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53. INFORME SOBRE EL ARCHIVO DE LA REAL ACADEMIA DE BELLAS ARTES DE SAN TELMO
Dª Mari Pepa Lara García
Académica de Número +

53

sábado
20 junio
2020

días de la pandemia / 53
Dª Mari Pepa Lara García, Académica de Número

INFORME SOBRE EL ARCHIVO DE LA REAL ACADEMIA DE BELLAS ARTES DE SAN TELMO

El 29 de noviembre de 2001 ingresé en la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, aunque no tomé posesión  hasta junio de 2002, por propia voluntad, pues quise esperar a que mi hermano, catedrático de Imagen, terminase sus clases en la Facultad de Ciencias de la Información en Madrid, y pudiese asistir al acto de toma de posesión; ésta tuvo lugar en el Palacio de la Aduana.

Como sabemos,  por el informe de la académica Rosario Camacho: …el Museo de Bellas Artes, junto con la Academia, fueron desalojados y la Biblioteca y su Archivo quedaron custodiados por el Museo, primero en el Palacio de la Aduana y después, mientras se rehabilitaba este edificio para instalar el Museo de Málaga en  el  Parque Tecnológico.

Por lo tanto, dado que fui nombrada académica a finales de 2001, no pude conocer y apreciar, tanto los libros como los documentos de la Academia, hasta el año 2019, cuando nuestra sede en el Museo de Málaga se ha amueblado, y los fondos perfectamente conservados y embalados traídos del Parque Tecnológico, fueron depositados en las dependencias del Museo. Pero fue, a principios de febrero de 2020, cuando empecé, junto con la ayuda inestimable de Rosario Camacho, y con los dos becarios de la Universidad de Málaga, integrados a través de un convenio de cooperación educativa en un programa de prácticas externas para alumnos del último curso de la licenciatura, Javier Luque y Juan Manuel Garrido, a iniciar con empeño a desembalar las cajas que  contenían estos fondos bibliográficos y documentales.

Ya ha comentado Rosario Camacho la buena disposición y voluntad de nuestros becarios. Empezamos en principio con los libros, porque estas eran las primeras cajas numeradas que abrimos, y los cuatro adelantamos mucho, en una relación de número currem, añadiendo incluso, el autor, título y materia del libro.

Después, junto con Juan Manuel Garrido,  iniciamos la tarea de abrir numerosos paquetes, profusamente embalados, que tenían el título de Archivo, pero el contenido eran Catálogos de exposiciones de pintores académicos de gran tamaño. Por supuesto, podemos definir documento como: Testimonio de la actividad del hombre, fijado en un soporte perdurable que contiene información.

No obstante, teníamos interés por inventariar documentos administrativos que nos mostrasen la actividad de la Academia, desde sus inicios. Por fin, logramos abrir unos legajos con dicha documentación y empezamos a realizar un Inventario del Archivo con el objeto de controlar dicha documentación.

En un principio, conviene advertir que la descripción de los documentos de archivo es más compleja  que la de los libros de una biblioteca, y presenta una problemática especial, debida principalmente  a la múltiple tipología de las unidades documentales. Tal variedad dificultas cualquier intento de normalización que se haga en ese sentido, del tipo realizado en el campo de la Biblioteconomía y de la Documentación.

Para resolver este problema se  creó  la Norma ISAD(G) en 1991. Norma Internacional para la Descripción Archivística. Como es lógico, ha sido revisada varias veces: 1993, un anteproyecto en 1994,  1995, 1998. La última versión fue publicada a principios del año 2000.

El archivero tiene una doble función: de una parte necesita controlar los fondos y, por otra, debe informar sobre el contenido de los mismos. Es decir, una función interna –de control-, y  otra externa  -de difusión-. En una primera definición el inventario responde a la primera función, y el catálogo a la segunda. El inventario somero comprende los elementos mínimos, los del área de mención de identidad, y suelen ir dispuestos en columnas cuando se publican. Su utilidad es ante todo de uso interno como procedimiento de control sobre la totalidad de los fondos.

Este inventario puede ser más o menos detallado, y requiere como elementos mínimos: signatura, descripción, fecha –documento-, fechas extremas  -expedientes-, caracteres internos y externos  -materia-, de cada documento o expedientes. Con estos requisitos, el archivero podrá ser más o menos exhaustivo en los datos que ofrezca, en función de la importancia de la documentación que desea inventariar.

Con todos estos elementos podemos definir los inventarios: Descripción sistemática más o menos detallada de todos y cada uno de los elementos que forman un fondo, sección o series, respetando su ordenación originaria.

Teniendo en cuenta estas definiciones archivísticas, afrontamos el inventario somero que queríamos iniciar  -pues no había ninguno realizado con anterioridad en los fondos de la  Academia-.

Comenzamos con una serie de documentación de principios del siglo XX; y entre otras,  más o menos administrativa, hubo una serie de expedientes que nos resultaron muy interesante, puesto que se trataba de una Comisión nombrada por la Academia, a instancias del Ayuntamiento, para resolver qué personajes históricos malagueños debían ser instalados en los lunetos del Salón de los Espejos, y los  cuadros de pintores que ilustrarían los diferentes salones municipales en la Casona municipal, que se estaba construyendo en aquellos años.

Cuando estábamos inmersos en esta descripción archivística de numerosos legajos, surgió la expansión de la pandemia denominada COVID- 19, y el 12 de marzo fue nuestra última tarde de trabajo, puesto que, como sabemos, se cerraron la Universidad y el Museo de Málaga, iniciándose el confinamiento de todos los ciudadanos.

Mari Pepa Lara García

52. UNA PANDEMIA Y ALGUNAS REFLEXIONES
Dº Emilio de Diego
Académico Correspondiente en Madrid +

52

sábado
20 junio
2020

días de la pandemia / 52
Dº Emilio de Diego, Académico Correspondiente en Madrid

UNA PANDEMIA Y ALGUNAS REFLEXIONES

                                  

La peste, como azote no solo del cuerpo sino también del alma, ha estado presente en la historia de la humanidad desde los primeros tiempos hasta hoy; cabría decir que es tan vieja como el mundo, provocando en cada caso parecidas reacciones. La amenaza de la muerte se viste de miedo y sale a la búsqueda de los culpables del mal, reales o inventados para la ocasión, con su cortejo de insolidaridad y egoísmo, a veces de odio; pero también, con el valor y la abnegación de muchos. Sin embargo, hay algunas notas específicas en cada circunstancia. La actual  pandemia, acaso la primera digna de tal nombre en puridad, se caracteriza por su integración en un espacio-tiempo, de rasgos especiales, un continuus que determina una historicidad diferente, pues su “cronotopo” tiende a la ruptura con el discurso historiográfico anterior. La propaganda, apoyada en una información/desinformación inabarcable, impide analizar con rigor los mensajes recibidos, o lo que es lo mismo pensar, suplantando así la realidad por el relato. Verdad y mentira, al margen de sus connotaciones morales, aparecen situadas, cada vez en mayor medida en el ámbito de la emoción y fuera de la razón. La emotividad, dominio de la ideología, desplaza a la capacidad de razonamiento.

Galdós, cuyo centenario discurre sin gran entusiasmo evocador, nos legó un cuadro acabado al respecto, a propósito de la epidemia de 1834 en Madrid. “Quien no piensa nunca, acepta con júbilo el pensamiento extraño –escribía don Benito- mayormente si es un pensamiento grande por lo terrorífico y nuevo por lo absurdo”. Si nos fijamos en la “Maricadalso” de Un mafioso más y algunos frailes menos, podríamos encontrar en ella más concomitancias de las deseables, con algunos opinadores de nuestros días sobre el COVID-19. Pasemos del ¡Cosas malas en el agua!, al envenenamiento de las fuentes, instigado por los frailes, con veneno traído de Cataluña; y caminando por el murciélago y el salmón de China o, más recientemente, por la contaminación de la vacuna de la gripe, habremos de reconocer que hemos cambiado menos de lo que creíamos. Dos factores capitales siguen vivos en la raíz de muchos comportamientos, en 1834 y ahora: la ignorancia y el efecto de los gritos, cuya eficacia movilizadora es mayor cuanto más fuertes sean. Tenemos que admitir que el discurso vacío sometido a una entropía exponencial nos aturde.

Las noticias que circulan ahora por las redes sociales y demás medios de comunicación, tienden a ser consideradas verdaderas o falsas, exclusivamente también, según su grado de conformidad con nuestros presupuestos ideológicos. Las grandes epidemias desbordan en un principio, y durante más o menos tiempo, a las sociedades afectadas y a sus instituciones. También el gobierno de Martínez de la Rosa dio la espantada ante la enfermedad, y antepuso la preocupación por salvarse a su obligación de gestionar la lucha, con todas sus fuerzas, contra aquella peste. La actuación frente a tales calamidades requiere cambios cualitativos y cuantitativos en distintos órdenes, cuya medida y naturaleza están en relación con la gravedad del mal, su extensión y las posibilidades de respuesta. Algunos de los desafíos del COVID-19 han sacado a la luz las carencias de los políticos, las limitaciones de la ciencia en múltiples campos, y la incapacidad de los seres humanos para dominar la naturaleza, al menos hasta el extremo que ya creíamos haber logrado. Pero sobre todo, nos han llevado a cuestionar los valores fundamentales de la propia Humanidad. Sería este último apartado el más trascendental a mi juicio.

Nos hemos visto de nuevo cara a cara con la muerte, con la cobardía y la ignominia como referentes de un escenario trágico. Hemos asistido en este episodio de los últimos meses a un ejercicio terrible. El protagonista del mismo ha sido un Estado que, a través de varias de sus instituciones, ha llegado a abogar por legitimar la eliminación de los “más débiles”, entendiendo que éstos eran ahora, a diferencia de otros momentos históricos, no los niños, sino los mayores. El derecho a la vida, considerado la base lógica de todos los demás, pasaba a someterse a criterios pedestres de corte utilitarista. Se nos han olvidado demasiado pronto actuaciones horrendas bajo regímenes tiránicos en las que los condenados a muerte eran otros tipos de víctimas, pero con el mismo denominador común, ser los más débiles, los “inferiores”, los disidentes, …

Según los argumentos expuestos, el valor de la vida no dependería de la vida en sí, debería ajustarse a la edad y otros parámetros. Así, un ser humano de 70 años valdría menos que uno de 40. En ese argumento cabría preguntarse y ¿uno de 20 más que el de 39? Y ¿el de 10 más que el de 20? Y ¿el de 5 más que el de 10? Algo hay cierto más allá de otras elucubraciones en contestación a tal discurso, el de 10 años es un ser inválido, incapaz de sobrevivir por sí mismo y no digamos de los de menores años aún. Tampoco han contribuido prácticamente nada a la sociedad, en el terreno material, otros muchos individuos pertenecientes a rangos cronológicos diversos. Tampoco es necesario un gran esfuerzo para defender la hipótesis de que la vida de un ser humano mayor en edad, puede ser más rica y mejor, desde el punto de vista cualitativo, que las de otros más jóvenes, y no únicamente en el plano sanitario.

Bajo el manto de la conveniencia social se vendría a encubrir la aberración, según la cual, sobre la vida del individuo deben decidir los demás, sin otro fundamento que el interés de éstos. Curiosamente en un sistema que predica la igualdad, incluso propugna el igualitarismo, se argumenta contra toda posibilidad de esta naturaleza. Desacralizamos la vida humana y sacralizamos la “democracia”. Por este camino apuntan graves amenazas para la supervivencia de hombre, para la libertad y la justicia. Estos serían algunos asuntos sobre los cuales bien merecería la pena reflexionar. Eso sí, por decencia ética e intelectual, sin refugiarnos en el supuesto de la necesidad.

Emilio de Diego

51. ¿MAYORES… O VIEJOS?
Dª Adela Tarifa
Académica Correspondiente en Úbeda +

51

sábado
20 junio
2020

días de la pandemia / 51
Dº Adela Tarifa, Académica Correspondiente en Úbeda

¿MAYORES…O VIEJOS?

Madrid, 6 de marzo de 2020. En esa fecha me instale  allí con la devoción de disfrutar de los nietos y la obligación de resolver diversos asuntos administrativos.  El balcón de mi casa,  en pleno centro, y con una boca abajo, era un observatorio privilegiado para ver como bullía una ciudad que nunca para. Aquello era un jolgorio. Jauja no tendría más bullicio que aquel Madrid remoto en el que ningún peligro nuevo acechaba. Ni siquiera nos aconsejaban los “expertos” el uso de mascarillas. Ese  artefacto  resultaba inútil, salvo para personal sanitario y algún raro caso de contagio que pudiera darse en España. Eso nos contaba los telediarios. El  Dr. Simón aclaró por TVE, lo escuche claro, que no había peligro si se asistía a actos multitudinarios. Hasta a su hijo no le hubiera aconsejado lo contrario. Lo creí. ¿Qué ganaba con mentir?

Pero, cosas del destino,  la primera salida a la calle, por emergencia  doméstica, me condujo a  una tienda próxima  regentada por chinos, siempre abierta. Necesitaba  lejía.

En el mostrador estaba el dependiente de siempre. Llevaba mascarilla. Había colgado delante un  cutre cortinaje de plástico y miraba a la clientela con cara de pocos amigos. Soy intuitiva, y pensé en  esa rara peste china que hacía estragos en Italia por entonces. Ni siquiera me di cuenta de  que había poca oferta de lejía en el bazar, atiborrado de todo. La única medida que tomé, con la mosca tras la oreja, fue acercarme a la farmacia cercana para comprar mascarillas, porque pensaba  coger la línea 1 del metro hacia Atocha. No había en ninguna de las farmacias cercanas. Al final localizamos una alejada, y  allí nos vendieron 5 de las básicas, muy caras  y de favor. Me dijo la farmacéutica que las tenias gracias a su amistad con un dentista. Decidí no tomar más el metro. Luego  le conté a mi hija  lo raro que era ver al dependiente chino de la tienda tan malhumorado con los clientes. Ella me aclaró que eso no era raro. Que los chinos llevaban tiempo cerrando sus bazares, y que hacía bastante que los niños chinos dejaron de asistir al colegio. Cuando volví a casa, en un autobús no muy lleno, tenía preocupación. Pero al poner las noticias de la noche volví a serenarme. Eran aprensiones. España iba bien decían los gobernantes y sus expertos. Y la juerga siguió. Yo misma entré en alguna cafetería cercana  varias veces. Y por la noche nos fuimos a un bar de tapas  a cenar. No cabía un alfiler. Allí nadie llevaba mascarilla, ni guantes. Ni se guardaba distancia de seguridad. Vimos a infinidad de personas  mayores alternando, como nosotros. Por entonces aún éramos eso, mayores. Aún   no nos sentíamos  viejos, que  en lo que nos han convertido  de golpe. Pero prosigo.

Cuando hice un segundo viaje a la tienda de los chinos para compara  otras cosillas de primera necesitad,  me parece que fue el día 9, la tienda estaba cerrada. Un rupestre letrero, escrito a mano, decía que estaba “cerrada por vacaciones”. Ya no necesité volver a escuchar los telediarios. Ahí se acabó mi  confianza en los “expertos” del gobierno.  Teníamos algo muy gordo ya encima. Dejé de frecuentar la calle y no volví a tomara ningún medio de trasporté. La maleta ya estaba lista. Caminando  dos kilómetros llegamos a la cochera y salimos  pitando  de Madrid, con el tiempo justo de que no cerraran las carreteras. Fue un visto y no visto. Al llegara a Úbeda respiramos tranquilos. Aquí seguían llenas las terrazas. Se veían pocas mascarillas, lucía el sol y se respiraba  paz. Algunos  turistas  paseaban como nosotros por la zona monumental. Cuando nos sentamos en una terraza  cercana al Salvador, a tomar el aperitivo,  varios extranjeros hacían lo mismo en la mesa contigua.  Uno comenzó a toser con fuerza. Alegué que me molestaba el sol en los ojos y cambiamos de mesa. Porque me acordé del letrero de la tienda de chinos.  Era día 12 de marzo. De entonces no hay que contar  nada nuevo. Han pasado 48 días.  Es la misma  historia de todos: arresto domiciliario. Dolor por la pérdida de varios amigos a los que ha matado esta gripe inofensiva. Angustia por tantas ausencia, por tantas injusticias. Indignación por la masacre de las residencias de ancianos. Preocupación por el desastre económico. Gratitud a los profesionales que se dejan sus vidas sirviendo a los demás. Impotencia por poder  ni siquiera  influir ante  decisiones  políticas  erráticas.  Estupor viendo como la censura  se  infiltra en nuestras vidas. Temor a perder no solo la vida sino algo que vale aún más, libertad y dignidad. Y un desconcierto  infinito porque a las personas mayores que no trabajen en la política las han convertidos a viejos. Aunque  hace unas semanas éramos útiles,  desempeñábamos responsabilidades colectivas, cuidábamos de nuestros ancianos y atendíamos a los nietos. Sí, hoy nos hemos convertido por real decreto en viejos confinados a los que  se trata  como si fueran niños. Para colmo, se empeñan en cuidarnos  con  un proteccionismo enfermizo que atonta,  y que  mata más que esta “peste roja” que llego de China.

¡Señores, ustedes, los que cobran por pensar¡ No se dan cuentan  que el tramo de edad que va de los 65 a los 87, que es la longevidad media española, tiene muchos matices. Es que  no se puede permitir que un maldito virus, por muy coronado que vista, robe a los mayores los mejores años, los últimos  que les quedan por vivir, paralizándolos con decretos colectivistas y achicándolos con el viejo recurso del miedo. Los que estudiamos historia, esa asignatura que tanto detesta la mayoría de los políticos, porque es la madre de la verdad, sabemos de sobra lo que acobarda el miedo, y  que se ha utilizado para perversas ingenierías sociológicas. No, amigos mayores, no se resignen. Porque  no es buen negocio aceptarar el  permiso a  sobrevivir tutelados renunciando al derecho de vivir libres. Srs. Políticos: no se confundan ustedes. Somos mayores, pero no dependientes,  ni inútiles,  ni muchos menos tontos.

Adela Tarifa

50. TIEMPOS DE UTOPÍAS RAZONABLES (VIII)
Dº Francisco Carrillo Montesinos
Académico Emérito +

50

sábado
20 junio
2020

días de la pandemia / 50
Dº Francisco Carrillo Montesinos, Académico Emérito

TIEMPOS DE UTOPÍAS RAZONABLES (VIII)

Quiero más esperanza en mis brazos
que tristeza en mis hombros.
CORAL CORALINA

Jueves 18 de junio. Se hace público que en la República Federativa de Brasil se constata un fallecimiento por minuto como consecuencia de la COVID-19. Detrás de la gélida estadística, la persona concreta sin nombre ni apellidos. Las madrugadas suelen se agitadoras de la memoria. Tres años de acogida en Brasil acumulan una diversidad de recuerdos durmientes. ¿Qué mejor opción despertarlos al filo de la medianoche? Brasil era una fiesta poliédrica que resistía con tambores, trompetas, cançoes y batacudas de sambódromo al poder autoritario y totalizador. Despertaron del sueño amigos para siempre, algunos ya sobrevolando los cielos, como Eduardo Portella, Jorge Amado, Gilberto Gil, Chico Buarque de Holanda, Sonia Braga, Divonzir Guso, Edivaldo Boaventura, P. Casaldáliga, Paolo Freire, Érico Veríssimo, Vinícius de Moraes, Darcy Ribeiro, Oscar Niemeyer, Juscelino Kubitsckek en la oposición, Elis Regina, María Bethânia, Antonio Cabral, Helder Cámara, Caetano Veloso, Roberto Carlos y aquella supercuadra con faz humana en la que me tocó vivir gracias a Lucio Costa…con fondo de candomblé, poesía, sincretismo, música en la calle. Eran tiempos de dictadura en donde nuestro trabajo de cooperación técnica internacional no impedía las caipirinhas a la caída de las tardes con casi todos los citados y en lugares diferentes. En tales circunstancias, en medio de un país continente, el mundo del arte siempre atendía a la llamada de la amistad en Bahía, Brasilia, Río de Janeiro, Porto Alegre, Fortaleza o Recife y Olinda, Sao Paulo y su Bienal, con paso obligado por Ouro Preto hacia Florianópolis, para reencontrar al gran arquitecto Aleijadinho. Y saltaba desabrido al cine, a los conciertos, a las lecturas poética, al arte, y todos al carnaval que convertía el ritmo en expresión de cultura popular. En Goiás, una lucecita que irradiaba la fuerte luz del poemario, la alumbraba Coral Coralina.

Hoy Brasil, querido, respetado y recordado, es uno de los principales focos mortales de la COVID-19 bajo una dirección desabrida al amparo de los Evangélicos en analogía sectaria y enloquecedora con un presidente de los Estados Unidos que rehúsa enmascararse y que posa Biblia en mano ante un templo que instrumentaliza.

Se dice que el actual coronavirus emigró de Europa al hemisferio norte. Está haciendo estragos sobre todo en los descartados de la sociedad: población afro de Nueva York, de amplias zonas de pobreza de países latinoamericanos, en las comunidades indígenas como sociedades de pequeña escala… Las estructuras sanitarias no llegan a todos los rincones. Una UCI es un tesoro escondido. Los cócteles de fármacos, también. Queda un reducido personal sanitario desprovisto y una acción día y noche de las organizaciones de beneficencia, las onegés, con movilización general de pocos sanitarios, de voluntarios aprendices, de misioneros y misioneras y, para algunos, el recurso más a mano es la medicina tradicional con plantas de los diversos bosques, en particular en Amazonia, que no logra destruir al virus y que facilita el tránsito de muerte envuelto por las creencias ancestrales. 

La distancia social resulta prácticamente irrealizable en sociedades muy densas y habituadas a la proximidad y al encuentro en la pobreza. En tales contextos, ¿cómo lavarse las manos si no hay ni agua corriente ni jabón? ¿Cómo desinfectar las favelas sin son cubículos yuxtapuestos en donde vive una familia extensa en hacinamiento y promiscuidad? ¿De qué sirve confinarse en dichas condiciones materiales de vida? También allí como aquí se reparten bolsas de comidas para ir sobreviviendo. También allí como aquí (que ahora felizmente amortiguamos con una renta mínima vital que en poco va a relanzar el consumo) el desempleo tiene mayor incidencia por el peso considerable de la economía sumergida y de la ausencia de poder adquisitivo. El confinamiento es ilusorio para miles y miles de personas que han de salir cada día a las calles para ganarse el sustento cotidiano en un mercado informal en donde no hay ni vendedores ni compradores.

En estos contextos, ¿cómo hacer las estadísticas de las causas de muerte y vida, de infectados y de sanos? Esta interrogante se aplica igualmente a la mayoría de los países del mundo. ¿Cómo aplicar el método comparativo en tales circunstancias? Recuerdo, con referencia a Brasil (pero podría extenderme a muchos otros países) que, al elaborar el Anuario Internacional de Estadísticas de Educación de la UNESCO, había una pregunta clave para calcular la tasa de escolarización en primaria. El porcentaje global daba un resultado, si la memoria no me falla, de un 60% de niños y niñas escolarizados. Pero había una “trampa”, la de la presencia escolar que no se preguntaba. Mientras que en el norte del país las escuelas tenían dos turnos y los niños permanecían tres horas en cada turno, en el sur la permanencia era de seis horas. Las desigualdades regionales en la República federativa eran y son evidentes y el porcentaje total de escolarización primaria falseaba el método comparativo. Esto creo está ocurriendo con las estadísticas mundiales de la COVID-19. En primer lugar, por la identificación para la colecta de los datos; en segundo lugar, por los diagnósticos. Ambos elementos son las caras de una misma moneda. ¿Quién sabía diagnosticar el coronavirus de la COVID-19, y un fallecimiento por este motivo, en diciembre de 2019 o en enero de 2020, en personas con cuadros clínico muy complejos, incluida neumonía doble? Nadie (salvo, quizás, en China). El dictamen final se reducía a paro cardíaco, colapso periférico multiorgánico, paro respiratorio. Ahora, las cosas han cambiado por la experiencia clínica acumulada y por la ayuda de pruebas de laboratorio u otras, a falta de autopsias que, en determinado momento, habrían colapsado a los pocos forenses. Pero no es lo mismo colocarnos, ahora, en Canadá, Corea del Sur, China, Rusia, España o Estados Unidos, que en la precariedad sanitaria de la mayor parte de países de América latina, África, Oriente Medio o India con más de mil millones de habitantes, con profundas desigualdades socio-sanitarias y con amplias zonas de pobreza. Es cierto que todos estos datos pueden entrar en modelos de simulación que nos darán solamente estimaciones y no certezas, lo que ya es algo. 

La globalización tiene sus amplias periferias casi descartadas del progreso. La actual pandemia lo ha puesto de relieve. 

Una pregunta está en la mente de todos (además de la esperada vacuna): ¿Cómo garantizar la seguridad sanitaria y la prevención de nuevas epidemias a nivel internacional? Cuando haya vacuna eficaz, volverán a moverse más de mil doscientos millones de personas; millones de contenedores siguen llegando a los puertos con una enorme diversidad de productos; los cruceros masivos volverán a surcar los mares; el intercambio de personas y el programa Erasmus se reactivarán. Todo ello responde a que somos habitantes de una “casa común” y que las personas humanas necesitan empatía y alteridad para realizarse como personas en un teórico contexto del

bien común que va mucho más allá del interés general. La interconexión global sin duda ha expandido la pandemia, lo que nos lleva a algunas reflexiones para que la comunidad internacional no se reduzca a un latiguillo internacionalista. Habría que empezar por extinguir las condiciones de pobreza y de miseria que existen en el mundo, con una agenda universal con objetivos más a corto plazo. Esto significa miles de billones de inversiones que muchas de ellas serían productivas y tendrían retorno, con un acompañamiento de una educación para todos y una sanidad para todos. Hay que ir a la raíz de los problemas y que toda persona disponga de agua corriente y de jabón para lavarse las manos y para habitar una vivienda decente. Un salario mínimo vital mundial a los descartados para erradicar el hambre y facilitar la higiene. Se trata de presupuestos básicos. A ello añadiría una generalización de la ciencia y un respeto a la diversidad cultural, promoviendo la descongestión de las urbes y de las megalópolis. Se impone una educación particular y sostenida para evitar la destrucción de los ecosistemas y el respeto de la naturaleza, cuyas infracciones contribuyen incluso a catástrofes naturales o a pandemias inducidas. Se debería llegar a un acuerdo internacional para la prohibición del tráfico legal o ilegal de animales “exóticos” o de plantas que pueden ser portadoras de patógenos que no lo son en su ambiente natural. 

Creo es necesario que cada país (y no sólo en Occidente, que también) debería dotarse de una autosuficiencia estratégica en alimentos, sanidad y educación en sus propios contextos culturales. 

Para ello, es necesario una autoridad mundial compartida y ejecutiva. No veo otra institución que la ONU reestructurada y dotada de poderes ejecutivos y, mutatis mutandi, la Unión Europea para los países de Europa.

Puede que la humanidad esté, en estos tiempos de pandemia, desconcertada por la ausencia del Gran Desconocido que, deduzco saltando en el vacío, respeta escrupulosamente la libertad para hacer el bien o para hacer el mal con la que parece nos dotó. (Aquí ya entramos en la metafísica que puede ir en paralelo con la física y, quizás un día, converger en un mundo entrópico). La libertad es el mayor bien que poseemos. A nosotros todos nos toca cultivar la capacidad de discernimiento y reorganizar las condiciones materiales de existencia con soporte cultural y apoyos simbólicos. La COVID-19 es el primer gran reto a la humanidad en su conjunto. Al ser global, la respuesta también ha de ser global desde las especificidades culturales. Una prueba inmediata (esperemos) será el proceso de la vacunación universal. Pero hay otra vacunación coadyuvante: la vacunación mental para que sople el espíritu de la solidaridad y de la compasión.

(20 junio 2020)
Francisco Carrillo Montesinos

49. Serie Cartones Picassianos Dº Fernando de la Rosa Ceballos
Académico de Número y Tesorero +

49

viernes
19 junio
2020

dias de la pandemia/ 49
Dº Fernando de la Rosa Ceballos
Académico de Número y Tesorero

Serie  Cartones Picassianos

 
Título: El baño
Técnica: fotografía y témpera sobre cartón
Dimensiones: 22 x 40 cm.
Año: 2018
(colección particular)
 

 
Título: Bañistas
Técnica: fotografía y témpera sobre cartón
Dimensiones: 22 x 40 cm.
Año: 2018
 

 
Título: Puente de hierro
Técnica: fotografía y témpera sobre cartón
Dimensiones: 22 x 40 cm.
Año: 2018
 

 
Título: La farola
Técnica: fotografía y témpera sobre cartón
Dimensiones:  30 x 22 cm.
Año: 2018
(colección particular )
 

 
Título: Palomas
Técnica: fotografía y témpera sobre cartón
Dimensiones: 30 x 22 cm.
Año: 2018
 

 
Título: Pitas y pencas
Técnica: fotografía y témpera sobre cartón
Dimensiones: 26 x 37,5  cm.
Año: 2018
 

 
Título: Mujeres en la playa
Técnica: fotografía y témpera sobre cartón 
Dimensiones: 26 x 37,5 cm.
Año: 2018
(colección particular)
 

 
Título: Palacio de la Aduana
Técnica: fotografía y témpera sobre cartón
Dimensiones: 37,5 x 26 cm.
Año: 2018
(colección particular)
 

 
Título: Gran sol
Técnica: fotografía y témpera sobre cartón
Dimensiones: 30 x 22 cm.
Año: 2018
 

 
Título: Cierta paloma
Técnica: fotografía y témpera sobre cartón
Dimensiones: 30 x 22 cm.
Año: 2018
 

 
 

48. Faunos Dº Fernando de la Rosa Ceballos
Académico de Número y Tesorero +

48

jueves
18 junio
2020

dias de la pandemia/ 48
Dº Fernando de la Rosa Ceballos
Académico de Número y Tesorero

FaunosTécnica: Fotografía y óleo sobre cartón
Dimensiones: 70 x 100cm.
Año: 2018

47. TIEMPOS DE UTOPÍAS RAZONABLES (VII)
Dº Francisco Carrillo Montesinos
Académico Emérito +

47

lunes
15 junio
2020

días de la pandemia / 47
Dº Francisco Carrillo Montesinos, Académico Emérito

TIEMPOS DE UTOPÍAS RAZONABLES (VII)

La reclusión frente a la COVID-19 me ha llevado a rememorar el discreto encanto de la diplomacia silente y a desvelar unos hechos inéditos de otra reclusión forzosa, atroz, dolorosa y terrorífica. Era martes 13 de noviembre de 1979, bien entrada la tarde. Tras superar la rampa del aparcamiento de la UNESCO en París, solía conectar el programa internacional de Radio Nacional de España. La noticia me sobrecogió: ETA reivindica el secuestro de Javier Rupérez, diplomático, responsable de Relaciones Internacionales de UCD. Giro por la plaza Fontenoy, regreso al aparcamiento de la UNESCO, subo al despacho del Director General Amadou-Mahtar M’Bow quien, extrañado de mi urgencia, me pregunta: ¿qué pasa? Le respondo: que ETA ha secuestrado a un amigo, demócrata, y que tendríamos que hacer algo en su favor. Y, sin dudar, me interpela: propuestas. Sabía, por proximidad de trabajo, que era un ejecutivo de altos vuelos y en el ascensor yo había barajado varias sugerencias para la acción. Le dije dos posibilidades que podemos combinar: solicitar de Yasir Arafat, Presidente de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), una intervención pública solicitando la liberación de Rupérez y tantear a un clérigo vasco ex funcionario de la UNESCO. El Director General reaccionó con estas breves palabra: ejecución, pero en secreto. Comprendí de inmediato que era el Director General quien asumía las gestiones de «diplomacia secreta» por razones humanitarias. El gobierno español no fue informado para evitar toda publicidad ineficaz. A reglón seguido, fui al despacho de Federico Mayor Zaragoza que era Director Adjunto de la UNESCO, correligionario de Javier Rupérez en UCD. Estaba informado del secuestro y apoyó plenamente las gestiones secretas que se iban a llevar a cabo en nombre del Director General de la UNESCO.

A Javier Rupérez lo conocí en la década de 1960 con otros que resultaron fieles amigos en la diversidad como Óscar Alzaga, Gregorio Peces-Barba (al que Javier dedicó un sentido obituario en La Tercera de ABC, “Mi amigo Gregorio”, 25/7/2012), Tomás de la Cuadra Salcedo, Fernando Ledesma, Pedro Altares, Santiago Rodríguez Miranda, Virgilio Zapatero, Ignacio Camuñas, Eugenio Nasarre, Gregorio Marañón Bertrán de Lis y otros que a veces compartíamos mesa en «El Mesón del Conde». Yo había descubierto «la cuestión palestina», referencia fundamental de este relato, desde «Signo» y «Cuadernos para el Diálogo». Todos acompañantes de Joaquín Ruíz-Giménez en la difícil tarea del diálogo que llegó a contribuir a abrir las puertas de La Transición. Recuerdo que con Javier organizamos una mesa redonda sobre Palestina movidos por la ética de la solidaridad. En aquel entonces transitábamos todos por la Unión de Jóvenes Demócratas Cristianos (UJDC), que fundamos muy próximos de Aldo Moro, y por la Unión de Estudiantes Demócratas (UED) de inspiración democristiana.

La gestión con Arafat fue muy eficaz. La OLP estaba reconocida por la UNESCO y por la ONU como entidad no gubernamental. De esta tarea me encargué inmediatamente a través de un canal no administrativo con acceso directo. El mensaje era muy claro: Presidente Arafat, el Director General de la UNESCO le pide que haga una intervención pública para que ETA libera al Sr. Javier Rupérez, diplomático español y amigo de Palestina (se hizo referencia a la mesa redonda en Madrid en los años de 1960 sobre la cuestión palestina). Arafat decidió sin dudarlo y, a través de la agencia palestina de prensa, lanzó públicamente la solicitud de liberación. Era esencial que la intervención de Arafat la hiciera pública. Y así fue.

La otra gestión con un canónigo vasco, jubilado de la UNESCO, llevó tres días. Se trataba del P. Alberto de Onaindía Zuloaga (1902-1988) que trabajó en París, ya exilado, en los servicios de lengua española de la UNESCO y que paralelamente desarrollaba por su cuenta un programa en Radio Francia Internacional bajo el seudónimo de «Padre Olaso». En esos tiempos, yo no estaba en la UNESCO. El clérigo Onaindía fue un destacado “mediador” del Partido Nacionalista Vasco (PNV), –partido democristiano–, durante la Guerra de España e introductor de la Doctrina Social de la Iglesia en el País Vasco, llegando a entrevistarse con Ángel Herrera Oria (Abogado del Estado, quien después sería obispo de Málaga y Cardenal de España) cuando se barajó la posibilidad, antes de la guerra, de que el PNV se integrara en la CEDA, confederación de partidos católicos. Asocié al escritor español Francisco Fernández Santos que trabajaba en ese servicio de lengua española de la UNESCO y que había conocido al clérigo Onaindía. Logramos encontrar su dirección y teléfono en los archivos del personal de la UNESCO. Le pedimos, sin más preámbulo: El Director General de la UNESCO le solicita, si puede, haga algo en favor de la liberación del Sr. Rupérez por ETA. (Naturalmente sabíamos que el clérigo era un nacionalista vasco con historial en ese entorno). Y subrayamos: el Director General tiene mucho interés en este caso. (Años antes, el Director General le llegó a prolongar el contrato dos años más de la fecha de jubilación porque era muy dotado en lengua española). El «Padre Olaso» fue tajante: Vivo en San Juan de Luz jubilado y voy a ver lo que puedo hacer. Vuelvan a llamarme a este teléfono pasado mañana a tal hora. La nueva llamada dio el siguiente resultado: el comando es muy joven, piensan que se equivocaron al marcar al Sr. Rupérez como objetivo y desean soltar el paquete. Pero piden a la UNESCO que obtenga el cese de los acosos de la policía española. Nuestra respuesta fue contundente: El Director General de la UNESCO hace esta gestión personal como acción paralela y coadyuvante y ha considerado oportuno no informar al gobierno español. Por consiguiente, no es de recibo la petición que nos transmite. He de añadir que incluso el que presidía en España el «comité en pro de la liberación de Javier Rupérez», que fue Joaquín Ruíz-Giménez, nuestro maestro y amigo, además muy vinculado al Director General de la UNESCO Amadou-Mahtar M’Bow y al Director Adjunto Federico Mayo Zaragoza, no fue informado de estas gestiones de «diplomacia humanitaria personal y secreta» del Director General de la UNESCO. Nadie fue informado. La más mínima filtración hubiera neutralizado tales gestiones.

Pasados los años, sólo tres personas han guardado con total discreción la información que hoy aquí se narra por primera vez, por imperativo de la “obligación de reserva” en la función pública internacional, imperativo que hoy ya no es vinculante tras 41 años de los hechos. Asunto cerrado.

No hace mucho, en un apartado en la sede de la Real Academia de Ciencias Morales y Política, en el Palacio de los Lujanes de la Plaza de la Villa de Madrid, hablaba de estos hechos con Javier Rupérez, también Académico Correspondiente de dicha Corporación. Le había puesto al corriente muchos años después. En ese momento de reencuentro entrañable, Javier Rupérez me comunicó: Estoy convencido de que la intervención pública del presidente Arafat y, añadió, del Papa Wojtyla (Juan Pablo II), fueron decisivas para mi liberación. Y tiene esta conjetura cierta lógica: si «querían soltar el paquete», –como nos dijo el clérigo vasco–, sólo dos posibilidades, o asesinado o vivo. Afortunadamente lo dejaron con vida el 12 de diciembre de 1979 a unos kilómetros de Burgos. El discreto encanto de la diplomacia silente a ras de tierra.

Francisco Carrillo Montesinos
(Publicado en el Diario SUR/Vocento, 12.6.2020)

José Calvo Poyato. Premio Ciudad de Cartagena de Novela Histórica

sábado
13 de junio
2020

 Actividades de Académicos
Dº José Calvo Poyato, Académico Correspondiente en Cabra
Premio Ciudad de Cartagena de Novela Histórica

46. CUANDO LAS ESTACIONES
Dª Maria Victoria Atencia
Académica de Número +

46

sábado
13 junio
2020

días de la pandemia / 46
Dª Maria Victoria Atencia, Académica de Número

CUANDO LAS ESTACIONES

Cuando las estaciones o los años,
cuando el viento, cuando –puede ocurrir-
se trate de tu vida y se disponga
un beso aun en el borde de tus labios,
ya residuo final, testimonio de otros
tiempos con no menos disposición que ésta,
acógete al espléndido otoño, a sus hacinas
de bárbaro fulgor –como decía Hopkins-
y apresta entonces tu deslustrado corazón:
la vida empieza ahora.
Maria Victoria Atencia

Mari Pepa Lara García. El Conde de las Navas

viernes
12 de junio
2020

 Actividades de Académicos
Dª Mari Pepa Lara García, Académica de Número
El Conde de las Navas, el bibliotecario del rey Alfonso XIII dueño del palacete de calle Beatas

45. CONSUELO Y MARGA GIL ROËSSET
Dª Mari Pepa Lara García
Académica de Número +

45

viernes
12 junio
2020

días de la pandemia / 45
Dª Mari Pepa Lara García, Académica de Número

CONSUELO Y MARGA GIL ROËSSET

Preliminar

En estos meses de pandemia y reclusión en nuestras casas, después de leer, escribir, ordenar armarios y libros, me puse a revisar  y clasificar mis artículos. Algunos de ellos lo había escrito y publicados hacía bastantes años; entre ellos, encontré este que ahora les remito, sobre las hermanas Gil Roësset,  que recuerdo fue publicado en una revista de un pueblo, y por lo tanto,  tuvo poca difusión. Creo que, después de tantos años, en la web de la Academia puede alcanzar mayor difusión, y pienso que puede ser interesante recordar la historia de estas dos hermanas; sobre todo, Consuelo es la más desconocida, pese a la importancia de su labor como editora, en unos años en los que no era corriente que una mujer ocupase este puesto.

En su momento, escribí este artículo en memoria de mi hermano Antonio, junto al que en mi infancia y juventud, leí   tantos “tebeos”, como a nosotros nos gustaba definirlos, y no “comic”, como se le denomina ahora. Además, con los años, mi hermano se convirtió en un experto en “tebeos”, escribiendo varios libros y artículos sobre el tema. A él va dedicado este artículo.

Introducción

Del matrimonio de Julián Gil y Margarita Roësset  nacieron: Consuelo, 1905; Marga, 1908; Pedro, 1910 y Enrique, 1912, en el seno de una familia acomodada, con grandes inquietudes artísticas. Educaron a sus hijos, cuidadosamente, llevando a las hijas a estudiar a las ursulinas y, haciéndoles aprender piano, violín  y francés, como a todas las niñas de aquella época, de buena familia.

Marga nació enfermiza y, aunque los médicos llegaron a desahuciarla, el tesón, el amor  y el cuidado de su madre  lograron sacarla adelante. Por esta razón, la relación  de Marga con su madre, a causa de su enfermedad, era absolutamente dependiente.

Consuelo y Marga Gil

Tanto Consuelo como Marga eran bellísimas, como también lo era  su madre, mujer elegantísima y muy religiosa, de cuya educación de sus hijos se ocupó personalmente. Las dos hermanas hablaban cuatro idiomas, viajaban, asistían a conciertos, exposiciones;  Consuelo,  escribía y, Marga, dibujaba.

Consuelo era alta, esbelta, rubia, elegante, de piel blanca y transparente, con ojos azules. Marga también era alta, grácil, seria y profunda. Sus ojos color de miel, más morena que su hermana y, su pelo, castaño, Era de una belleza menos espectacular que la de Consuelo, pero, quizá,  más atractiva, con una belleza andrógina y, por las fotos que conocemos, no parecía muy preocupada por su aspecto, muy natural, nada sofisticado.

Consuelo Gil  Roësset, primera editora española de revistas

Los inicios artísticos de las dos hermanas  comenzaron paralelos, como veremos más adelante, aunque años después, la tragedia las separó.  Consuelo Gil se doctoró en Filosofía y Letras en la Universidad Complutense; con gran experiencia en Literatura infantil, fue alumna del pintor Benedicto y, de Pedro Sáinz  Rodríguez, catedrático de Bibliografía.

Cuando estalló la Guerra Civil, se encontraba veraneando en San Sebastián con sus tres hijos: Paloma, Atoín y Jose María, viéndose  obligada a trabajar como redactora en las revistas que se publicaban en esa ciudad: “Pelayos” bajo la dirección de Fray Justo Pérez de Urbel;  “La Ametralladora” y “Mujer”, revista esta última de la que, además, era directora. Mientras, su marido, José María Franco, intentaba sobrevivir en Madrid.

Consuelo Gil tenía en mente  sacar una revista que no cayera en la línea exagerada de intencionalidad política y religiosa que tenía “Pelayos”.  Juan Baygual, industrial catalán,  le  ofreció  financiar  la revista que  ella  deseaba   hacer. Así nació “Chicos”, el 23 de febrero de 1938, cuya autorización consiguió la editora de las autoridades de Burgos,  en edición  bicolor y con un tamaño similar al de “Pelayos” El que, en esa época fuese ministro de Cultura, Sáinz Rodríguez, fue decisivo para conseguir la autorización.


Chicos”, Cuto, 1949

Los autores fundamentales de “Chicos” fueron: Castanys, Mercedes  Llimona y Carmen Parra, a quienes se deben  la mayoría y las mejores historietas publicadas en los inicios de la revista. Por esta causa, uno de los datos más  característicos  del primer “Chicos” es el hecho de que, en  su origen se produjo, un claro predominio femenino y, ello contribuyó a darle a la revista un tono particular. Aunque, no hay que olvidar el contexto histórico en que nació la revista, una zona en estado de guerra, y un periodo en el  que, sobre escritores y dibujantes se acumulaban, además, las presiones implícitas en la Ley de prensa de abril de 1938, según la cual, los autores quedaban al servicio de las intenciones propagandistas oficiales. Por esta razón, “Chicos” en su primera versión, aparecían banderas, uniformes falangistas…Pero, sólo unos años después, en 1944, el libro, con idéntico título, recoge las ilustraciones primeras, en una nueva disposición espacial, pero con portada original, dibujada por el mismo artista para la presentación en forma de libro, y los dibujos fueron convenientemente  modificados para borrar esos signos ideológicos.

mar

“Flechas y Pelayos”, cuyo primer número  apareció el 11 de diciembre de 1938, era el fruto de la fusión de las revistas “Pelayos” y “Flechas”, impuesta por el Ministerio del Interior, a  su director,  Fray Justo Pérez de Urbel.

Parece ser que,  a finales de 1938, Consuelo Gil, quien figuraba como directora de “Chicos” y empleada de Juan Baygual,   fue convocada a Burgos para que se le entregara la orden de incautar la publicación, probablemente para cerrarla, dado que las funciones de adoctrinamiento juvenil las cumplía su competidora, “Flechas y Pelayos” y; por lo tanto, sobraba una de las dos. Consuelo defendió valientemente su proyecto y, convenció a las autoridades burgalesas para seguir con las dos revistas y, además consiguió que, Baygual fuera indemnizado, al incautar la revista,  por su aportación económica inicial.

Los colaboradores pudieron simultanear su trabajo en una y otra, durante su primera etapa. Pero, cuando terminó la Guerra, ambas revistas trasladaron su redacción a Madrid. Y a partir de esa fecha, se pudo aprecia el distanciamiento evidente entre ambas. Otros colaboradores, Gabi, Federico Blanco, Moro, Zata…, se fueron incorporando a la empresa de Consuelo Gil.

La disparidad de presentación entre ambas revistas se fue haciendo cada vez menor a medida de que “Chicos” incorpora el color y; sobre todo, su nivel estético creció de modo incomparable,  cuando llegaron a la revista los dibujantes, Emilio Freixas,  en 1939  -quien permaneció diez años en dicha revista-;  y un poco después se les uniría Jesús Blasco y sus hermanos, Alejandro y Pilar; en 1945 se incorporó  Mariano Zaragüeta… Y ya en 1942,  logró comprar la revista y adaptarla a su propio estilo, creando su propia editorial  Gilsa (Consuelo Gil, S. A.).

En las secciones culturales y literarias hubo firmas excepcionales: María Asunción Plantín, la misma Consuelo, con diversos seudónimos, Javier de Olavide  y, sobre todo, Marisa Villardefrancos (1915-1975) y;  su hermana Gloria, quien firmaba con el seudónimo de Legrand, su segundo apellido. Marisa, posteriormente, publicó numerosas novelas en la colección “Biblioteca Chicas”.

Consuelo Gil, en sus revistas, logró reunir un plantel de colaboradores  auténticamente excepcional e irrepetibles y, aunque ella cuidaba de forma especial la unidad de la revista, algunos personajes destacaron con luz propia, caso de Cuto y Anita Diminuta, ambos  de Jesús Blasco. El nivel más alto del trabajo de la editora y sus colaboradores se manifestó, muy pronto, en los números extraordinarios, denominados “Almanaques”.

Sin embargo, Consuelo no se inventó totalmente su producto, que fue elaborando poco a poco, con un envidiable sentido ecléctico, además de recoger varias aportaciones de  las publicaciones extranjeras más importantes del momento.

La influencia de “Chicos”, de su estilo inimitable se advierte, prácticamente sin excepción, en todos los dibujantes e ilustradores desde comienzo de los cuarenta hasta  los sesenta.

A comienzos de los cincuenta, terminó “Flechas y Pelayos”; la publicación de Consuelo aguantó unos pocos  años más, gracias a una disminución de tamaño a la mitad del formato, hasta 1952, con una etapa bajo la denominación de  “Chicos Deportivo”. Volverá a resurgir, en 1954, ahora con el sello de Editorial Cid   -que había sustituido a Gilsa-, y nuevos colaboradores, permaneciendo hasta 1956; finalizando definitivamente a finales de ese año, con la cual concluyó una etapa de la edición española, sin posibilidades de continuidad.

“Mis Chicas”, la primera revista femenina española

Mientras, el 2 de abril de  1942, apareció “Mis Chicas” la primera revista de historietas dedicada al público femenino español. En el primer número (13×11 centímetros)  empezaban las andanzas de Anita Diminuta, que “era una niña que había nacido dentro de una campanilla”,  de Jesús Blasco.

En aquellos años, las revistas autorizadas gozaban de un cupo fijo de papel prensa que, a veces, debido a las dificultades  -comenzaba la segunda  guerra mundial-, podía desaparecer, momentáneamente.  Consuelo, al reducir el formato de “Chicos”, lo que representaba un sobrante de papel, le encargó a Jesús Blasco la realización de esta revista, pequeña y alargada, que quería dedicar a las niñas españolas. Debido al éxito sorprendente de la publicación,  pudo conseguir un aumento en los cupos oficiales para mejorar la revista. A mediados de  1942, “Mis Chicas” agrandó su formato (24×18 cm.), subiendo su precio a 25 céntimos. En las portadas ya no está Anita Diminuta  -pasando  a la contraportada-, sino ilustraciones a todo color con algún motivo religioso, pedagógico o de humor.

En “Mis Chicas” colaboraron casi todos los dibujantes de “Chicos”. Aunque los grandes animadores  de la revista fueron los hermanos Blasco. Aparte de Jesús, Alejandro dibuja series inspiradas.  Pero la gran inspiradora es Pilar Blasco, quien aparte de sus colaboraciones en  “Mariló” o varias portadas, su estilo se perfecciona a partir de series como, El castillo de Oro, con guiones de J. Canellas.

“Mis Chicas” siguió publicándose ininterrumpidamente hasta el año 1950, en que es sustituida por “Chicas”, una publicación totalmente diferente. Durante esos nueve  años de vida, la influencia y difusión  de la revista  fue enorme; aunque la publicación se anunciaba “con censura eclesiástica para niñas mayores de 7 años”, la edad de las lectoras era mayor. Ya a finales de 1942, la media de las solicitudes de correspondencia era de 12, 15  e  incluso de 17 años. Quizá se debiera a que no había otras revistas femeninas con que competir. “Mis Chicas” inauguró un género, fue el punto de partida de todos los tebeos femeninos  españoles.

La revista “Chicas”,  fue denominada por Consuelo “la revista de los 17 años”,  ya que, ésta había calculado la edad que más menos tendrían entonces las lectoras que habían empezado a leer la primera en 1942.  Pero,   el   nuevo producto, ya no era de historietas  -con alguna excepción- sino relatos seriados de firmas cercanas  a la editora: Marisa y Gloria  Villardefrancos; Borita Casas   y, Gloria  Fuertes; entre otras.

Liboria  Casas Regueiro  -Borita Casas- (1911-1999), trabajaba como locutora y; también  como guionista, en Radio Nacional y en  Radio Madrid. El personaje de “Antoñita la Fantástica”, con ilustraciones de Mariano Zaragüeta,  nació, pues,  en la radio. Consuelo la llamó para que escribiese, por entregas, historias de  su personaje en “Chicas”. El éxito fue arrollador y; a partir de 1948, Gilsa publico doce títulos en forma de libro; el último de ellos “El álbum de Antoñita la Fantástica” en 1958.

La última entrega de esta colección se reeditó, con el título “Antoñita, aprendiz de mujer”, en 1984, junto a otras siete obras, en un intento de actualizar estas creaciones. Tales iniciativas resultaron un fracaso, y también, los intentos de llevar a estos personajes al cine  o a  la televisión. “Antoñita la Fantática” era un personaje de su tiempo y, éste ya había pasado.

La revista contó con las ilustraciones de los mejores artistas del momento en su género, con reseñas de cine, radio  -en los sesenta, también de televisión-, canciones, modelos y cocina.

En 1952 la editora Gilsa  presentó  la  “Biblioteca Chicas”, con dos colecciones: “La ardilla Escocesa”, para los catorce años y; la denominada “Y échate a volar”, para chicas mayores y mujeres adultas. La primera fue de corta duración, pero la segunda tuvo una larga trayectoria hasta finales de los sesenta.

De 1952 a 1960 Marisa Villardefrancos es la autora que más novelas tiene en la colección; varias de ellas habían aparecido  previamente en “Chicas” por entregas;  las de más calidad, fueron, incluso, adaptadas a la radio,  Cadena Ser, con un gran éxito.      

La hazaña de esta gran editora, además del hecho de ser mujer, en un periodo conflictivo para éstas, cuando casi sólo se les permitían ser amas de casas, permanece como un ejemplo inalcanzable   -en un puesto, al que sólo podían  acceder los hombres, en aquellos momentos, en España-,  de talento e inventiva inigualables.

Consuelo Gil falleció en  Madrid  el año  1995 a los 90 años.

Marga Gil  Roësset, dibujante y escultora

En 1920, se publicó “El niño de oro”, basado en un cuento de su hermana Consuelo, con dibujos de Marga, editado en París por Plon.  Tenía 12 años.  En 1923, también en París, ambas hermanas publicaron “Rose des Bois”, en cuyos dibujos, Marga consiguió un barroquismo de elaboración.  A partir de esa fecha, dando un giro absoluto, se dedicó a esculpir. Su madre la llevó al estudio de Victorio Macho, quien se negó a darle clase por no estropear su talento creativo. Sus esculturas no tenían ninguna influencia externa, era totalmente autodidáctica.

En 1930, a los 22 años, presentó un “Adán y Eva” a la  Exposición Nacional y fue todo un éxito.

A principios del año 1932, en un concierto, la  austriaca Olga Baur Pilecka les presentó a Juan Ramón Jiménez y a Zenobia Camprubí, traductora de Tagore. Las dos hermanas eran lectoras del  poeta hindú.  Marga, desde ese momento,  sintió gran admiración por ella y;  decidió de inmediato hacer una escultura de ambos.

Marga Gil en su estudio

A partir de ese instante, la pasión de aquella frágil Marga,  que esculpía en granito y en piedra, se volcó en un hombre que no se dio cuenta, no calibró el daño que podía hacerle con aquel continuo y medido coqueteo que practicaba siempre, con la legión de jovencitas de talento que le rodeaban, con su beneplácito y el de Zenobia. La falta de visión de Juan Ramón, un hombre hecho a sus 51 años, le impidió cortar aquel amor cuando surgía y apartarlo.

Marga quedó fascinada por la presencia y la poesía de Juan Ramón, quien entonces,  era ya  un poeta consagrado.  Éste le deslumbró, porque fue el único que le había hablado de lo eterno, del arte, de Dios, del infinito.

Se convirtió en una asidua del hogar del matrimonio Jiménez. Buscaba sin cesar excusas para visitarlos. Podía parecer una más, dentro de las admiradoras del poeta. Pero Marga  era distinta. Juan Ramón le había dicho en una ocasión: Me gustaría ir destruyendo todos los libros antiguos, anteriores a 1915”.  Por ello, Marga  robaba ediciones de libros,  anteriores a esa fecha, en bibliotecas privadas y,  se los ofrecía al poeta para que él los inmolara.

Se ofreció a realizar un busto de Zenobia y, otro de Juan Ramón. Sólo terminó el primero  -la última obra que realizó-; de la cual diría el poeta: “Mi mujer dijo que parecía que la estaba haciendo brotar, como una fuente, de la tierra”.

En junio Marga se encontraba muy mal, no se sentía capaz de esculpir la cabeza del poeta. Tenía planeado ir a París, pero aplazó el viaje.

Ocho días antes de su suicidio empezó a escribir un diario destinado a Juan Ramón. Para él se hace, también, una foto que le dedica. “Juan Ramón, siento que la muerte no te da vértigo”.

El 28 de julio de 1932 destruye todas las obras que tenía en el taller, menos el busto de Zenobia, al cual cubre con un paño negro. No quiere que la recuerden por su arte. Se arregla detenidamente y, pasa por la casa del Juan Ramón por última vez. El poeta, distraído, la recibe sin prestarle  mucha atención. Ella deja sobre la mesa su pequeño diario. Juan Ramón  lo guardó sin decirle nada a la familia.

Un taxi la deja en Las Rozas,  en el chalé de su tío Eugenio; allí escribe tres cartas: a su hermana Consuelo, a sus padres y a Zenobia:

Marga Gil

Perdonadme por ser tan egoísta…Mamá, no te desesperes pensando en la pena eterna. Matarse es una crueldad horrible para vosotros, pero aparte de eso no es siquiera malo. Y justamente porque creo en Dios lo siento así”.

  Después, con el revólver de su abuelo,  que había robado del despacho de su padre, se pegó un tiro en la sien.  No murió en el acto, Juan Ramón la velaría durante las horas de su agonía. Su padre murió a principios de 1934, a los 54 años y, su madre muy poco después; ambos reposan junto a su hija en el cementerio de Las Rozas.

En su obra “Españoles de  tres  mundos” Juan Ramón escribió sobre Marga: “Sentada tenía una actitud de energía, brazos musculosos, morenos, heridos siempre de su oficio, duros. Y al mismo tiempo ¡tan frágil¡ Llevaba el alma fuera, el cuerpo dentro…”  Y en otra ocasión, comentó el poeta: “Marga nos tomó como pretexto para su historia”.

Zenobia en sus memorias inéditas dejó escrito: “Marga, que duro fue tu paso por nuestras vidas”.

Después de su muerte,  en 1933, se publicó  un libro de “Canciones de niños y de mamás”,   música de José Mª Franco, marido de Consuelo, con textos en francés de ésta y,  tres ilustraciones de Marga. “El niño de oro” tenía muchas ilustraciones barrocas, hechas a pluma con algo de color, parecían más grabados que dibujos. Éstos eran completamente distintos. En los once años transcurridos entre las ilustraciones de “Rose des Bois” y las “Canciones de niños…”, Marga había evolucionado como otros artistas podían hacerlo a lo largo de su vida.

Toda la obra escultórica que queda de Marga consisten en  veintiséis  figuras, de varios tamaños, duras, fuertes, de granito, vanguardistas, viriles. Sus  temas: ingenuos,  orientales, pero de un dominio técnico asombroso.

En el año 2008, con motivo del centenario de su nacimiento,  se realizó una exposición en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.  La muestra constaba con cerca de cien dibujos y acuarelas, veinte esculturas y, un gran número de cuentos ilustrados por ella; además de numerosas fotografías familiares.  Fue un merecido homenaje a una mujer, quien,  de no haber fallecido tan trágicamente, hubiera alcanzado el éxito que merecía  por su asombrosa técnica  e imaginación creadora.

Mari Pepa Lara García

50. TIEMPOS DE UTOPÍAS RAZONABLES (VIII)
Dº Francisco Carrillo Montesinos
Académico Emérito +

50

jueves
18 junio
2020

días de la pandemia / 50
Dº Francisco Carrillo Montesinos, Académico Emérito

TIEMPOS DE UTOPÍAS RAZONABLES (VIII)

Quiero más esperanza en mis brazos
que tristeza en mis hombros.
CORAL CORALINA

Jueves 18 de junio. Se hace público que en la República Federativa de Brasil se constata un fallecimiento por minuto como consecuencia de la COVID-19. Detrás de la gélida estadística, la persona concreta sin nombre ni apellidos. Las madrugadas suelen se agitadoras de la memoria. Tres años de acogida en Brasil acumulan una diversidad de recuerdos durmientes. ¿Qué mejor opción despertarlos al filo de la medianoche? Brasil era una fiesta poliédrica que resistía con tambores, trompetas, cançoes y batacudas de sambódromo al poder autoritario y totalizador. Despertaron del sueño amigos para siempre, algunos ya sobrevolando los cielos, como Eduardo Portella, Jorge Amado, Gilberto Gil, Chico Buarque de Holanda, Sonia Braga, Divonzir Guso, Edivaldo Boaventura, P. Casaldáliga, Paolo Freire, Érico Veríssimo, Vinícius de Moraes, Darcy Ribeiro, Oscar Niemeyer, Juscelino Kubitsckek en la oposición, Elis Regina, María Bethânia, Antonio Cabral, Helder Cámara, Caetano Veloso, Roberto Carlos y aquella supercuadra con faz humana en la que me tocó vivir gracias a Lucio Costa…con fondo de candomblé, poesía, sincretismo, música en la calle. Eran tiempos de dictadura en donde nuestro trabajo de cooperación técnica internacional no impedía las caipirinhas a la caída de las tardes con casi todos los citados y en lugares diferentes. En tales circunstancias, en medio de un país continente, el mundo del arte siempre atendía a la llamada de la amistad en Bahía, Brasilia, Río de Janeiro, Porto Alegre, Fortaleza o Recife y Olinda, Sao Paulo y su Bienal, con paso obligado por Ouro Preto hacia Florianópolis, para reencontrar al gran arquitecto Aleijadinho. Y saltaba desabrido al cine, a los conciertos, a las lecturas poética, al arte, y todos al carnaval que convertía el ritmo en expresión de cultura popular. En Goiás, una lucecita que irradiaba la fuerte luz del poemario, la alumbraba Coral Coralina.

Hoy Brasil, querido, respetado y recordado, es uno de los principales focos mortales de la COVID-19 bajo una dirección desabrida al amparo de los Evangélicos en analogía sectaria y enloquecedora con un presidente de los Estados Unidos que rehúsa enmascararse y que posa Biblia en mano ante un templo que instrumentaliza.

Se dice que el actual coronavirus emigró de Europa al hemisferio norte. Está haciendo estragos sobre todo en los descartados de la sociedad: población afro de Nueva York, de amplias zonas de pobreza de países latinoamericanos, en las comunidades indígenas como sociedades de pequeña escala… Las estructuras sanitarias no llegan a todos los rincones. Una UCI es un tesoro escondido. Los cócteles de fármacos, también. Queda un reducido personal sanitario desprovisto y una acción día y noche de las organizaciones de beneficencia, las onegés, con movilización general de pocos sanitarios, de voluntarios aprendices, de misioneros y misioneras y, para algunos, el recurso más a mano es la medicina tradicional con plantas de los diversos bosques, en particular en Amazonia, que no logra destruir al virus y que facilita el tránsito de muerte envuelto por las creencias ancestrales. 

La distancia social resulta prácticamente irrealizable en sociedades muy densas y habituadas a la proximidad y al encuentro en la pobreza. En tales contextos, ¿cómo lavarse las manos si no hay ni agua corriente ni jabón? ¿Cómo desinfectar las favelas sin son cubículos yuxtapuestos en donde vive una familia extensa en hacinamiento y promiscuidad? ¿De qué sirve confinarse en dichas condiciones materiales de vida? También allí como aquí se reparten bolsas de comidas para ir sobreviviendo. También allí como aquí (que ahora felizmente amortiguamos con una renta mínima vital que en poco va a relanzar el consumo) el desempleo tiene mayor incidencia por el peso considerable de la economía sumergida y de la ausencia de poder adquisitivo. El confinamiento es ilusorio para miles y miles de personas que han de salir cada día a las calles para ganarse el sustento cotidiano en un mercado informal en donde no hay ni vendedores ni compradores.

En estos contextos, ¿cómo hacer las estadísticas de las causas de muerte y vida, de infectados y de sanos? Esta interrogante se aplica igualmente a la mayoría de los países del mundo. ¿Cómo aplicar el método comparativo en tales circunstancias? Recuerdo, con referencia a Brasil (pero podría extenderme a muchos otros países) que, al elaborar el Anuario Internacional de Estadísticas de Educación de la UNESCO, había una pregunta clave para calcular la tasa de escolarización en primaria. El porcentaje global daba un resultado, si la memoria no me falla, de un 60% de niños y niñas escolarizados. Pero había una “trampa”, la de la presencia escolar que no se preguntaba. Mientras que en el norte del país las escuelas tenían dos turnos y los niños permanecían tres horas en cada turno, en el sur la permanencia era de seis horas. Las desigualdades regionales en la República federativa eran y son evidentes y el porcentaje total de escolarización primaria falseaba el método comparativo. Esto creo está ocurriendo con las estadísticas mundiales de la COVID-19. En primer lugar, por la identificación para la colecta de los datos; en segundo lugar, por los diagnósticos. Ambos elementos son las caras de una misma moneda. ¿Quién sabía diagnosticar el coronavirus de la COVID-19, y un fallecimiento por este motivo, en diciembre de 2019 o en enero de 2020, en personas con cuadros clínico muy complejos, incluida neumonía doble? Nadie (salvo, quizás, en China). El dictamen final se reducía a paro cardíaco, colapso periférico multiorgánico, paro respiratorio. Ahora, las cosas han cambiado por la experiencia clínica acumulada y por la ayuda de pruebas de laboratorio u otras, a falta de autopsias que, en determinado momento, habrían colapsado a los pocos forenses. Pero no es lo mismo colocarnos, ahora, en Canadá, Corea del Sur, China, Rusia, España o Estados Unidos, que en la precariedad sanitaria de la mayor parte de países de América latina, África, Oriente Medio o India con más de mil millones de habitantes, con profundas desigualdades socio-sanitarias y con amplias zonas de pobreza. Es cierto que todos estos datos pueden entrar en modelos de simulación que nos darán solamente estimaciones y no certezas, lo que ya es algo. 

La globalización tiene sus amplias periferias casi descartadas del progreso. La actual pandemia lo ha puesto de relieve. 

Una pregunta está en la mente de todos (además de la esperada vacuna): ¿Cómo garantizar la seguridad sanitaria y la prevención de nuevas epidemias a nivel internacional? Cuando haya vacuna eficaz, volverán a moverse más de mil doscientos millones de personas; millones de contenedores siguen llegando a los puertos con una enorme diversidad de productos; los cruceros masivos volverán a surcar los mares; el intercambio de personas y el programa Erasmus se reactivarán. Todo ello responde a que somos habitantes de una “casa común” y que las personas humanas necesitan empatía y alteridad para realizarse como personas en un teórico contexto del

bien común que va mucho más allá del interés general. La interconexión global sin duda ha expandido la pandemia, lo que nos lleva a algunas reflexiones para que la comunidad internacional no se reduzca a un latiguillo internacionalista. Habría que empezar por extinguir las condiciones de pobreza y de miseria que existen en el mundo, con una agenda universal con objetivos más a corto plazo. Esto significa miles de billones de inversiones que muchas de ellas serían productivas y tendrían retorno, con un acompañamiento de una educación para todos y una sanidad para todos. Hay que ir a la raíz de los problemas y que toda persona disponga de agua corriente y de jabón para lavarse las manos y para habitar una vivienda decente. Un salario mínimo vital mundial a los descartados para erradicar el hambre y facilitar la higiene. Se trata de presupuestos básicos. A ello añadiría una generalización de la ciencia y un respeto a la diversidad cultural, promoviendo la descongestión de las urbes y de las megalópolis. Se impone una educación particular y sostenida para evitar la destrucción de los ecosistemas y el respeto de la naturaleza, cuyas infracciones contribuyen incluso a catástrofes naturales o a pandemias inducidas. Se debería llegar a un acuerdo internacional para la prohibición del tráfico legal o ilegal de animales “exóticos” o de plantas que pueden ser portadoras de patógenos que no lo son en su ambiente natural. 

Creo es necesario que cada país (y no sólo en Occidente, que también) debería dotarse de una autosuficiencia estratégica en alimentos, sanidad y educación en sus propios contextos culturales. 

Para ello, es necesario una autoridad mundial compartida y ejecutiva. No veo otra institución que la ONU reestructurada y dotada de poderes ejecutivos y, mutatis mutandi, la Unión Europea para los países de Europa.

Puede que la humanidad esté, en estos tiempos de pandemia, desconcertada por la ausencia del Gran Desconocido que, deduzco saltando en el vacío, respeta escrupulosamente la libertad para hacer el bien o para hacer el mal con la que parece nos dotó. (Aquí ya entramos en la metafísica que puede ir en paralelo con la física y, quizás un día, converger en un mundo entrópico). La libertad es el mayor bien que poseemos. A nosotros todos nos toca cultivar la capacidad de discernimiento y reorganizar las condiciones materiales de existencia con soporte cultural y apoyos simbólicos. La COVID-19 es el primer gran reto a la humanidad en su conjunto. Al ser global, la respuesta también ha de ser global desde las especificidades culturales. Una prueba inmediata (esperemos) será el proceso de la vacunación universal. Pero hay otra vacunación coadyuvante: la vacunación mental para que sople el espíritu de la solidaridad y de la compasión.

(20 junio 2020)
Francisco Carrillo Montesinos

43. Dos homenajes
Dº José Infante Martos
Académico de Número y Secretario +

43

martes
2 junio
2020

días de la pandemia /43
Dº José Infante Martos, Académico de Número y Secretario

DOS HOMENAJES


PLAYA DE LA ROCA
(Homenaje a Luis Cernuda)
 
Por estas playas del Sur, bajo la alta roca
que un día lejano cobijó la belleza, la juventud,
la pasión del amor de las que tú hiciste elegía anticipada,
vaga hoy tu sombra como un eco que guarda
la memoria de las olas, la arena ardiente del verano,
el eco cercano de la muerte.

Los años y la historia, el mito del poeta,
han ido levantando un muro de silencio,
la admiración también, el miedo a la palabra inútil
que no supiera expresar tanta hermosura
ni la soberbia arquitectura de tu verso.
Pero hay un círculo ciego y misterioso
en esta playa donde insiste el verano y la belleza,

el efímero amor, la juventud doliente y pasajera
hirieron con sus dardos la juventud dorada por el sol,
condenando la pasión a una muerte segura.
Así cegó fatal toda esperanza y el olvido
se abrió soberbio sobre la luna poderosa de agosto,
cuando siempre vuelve el deseo como una llama
que incandescente sobrevive al tiempo y a la herida.
Así quemó de nuevo con su aguijón cruel tu pecho
otro joven esbelto y rubio como espiga al viento

un mediodía de agosto deslumbrante.

Pero nunca triunfó el amor entre las rocas.

¿Se repitió la historia y fue igual de breve la dicha
y la armonía, la inmensa luz que cegaba tu vida?
¿Cómo puede ser tanta la belleza y tan fugaz
su fuerza y la delicia del goce y las caricias?
Por encima del tiempo aquí lo testifico.
Aquí estuvo Sansueña, el paraíso que creó
tu palabra y que el tiempo cruel ha profanado.
 
SOBRE BERLÍN VENCEJOS
(Wim Wenders)


Para Joaquín de Molina,
para Fran Hernández de Molina.
 
 
El cielo de Berlín no es inocente.
Sobre él vuelan vencejos y despliegan sus alas
como si fueran ángeles malditos,
lobos y cuervos que no se sacian nunca.
Los que elevan el deseo a lugares de espanto.


Por el barrio de Schöneberg
el cielo de Berlín es libre pero acaba
donde un muro se alzaba sepultando la vida.
Por el barrio de Schöneberg, cerca de la
Hollendorfplastz, en el café de Berio sí nace
como una luz distinta que ilumina los límites.


Cuando desde la niebla los ángeles de Wenders
burlan la grisura que el tiempo y la realidad
oscurecían los días, sobrevuelan las calles húmedas
que no tenían futuro. Sobre el cielo de Berlín
que vuelve a ser tan claro, dos ángeles
como vencejos llegan para proteger a la ciudad
antigua que habrá de renacer, de enemigos inciertos.


 
José Infante Martos

42. TIEMPOS DE UTOPÍAS RAZONABLES (V)
Dº Francisco Carrillo Montesinos
Académico Emérito +

42

lunes
1 junio
2020

días de la pandemia / 42
Dº Francisco Carrillo Montesinos, Académico Emérito

TIEMPOS DE UTOPÍAS RAZONABLES (V)

Caen los sueños uno a uno
y la sangre se estremece.
EUGÉNIO DE ANDRADE

               

De los sueños caídos siempre renacieron nuevas ensoñaciones. Así fue cuando una descolocada teja de la techumbre del pórtico se deslizó por el viento y quebró el ánfora vitrificada que señalaba el paso al atrio de los gentiles. Fue restaurada y se convirtió en un mosaico de Gaudí. Ya no era lo que era antes. No podía serlo. El restaurador o la restauradora la había reconvertido simulando mantener la estructura original, recreando a su vez centenares, miles, de micropartículas que habían desaparecido en un genuino proceso de pulverización. Probablemente era ánfora de pasta de vidrio creada a fuego en el horno púnico -hoy revestido de una pátina color esmeralda- de la colina de Byrsa que domina Cartago. En realidad, la restauración se tradujo en una dolorosa reconversión, incluso estructural, porque la estructura resultante ya no era la que era antes. El día después de la COVID-19, cuando desaparezca como desaparecieron todas las epidemias y pandemias aunque los virus se mantengan semidormidos en nuestro entorno, viviremos días, meses, años, de un decrecimiento considerable de los modelos de sociedades del bienestar, una caída del poder adquisitivo, una inmensa sombra real de desempleo y cierre de pequeños y medianos negocios, una fragmentación de la mundialización, una extensión del hambre y pobreza y, por ende, de la inmunidad de la salud poblacional. Y se hablará del necesario cambio de estructuras, así como de las reconversiones económicas, sociales y mentales. Más de cuatro mil millones de habitantes siguen confinados sin alteridad y nuevas fronteras síquicas delimitan el tiempo y el espacio. La práctica totalidad de la economía está enquistada aunque “desescalándose” con ecos científicos de posibles rebrotes tras el purgatorio dantesco que busca a Bice desesperadamente. La reflexión prospectiva no puede ser de optimismo desabrido. Teresa de Ávila, ¿cómo es posible que Nada te turbe en medio de una larga noche oscura, aunque las utopías razonables amortigüen la duda?

     El sentido de la belleza busca también su reajuste. El gozo parece estar petrificado de repente. Al disfrute del encuentro en el que descubríamos la convivialidad de ida y vuelta se le ha impuesto barreras y máscaras como en la triste Venecia de la peste negra. El Planeta se ha convertido en un pabellón de infecciosos mientras no demuestren lo contrario. Se desbordan el ethos y el pathos en las narraciones de la nueva realidad que inundan la conciencia narrativa. Sin embargo, de esa misma realidad emergen innumerables cadenas de solidaridad que el ser humano no puede ponerlas en cuarentena porque dejaríamos de ser humanos. Esta constatación ontológica ha acompañado siempre, en momentos aciagos y en momentos de bonanza, a la humanidad en marcha. Dimensión de las personas en acción que definen la misma razón de ser y que en su conjunto trasciende al mismo ser. Lo hace trascendente porque la solidaridad y la compasión en el mundo que vivimos no son activos hegemónicos que cotizan en Bolsa sino dimensiones arraigadas en el diseño del propio ser humano, cuyo uso de la libertad puede convertirlo en pertinaz insolidario. ¿Por qué Ana Botín, presidenta de uno de los primeros bancos del mundo, ha afirmado que “la solidaridad no es caridad”? (EL PAÍS, 16/5/2020). Porque bien sabe que ambas acciones, aquí y ahora, hoy, se complementan con carácter de urgencia. Cierto es, por otro lado, que en las situaciones de catástrofes hay quienes se aprovechan de los males ajenos, máxime en unas coordenadas de globalización y de ausencia de regulación de la cantidad y de la calidad. (Producción de mascarillas que no protegen, producción de tests que no son válidos, especulación en los mercados, subida incontrolada de los precios de bienes de primera necesidad e, incluso, de productos para la higiene necesaria, etc.). La COVID-19 ha incrementado desorbitadamente las desigualdades sociales y económicas, lo que requiere sin la menor duda las intervenciones intensivas de los poderes públicos, así como la movilización del sector privado, ya que no estamos en la Edad Media y las informaciones que nos llegan en tiempo real son portadoras de inquietud grande.

     Es muy probable que las valoraciones de las nuevas motivaciones para el consumo de bienes y de objetos nos descubran cambios sustanciales. Se dará más valor a la vida que al objeto. Se dará más valor a la seguridad personal que a las demandas de hipotecas. (Un hecho significativo apenas tratado por los medios de comunicación: los que pueden, han regresado a la compra de lingotes de oro en el silencio de la transacción. ¿Regresa el patrón oro?). Se dará más valor a la dignidad de la persona humana que a la persona como objeto de cambio en las relaciones económicas y laborales. No cabe la menor duda que la pandemia ha abierto la caja de Pandora cuyos efectos podremos constatar a lo largo de los próximos diez años. Ha abierto también un inmenso campo al pensamiento y a la filosofía que intentarán reflexionar, a veces en tensión dialéctica con algunos diseños económicos y financieros, sobre las crisis abiertas en casi todas las sociedades del mundo y sobre las eternas preguntas: ¿quiénes somos?, ¿para qué estamos aquí?, ¿a dónde nos dirigimos?, ¿a dónde iremos después de morir? También hay un campo abonado para los urbanistas, que deberían tener voz para aconsejar las mutaciones y reformas que serán necesarias en la reorganización del territorio y el concepto de ciudad que, al sobrevolarlas, o al pasearlas, constatamos fracturas sociales en el hábitat que se guardaban en el cajón de los silencios. Será necesario revisar la dicotomía centro-periferias de las aglomeraciones urbanas. El mundo periurbano soporta el mayor peso de los desequilibrios sociales y económicos. Las ciudades fueron los principales focos epidémicos. Dicen que el metro de Nueva York fue el principal agente de contagio. Como no todo puede ser utopía razonable, parecería socialmente urgente abordar en pospandemia un real policentrismo de las ciudades para que el ciudadano se sienta igual en bienes y servicios, incluidos los culturales y los sanitarios de proximidad, como igual lo es a la hora de nacer o a la hora de morir. ¿Se está a tiempo de descentralizar las zonas urbanas a los arrabales rurales con alternativas de diseño horizontal como alternativa a la construcción vertical? El ser humano, hoy como ayer, necesita recuperar su papel de elemento de la naturaleza. Probablemente la sentencia medieval de que la ciudad nos hace libres debería revisarse con los datos en mano de la actual pandemia, del cambio climático y de un eventual conflicto nuclear o químico. La ciudad aglomera cantidad y suele olvidarse de la calidad de todos y de cada uno de sus habitantes. Y recurre a Santa Bárbara cuando se desencadenan rayos y tormentas devastadoras.

    La COVID-19 no ha detenido la carrera de armamentos, los viajes al espacio, las pruebas nucleares, las acciones del terrorismo yihadista, el tráfico de drogas, las mafias que controlan la emigración (aunque el coronavirus ha hecho descender la intensidad), el mercadeo mundial de productos sanitarios falsos y no contrastados, la relación de fuerzas entre las grandes potencias, en particular Estados Unidos y China. Uno de los aspectos  más escabrosos podría ser el secreto de laboratorio e industrias en la elaboración, ulterior producción y distribución a miles de millones de personal de la vacuna (o las vacunas) y de los fármacos para un eventual tratamiento de la enfermedad. Dos grandes polos en competición, China y Estados Unidos, a los que podríamos añadir países de la Unión Europea que despierta y también Israel. Asunto de patentes y de miles de millones de beneficio en perspectiva. ¿Cómo es posible, ante una pandemia tan letal que sigue extendiéndose por el planeta, que este tipo de competitividad y secreto industrial esté condicionando los recursos de la ciencia, de la investigación básica, de la industria y de los circuitos de distribución y venta? ¿Qué poder regulador a escala mundial tendría autoridad moral y política para que vacuna y fármaco, cuando lleguen, sigan los criterios de una justicia distributiva con “precios políticos” y que no sean objeto de una especulación en el mercado global que penalizaría a más de la mitad de la población mundial? ¿Acaso estamos informados que tres mil millones de habitantes no disponen de agua potable ni de jabón para lavarse las manos? ¿Cómo esos tres mil millones, más los que se añaden hoy por la grave crisis económica y social que nos azota, van a poder pagar la vacuna y el fármaco? Y cabría preguntarse también si esa enorme población mundial desfavorecida dispondrá de una estructura sanitaria de diagnóstico, de un médico, de un asistente sanitario, incluso de un misionero, para ser vacunada (siempre que les llegue a tiempo la vacuna), para ser beneficiaria del fármaco (siempre que el fármaco también les llegue). ¿Quién pagará toda esta campaña mundial que esperamos esté próxima? La COVID-19 ha puesto en evidencia los grandes desequilibrios y desigualdades terrenales. Ivan Illich, que era un filósofo soñador con los pies en la tierra y talante de profeta, en uno de sus libros hacía referencia a ciertos medicamentos que se distribuían en el llamado Tercer Mundo y que eran prácticamente placebos producidos a muy bajo costo. Es decir, algunas mafias engañaban y comercializaban aspirina y penicilina que no eran ni aspirina ni penicilina. Las personas no sanaban y muchas terminaban muriendo. Hace años, lo encontré en Brasil en donde yo estaba destinado y en donde él vivía. Le pregunté: ¿todo esto es cierto? Y me respondió: lamentablemente todo esto es cierto. Y reflexioné: muchas vidas humanas entran en el cesto de las mercaderías prematuramente perecederas. 

En estos momentos de fuertes confrontaciones poliédricas, afirmar que la “solidaridad no es caridad”, como lo dijo Ana Botín, me parece resultado de uno de los más finos análisis que, como persona y financiera, se ha hecho en plena crisis mundial. El mundo de la economía y de las finanzas no incluyó a la solidaridad ni como un factor ni como un valor cotizable. (El ejemplo más patente, los Estados Unidos). Sin embargo, Ana Botín ha tenido la inteligencia y la sensibilidad de incorporarla a ese mundo desde su posición destacada y destacable. E interpreto que al afirmar que la “solidaridad no es caridad”, está poniendo en valor dos caras de la misma moneda de la acción necesaria y de reconstrucción y justicia distributiva en función del interés general y del bien común de las personas concretas que conviven en la sociedad española que atraviesa momentos trágicos. Pienso que la declaración de Ana Botín, presidenta del Santander, sienta una nueva doctrina en la teoría y en la política económica con lógica repercusión en la política de rentas, más allá de las obras sociales de las entidades bancarias.

(1 junio 2020)
Francisco Carrillo Montesinos

41. Ronda skyline
Dº Sebastián García Garrido
Académico de Número +

41

lunes
1 junio
2020

días de la pandemia / 41
Dº Sebastián García Garrido, Académico de Número

Título: Ronda skyline (tríptico)Fecha: 30 mayo 2020
Técnica: Dibujo vectorial
Soporte: Impresión arte giclée sobre lienzo arte, en bastidor de exposición
Tamaño: 70×100/85×100/70×100 cm.

40. LAS GRANDES PANDEMIAS Y SU INFLUENCIA SOBRE LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD
Dº Elías de Mateo Avilés
Académico de Número y Vicepresidente +

40

lunes
25 mayo
2020

días de la pandemia / 40
Dº Elías de Mateo Avilés, Académico de Número y Vicepresidente

LAS GRANDES PANDEMIAS Y SU INFLUENCIA SOBRE LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD

Las pandemias, con su rastro de horror, muerte, sufrimiento y ruina han acompañado siempre a las sociedades humanas desde los orígenes de la civilización. Hasta ahora, los historiadores habían dado poca importancia a su influencia en el devenir de las sociedades humanas, salvo, quizás, la Peste Negra del siglo XIV. Con bastante probabilidad, las pandemias resultaron decisivas para torcer, en demasiadas ocasiones y en sentido negativo el curso de la historia.

La decadencia y caída del Imperio Romano, junto a otras numerosas causas, hay que explicarla, también, por la influencia de la llamada Peste Antonina, de finales del siglo II. Al freno de la expansión del Imperio Bizantino en el siglo VI y a la posterior expansión del Islam debió contribuir, en gran medida, la llamada Plaga de Justiniano. Y al abrupto final del esplendor de la Cristiandad occidental medieval durante los siglos XI, XII y XIII, la Peste Negra del siglo XIV.

Habría que analizar si la Gripe de 1918 contribuyó, más de lo que pensamos, a retrasar y a lastrar la recuperación de Europa tras la I Guerra Mundial, y, por tanto, lejanamente, al surgimiento de la crisis de los años 30, de los fascismos y al desencadenamiento de la II Guerra Mundial.

Es posible distinguir una gran pandemia, como la actual, que surge de pronto, se extiende rápidamente alcanzando una gran extensión geográfica y causa en poco tiempo un alto índice de contagios y una mortandad que puede alcanzar millones de víctimas con los brotes recurrentes e importantísimos de enfermedades infecciosas que han acompañado a los seres humanos durante siglos e incluso milenios, como la tuberculosis, la sífilis, la polio o, incluso, la viruela y que han causado, también muchísimas víctimas y sufrimientos.

Parece confirmarse por lo que está ocurriendo en el mundo en este año 2020 que las pandemias similares a la actual surgen casi siempre en China. Así sucedió en los casos de la Peste Antonina, de la Plaga de Justiniano, de la Peste Negra y, quizás, de la Gripe de 1918. Las tres primeras llegaron al mundo mediterráneo y al resto de Europa a través de la Ruta de la Seda, bien a través de su vía terrestre, bien a través de la marítima. En el caso de la Gripe de 1918 hoy más que nunca no debe descartarse que fuese traída a Europa por los trabajadores chinos desplazados con motivo de la I Guerra Mundial.

Es casi seguro que este tipo de catástrofes siempre surgen en el momento en que tenemos un mundo profundamente interconectado y con sociedades en el momento cumbre de su esplendor económico y social, con un importantísimo trasiego de mercancías y personas a largas distancias.


39. TIEMPOS DE UTOPÍAS RAZONABLES (IV)
Dº Francisco Carrillo Montesinos
Académico Emérito +

39

lunes
25 mayo
2020

días de la pandemia / 39
Dº Francisco Carrillo Montesinos, Académico Emérito

TIEMPOS DE UTOPÍAS RAZONABLES (IV)

La muerte simplemente le llegó
como se hace la noche cuando se marcha el día
VICTOR HUGO
                                                                                

Hoy la sombra negra de la Tierra es la que ilumina el universo y es la que aprisiona la empatía del abrazo. Negrura, horror, espanto, miedo. Espera en la esperanza en las batas blancas y en los microscopios electrónicos o en el mensaje sobre nuestro propio terruño de la gran mística Teresa de Ávila cuando exclamó «Nada te turbe». El sol y la luna se han revestido de luto. En el mundo se hizo el silencio. Las calles y las plazas del mapamundi están vacías porque la vida quedó confinada en sus aposentos para protegerse de una amenaza viral que hace estragos y que genera un pavor universal. En Navidades, hace apenas unos meses, este escenario desolador era inimaginable salvo en los guiones de la ciencia ficción. 

Miles de millones de personas concretas sienten el terror del silencio y el rechazo a los plazos indefinidos de la muerte y de la vida. Miles de millones de personas con sus propias cosmogonías, culturas y creencias, se preguntan ¿por qué aquí y ahora cuando la humanidad y las sociedades del bienestar o del no bienestar pensaban que, todos juntos, éramos invencibles e inmunes, gracias al poder acumulado de ciencia, historia y filosofía, a todo ataque visible o invisible que nos viniera del exterior? Pero al parecer, ese ataque nos llega de la complejidad evolutiva de la naturaleza en donde el ser humano suele manipular con demasiada frecuencia. La COVID-19 proviene de nosotros mismos con nuestro entorno medioambiental. El virus no llovió sobre el Planeta tierra desde un objeto volador no identificado. Es un virus a ras de la superficie del globo que ha transitado más velozmente que otros por las avenidas de la globalización y cuyos efectos nocivos por ello se han calificado de pandemia y es transmitido en tiempo real como unos juegos olímpicos o como fue la Guerra del Golfo: asépticas estadísticas cuando cada número tiene nombre, apellidos y una historia personal y familiar. Son estas personas concretas las que iluminan la actual negra sombra de le Tierra. 

El virus no entiende de fronteras y es transportado por la movilidad humana internacional, intranacional o en el interior de un supermercado un hospital desprotegido o una residencia de ancianos. Todo el mundo tiene miedo, lo que es muy humano, trátese de grandes potencias, países ricos o países pobres. Y todos esos países tienen un denominador común: ni tratamiento fiable ni vacuna preventiva. Pero también existen grandes desigualdades sanitarias que en los más descartados el miedo se suele acompañar con la resignación o con la ideología del fatalismo. Y si nos referimos a las estadísticas de muertes y sanados; de mascarilla y guantes; de respiradores, de UCI bien equipadas; de personal sanitario e infraestructuras; de la investigación fundamental, el rigor y la disparidad es flagrante. A título de ejemplo: ¿en qué condiciones se encuentran los 5 millones de refugiados sirios o la capital de Nigeria, Lagos, con casi 15 millones de habitantes? ¿O los campos de refugiados palestinos al sur del Líbano? Ellos iluminan sin duda la sombra negra de la Tierra.

La incidencia de este virus agresivo y agresor aún no se puede cuantificar (¿cómo cuantificar el dolor de cada persona y cada familia?) en sus aspectos sociales, económicos y políticos a corto, medio o largo plazo. Los cálculos han empezado siendo locales y nacionales pero, al tratarse de pandemia, sus repercusiones en un mundo interconectado serán mundiales y afectarán directamente al estilo laminar de la globalización, a las relaciones internacionales, a la reconstrucción industrial muy ligada a la economía real, a las nuevas formas de funcionamiento de las sociedades. Y se planteará (ya se está en ello) poner en valor el nuevo factor de la solidaridad intranacional y mundial. La investigación científica y tecnológica aplicada se espera sea una de las altas prioridades en la prospectiva.

Es previsible que el hambre, la pobreza y las tasas «naturales» de mortalidad aumenten en el mundo con millones de desempleados, muchos sin casas ni domicilio fijo, lo que disminuiría la capacidad inmunitaria de determinadas poblaciones. De momento, FUNCAS estima en un 34% el índice de desempleo sin se incluyen los ERTES. La pobreza y la estrepitosa caída del poder adquisitivo es una trágica consecuencia que conocen bien las asociaciones de ayuda y de solidaridad como lo es CÁRITAS, a título de ejemplo. Solamente una voz moral unitaria ha resonado en el mundo, la del papa Francisco con las estructuras éticas de solidaridad que de él dependen a pleno rendimiento. Habrá que ir reflexionando sobre una restructuración de la ONU, como cuando su fundación en la Conferencia de San Francisco tras la II Guerra Mundial. 

Al final de esta pandemia, que la Universidad de Harvard estima pueda ser en 2022 (en el entretanto, se esperan tratamientos y vacunas producidas en miles de millones), el mundo no podrá ser el mismo que habíamos conocido antes de la pandemia viral ni en la economía ni en el desarrollo de las sociedades. Es imaginable un fraccionamiento de la globalización al son de las grandes potencias, en particular China, Rusia y Estados Unidos. Europa, inicialmente ausente en la coordinación de la COVID-19, (aunque no en los económico y financiero, tiene el desafío de renacer con energías unitarias cual Ave Fénix. Al miedo le queda aún un largo recorrido. Cierto es que toda epidemia/pandemia constatada por la historia desapareció por sí sola. Una referencia muy localizada: el Renacimiento emergió tras la devastadora peste bubónica. Espera en la esperanza…

Mientras tanto, observaremos la negra sombra de la Tierra con la luminaria del recuerdo de los que fueron y son sus víctimas.

(25 Mayo 2020)
Francisco Carrillo Montesinos

Dº José Infante Martos I NECROLÓGICA ANTONIO BONET CORREA

sábado
23 de mayo
2020

 Actividades de Académicos
Dº José Infante Martos, Académico de Número y Secretario 
NECROLÓGICA ANTONIO BONET CORREA

Dº Francisco Ruiz Noguera I El territorio de la imaginación

jueves
21 de mayo
2020

 Actividades de Académicos
Dº Francisco Ruiz Noguera, Académico de Número  
El territorio de la imaginación

Artículo publicado en el diario Sur
en el XX Aniversario del fallecimiento de Rafael Pérez Estrada

38. Estado de alarma Dº Suso de Marcos
Académico de Número +

38

sábado
23 mayo
2020

dias de la pandemia/ 38
Dº Suso de Marcos
Académico de Número

Título: Estado de Alarma
Técnica: Acrílico y óleo sobre madera
Medidas: 60 x 40 cm
Año: 2020

foto: José Luis Gutierrez

Actividades 2019