersos en esta descripción archivística de numerosos legajos, surgió la expansión de la pandemia denominada COVID- 19, y el 12 de marzo fue nuestra última tarde de trabajo, puesto que, como sabemos, se cerraron la Universidad y el Museo de Málaga, iniciándose el confinamiento de todos los ciudadanos.

Mari Pepa Lara García