DEL 98 AL 27: LA POESÍA DE JOSÉ MORENO VILLA

  • Francisco Ruiz Noguera
  • Publicado en la sección 03 Colaboraciones de Académicos © 
  • Anuario 2017. Segunda Época (descargar pdf) 

El modelo de periodización en literatura que, siguiendo ideas de Schlegel, Comte y Dilthey, elaboró Julius Petersen en su conocido trabajo «Las generaciones literarias» (en su Filosofía de la ciencia literaria, 1930) fue un método que tuvo especial fortuna en nuestro ámbito, donde también Ortega y Gasset había planteado el tema en obras como El tema de nuestro tiempo (1924) y, sobre todo, En torno a Galileo (1933). Vinieron luego, aunando, en ocasiones, lo planteado por Petersen y por Ortega, contribuciones de Pedro Salinas («El concepto de generación literaria aplicado a la del 98», en Literatura española del siglo XX. 1935), Pedro Laín Entralgo (Las generaciones en la historia, 1945), Julián Marías (El método histórico de las generaciones, 1949), Dámaso Alonso («Una generación poética (1920-1936)», en Poetas españoles contemporáneos, 1952), y, más tardíamente, Carlos Bousoño (Épocas literarias y evolución, 1981).

Tal método de periodización ha tenido, como sabemos, defensores y detractores. Puede que no quepa duda acerca de que entre sus ventajas están las de orden didáctico: son las ventajas que siempre aporta cualquier intento de clasificación, aunque con las posibles concesiones a un cierto reduccionismo. Entre sus desventajas están, desde luego, las que afectan a los sujetos que se ven expuestos a los «peligros» de quedar fuera de un determinado grupo que termina por ser el canónico (así, en bloque), de manera que tal grupo —recurso metonímico— acaba por hacerse con la «denominación de origen», relegando el resto al olvido. No parece compadecerse bien este método con el individualismo.

¿Es el caso de José Moreno Villa uno de esos desubicados en la aplicación del método en cuestión?

JOSÉ MORENO VILLA

En principio, hablar de Moreno Villa es hablar del ámbito de las vanguardias (más en lo plástico que en lo poético) y de la generación del 27, pero tal consideración siempre se hace desde un ángulo que no está en la centralidad —ni siquiera en la zona templada, diría yo—, sino en la periferia de lo canónico (y él, como veremos más adelante, tenía plena conciencia de esto).

Esta posición desubicada, —basada principalmente en lo cronológico, aunque, según mi criterio, también en lo poético, y menos en lo pictórico— es lo que propicia, como dije antes, los peligros del olvido.

En esos peligros y en los matices en cuanto a la ubicación de la obra poética de Moreno Villa es en lo que me detengo en este artículo.

¿Es realmente José Moreno Villa un olvidado, y, sobre todo, lo es en Málaga?

El pasado mes de octubre, con motivo del 130 aniversario del nacimiento del autor, la Fundación General Universidad de Málaga y la Sociedad Económica de Amigos del País organizaron un ciclo de conferencias con el propósito de llamar la atención sobre una personalidad como la de Moreno Villa, cuya labor, en el ámbito de la cultura, fue, como sabemos, interdisciplinar: poeta, narrador, dramaturgo, ensayista, traductor, pintor, crítico de arte, archivero-bibliotecario y, en cierto modo, algo parecido a lo que hoy denominamos gestor cultural, que, a veces, tuvo, además, responsabilidades administrativas.

Solo por esta relación de tipos de actividades queda clara la implicación, puede decirse que plena, de Moreno Villa con el mundo de la cultura española del primer tercio del siglo XX y, en otros casi 20 años más, durante su exilio, con el de la cultura española y mexicana: recordemos, por ejemplo, su participación, en 1944, en la recuperación de la revista Litoral en su tercera etapa, junto a Emilio Prados, Manuel Altolaguire, Juan Rejano y Francisco Giner de los Ríos.

SALVADOR DALÍ, JOSÉ MORENO VILLA, LUIS BUÑUEL, FEDERICO GARCÍA LORCA Y JOSÉ ANTONIO RUBIO SACRISTÁN. IMAGEN: MÁLAGA HOY

Pero, a pesar de la actividad múltiple que llevó a cabo y del respeto que su figura concitaba, probablemente no tuvo, con posterioridad, su obra (yo diría que especialmente la literaria) la repercusión que merece, de manera que de ahí la pertinencia que ese ciclo de conferencias tuvo. Sin embargo, este justo y necesario intento de llamada de atención en el presente no debe hacernos pensar que se parte de la nada. Estos actos de octubre de 2017 vinieron a unirse a otros que, desde hace tiempo, tuvieron, en Málaga (y también fuera de ella), el mismo empeño, porque no puede decirse, en rigor, que Málaga tuviera olvidado a Moreno Villa.

En cuanto a su faceta de pintor, baste citar dos grandes exposiciones cuyas respectivas producciones estuvieron ligadas a nuestra ciudad: en mayo de 1977, se celebró una en el Museo de Málaga, ubicado aún en el Palacio de Buenavista (actual Museo Picasso), en homenaje y recuerdo al pintor y poeta; con tal motivo se edita la publicación Exposición-Homenaje José Moreno Villa (Málaga, Patronato Nacional de Museos, 1977), con poemas de Emilio Prados, Francisco Giner de los Ríos, Juan Rejano, Rafael Pérez Estrada; semblanzas de José Luis Cano, Octavio Paz, Alfonso Canales, Joaquín Lobato; y reproducciones fotográficas de la obras expuestas.

La otra gran exposición fue la comisariada por Eugenio Carmona y celebrada en el Palacio Episcopal de Málaga en abril-mayo de 1999: José Moreno Villa. Pinturas y dibujos (1924-1936) (Consejería de Cultura, Junta de Andalucía / Unicaja, Sevilla, 1999).

PIEDRAS AMBULANTES, 1930. PINTURA DE JOSÉ MORENO VILLA

También tuvo presencia en la ciudad, en el Palacio de la Aduana durante la primavera de 2007, la muestra José Moreno Villa. Ideografías, que con motivo de los cincuenta años del fallecimiento del autor, fue patrocinada por la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales y la Residencia de Estudiantes, con la colaboración de la Junta de Andalucía y de la Diputación de Málaga a través del Centro Cultural de la Generación del 27, muestra comisariada por Juan Pérez de Ayala que anteriormente, con motivo del centenario de Moreno, había organizado la exposición José Moreno Villa (1887-1955) en las salas Ramón Carande de la Biblioteca Nacional (Madrid, abril-mayo, 1987).

Siguiendo con las referencias, ya no solamente pictóricas, al ámbito malagueño, creo que son muestras de ese «no olvido» publicaciones como la de Eugenio Carmona sobre José Moreno Villa y los orígenes de las vanguardias artísticas en España (1909-1936) (Universidad de Málaga / Colegio de Arquitectos de Málaga, 1895), la breve antología preparada por Alfonso Canales y Enrique Baena para la Colección La Ola Gratinada del Centro Cultural Generación del 27 de Málaga (1987), la edición de José Moreno Villa en el Contexto del 27 que fueron las actas del Congreso celebrado en la Universidad de Málaga bajo la dirección de Cristóbal Cuevas (Barcelona, Anthropos, 1987), el ensayo de Antonia López Frías sobre José Moreno Villa: vida y poesía antes del exilio (Diputación de Málaga, 1990) o la antología preparada por Rosa Romojaro para la Colección Biblioteca de la Cultura Andaluza (1993).

Trascendiendo el ámbito de lo provincial, hubo otras publicaciones como: la edición de Jacinta la pelirroja, con introducción de José Luis Cano (Madrid, Turner, 1977, que reproducía la inicial de Litoral, 1929), la Antología editada por Luis Izquierdo, (Barcelona, Plaza Janes, 1982), la magnífica edición que hizo Juan Pérez de Ayala de las Poesías completas (México, El Colegio de México / Madrid, Residencia de Estudiantes, 1998), la edición crítica de Jacinta la pelirroja por Rafael Ballesteros y Julio Neira (Madrid, Castalia, 2000) o la antología La música que llevaba, editada por Juan Cano Ballesta (Madrid, Cátedra, 2010).

Por otra parte, en 2012, el Centro Andaluz de la Letras, con sede en Málaga, nombró autor del año a Moreno Villa; con tal motivo se organizó una exposición didáctica que fue itinerando por diversos lugares de Andalucía. Se editó el correspondiente catálogo: José Moreno Villa: un yo cercado de infinito, coordinado por Fernando Huici March (Sevilla, Junta de Andalucía, 2012), así como la antología Poemas, preparada por Rafael de Cózar (Sevilla, 2012).

Parte importante de su obra anterior a la guerra civil está en la sala que el Museo de Málaga dedica a Moreno Villa. El 15 de junio de 1998 fue nombrado, por la Diputación Provincial, hijo predilecto de Málaga, a título póstumo. Diversos centros escolares, bibliotecas, calles y plazas de la ciudad y la provincia llevan su nombre.

Como todas las referencias citadas, tanto plásticas como literarias y ciudadanas, son posteriores a 1975, podría parecer que se trata de un recuerdo tardío, pero eso no sería exacto, por lo menos en lo que a Málaga se refiere.

El mismo año de la muerte del poeta (Moreno Villa, que había nacido en la calle de los Carros de Málaga el 17 de febrero de 1887, muere el 25 de abril de 1955 en la ciudad de México), la revista Caracola, que dirigía José Luis Estrada Segalerva y coordinaba Bernabé Fernández-Canivell, recordó en dos ocasiones al poeta.

En el número 32 (julio de 1955), José Luis Cano, en la sección de «Notas» publica un artículo, titulado «José Moreno Villa», en memoria del poeta que había muerto, como se ha indicado, en abril de ese mismo año. Además del artículo de José Luis Cano, se publica una carta a la que Cano alude en su escrito. Se trata de la que el poeta dirige a Bernabé Fernández-Canivell a propósito de un libro que se le va a publicar en Málaga.

BODA DE MORENO VILLA Y CONSUELO NIETO, 1939

Dice Cano en su artículo:

«Ahora a sus 68 años, Moreno Villa volvía a sentirse unido a Málaga a través de la ilusión poética y, apenas hace un mes, escribió a Bernabé Fernández-Canivell la carta que publicamos, en la que le anunciaba un primer envío de poemas para el libro que sus paisanos querían publicarle en la colección El Arroyo de las Ángeles. ¿Frustrará su muerte este proyecto? Esperemos que no, y ojalá pueda publicarse pronto ese libro, como homenaje póstumo de Málaga, su tierra, al poeta que nunca la olvidó en su largo destierro. (s. p.)»

La carta reproducida, que debió ser escrita en febrero de 1955, es la siguiente:

“Sr. D. Bernabé Fernández-Canivell
Villa Angelita, Campos Elíseos
Málaga

Antiguo y querido amigo:

Por insistencias de Emilio Prados, le hago hoy el pequeño envío de 18 poesías, como primera remesa para ese librito que usted tanto desea de mí. No sé a cuántas llegarán las que sigan. Depende de varias cosas, y muy principalmente de mi salud. Estoy sufriendo de vesícula biliar y de gran dificultad respiratoria. No tengo ganas de nada, y ni escribir quiero.

Espero, sin embargo, [poder llegar] a cincuenta o sesenta poemitas, incluyendo algunos que no figuraron en la antología de Losada.

Me gustaría que ese librito se titulara «Voz en vuelo a su cuna».

Y no sigo porque me duele la espalda y el alma.

Muy suyo, José Moreno Villa (s. p.)”

Dos números después, el 34 (agosto de 1955), se reproduce una crítica que Moreno Villa había publicado sobre un libro del entonces joven poeta malagueño Carlos Rodríguez Spiteri en El Nacional de México el 22 de noviembre de 1953.

Son dos avances de lo que ya empieza a prepararse en aquel momento: un número homenaje de la revista Caracola al poeta fallecido. Y ese espléndido monográfico de homenaje será el número 48, fechado el 10 de octubre de 1956.

Con dibujo en cubierta del cordobés Rafael Álvarez Ortega, el número se abre y cierra con textos del homenajeado: comienza con un poema autógrafo de Moreno Villa («Hacia la casa dormida»), y concluye con una antología de textos suyos (tres poemas y un texto en prosa). En la parte final se reproduce un retrato que el pintor español Jesús Martí hizo de Moreno Villa días antes de su muerte. El resto de las ilustraciones del número son dibujos y reproducciones de cuadros de Moreno Villa.

Las colaboraciones son de primer nivel: se inician con un texto rememorativo en prosa de Vicente Aleixandre («Recuerdo a Moreno Villa»), y continúa con poemas y textos en prosa de poetas del 27 (Manuel Altolaguirre, Emilio Prados, Jorge Guillén, Adriano del Valle, Pedro Pérez-Clotet) y algunos más jóvenes de la llamada generación del 36 (Enrique Azcoaga, Carlos Rodríguez Spiteri).

En cuanto a textos críticos y rememorativos en prosa, colaboran: Luis Cernuda (el capítulo dedicado a Moreno Villa en el libro Estudios sobre poesía española contemporánea), Gerardo Diego («El buen amigo»), Guillermo de Torre, Esteban Salazar Chapela, José María Souvirón, José Luis Cano (un artículo sobre la evocación de Jacinta), Vicente Núñez («Moreno Villa en su Salón sin muros»), Juan Temboury.

BODEGÓN, 1927. PINTURA DE JOSÉ MORENO VILLA

Creo que vale la pena detenerse en ese poema manuscrito que encabeza el monográfico (al menos, en algunos fragmentos): revela mucho acerca de recuerdos y olvidos: es un poema largo, de dicción sencilla, que, aunque pertenece a su última etapa mexicana, tiene conexiones con la estética de sus comienzos:

HACIA LA CASA DORMIDA

Luz de luna, engaño breve.
¿A qué lado estaba el huerto?

Me guiarán en la ruta
el aroma del naranjo
y el perfume del romero
y el dibujo de un arroyo
que fosforece y sonríe.

¿Será verdad que camino
como ayer —mitad de un siglo—,
hacia la casa dormida
con mis abuelos despiertos?

¿A qué lado estaba el huerto?
¿A la derecha, a la izquierda?
[…]

Mi abuelo extiende las cartas
se sume en un solitario.
Mi abuela mira mi madre.
Padre añora la tertulia
de amigos en la ciudad
—padre no gusta del campo—.
¿Y yo?

Leo novelones
o dibujo bergantines.
Todo está quieto en el tiempo.
Menos yo, nadie respira.
¿Se habrán muerto los naranjos?
[…]
No hay romeros ni tomillos
que me guíen en la noche.
Mientras la casa dormita
fuera de mi alcance humano
compongo este sueño breve
en luz de luna imprecisa.
(s. p.)

Este es el poema que, manuscrito (creo que no es detalle menor), abre el homenaje de Caracola. Es uno de esos poemas que le había enviado a Bernabé Fernández-Canivell para ser publicado en la extraordinaria colección El Arroyo de los Ángeles, que se inició en el año 1950 y ya había publicado libros de Alfonso Canales, José María Souvirón, José Antonio Muñoz Rojas, Vicente Aleixandre, Emilio Prados, José Salas y Guirior, Manuel Altolaguirre y Dámaso Alonso. El libro —al parecer por cuestiones administrativas— no pudo ser publicado en esa colección cuyo último número fue, precisamente, el de Dámaso Alonso (Hombre y Dios, 1955), pero sí lo publicó Ángel Caffarena varios años después, en 1961, en los Cuadernos de María Cristina de sus ediciones de la Librería Anticuaria El Guadalhorce. Naturalmente, el título fue el que había indicado su autor: Voz en vuelo a su cuna; esto es, un guiño a los comienzos, una expresión de la palabra que vuelve a sus orígenes. Ese mismo año salió también, con el mismo título, una edición mexicana (Ed. Ecuador 0º, 0’ 0’’) con prólogo de León Felipe y epílogo de Juan Rejano.

Así es que, Málaga no ha olvidado al poeta, pero el poeta, como vemos por sus versos, tampoco ha olvidado Málaga. De hecho, los recuerdos en su obra son constantes, y también las referencias en obras de otros: en 1950 Juan Rejano le dedica el poema «Apunte de José Moreno Villa»span class=”numerito”>1, cuya estrofa final dice:

Tal te ungiera la luz, la sal, el aire
de la orilla perdida. Yo no he visto
andaluz con más cielo de su tierra,
árbol de más ceñida melodía,
señor que tanto pueblo lleve dentro.
(p. 428)

Y esos recuerdos debieron estar también muy presentes en el ámbito familiar. El 30 de marzo de 2014, el diario La Opinión de Málaga publicó una entrevista que Rafael Burgos hizo al hijo de Moreno Villa, José Moreno Nieto, en su casa de Nueva York, he aquí un fragmento:

«—Usted visitó Málaga en 1987. ¿Cuáles eran los recuerdos que tenía su padre sobre la ciudad? ¿Mantiene usted la vinculación? ¿Ha vuelto a visitarla?

—No he vuelto desde esa fecha y la verdad que no sé por qué. Siempre recuerdo que mencionaba mucho el mar, nosotros vivíamos en la Ciudad de México y allí no hay mar. Entonces él hablaba con frecuencia del mar de Málaga, de caminar viendo el mar, por el malecón de una ciudad pequeña y tranquila. Recuerdo que hablaba con frecuencia de ese mar. En el texto que hice para la Monografía del Centro Andaluz de las Letras, recordaba que en su último libro Voz en vuelo a su cuna (1961) estaba regresando a su mar».

A pesar de ese evidente «no olvido», hay un acuerdo casi general en la crítica en cuanto a que la obra del poeta merece una mayor consideración.

ALGUNOS LIBROS DE POEMAS DE JOSÉ MORENO VILLA

Probablemente el nivel de atención a la poesía de Moreno Villa puede que esté en relación con una cuestión cronológica —y, en parte estética— que he querido sugerir ya en el título de este artículo: «Del 98 al 27: la poesía de Moreno Villa».

Están claras las relaciones y las afinidades de Moreno Villa con el 27, sobre todo por la convivencia y amistad con los jóvenes poetas de entonces en los muchos años que estuvo como tutor residente en la Residencia de Estudiantes (desde 1917 hasta 1937), donde, además, tuvo responsabilidades en la organización de actividades culturales y en las publicaciones de la institución, pero, de hecho, cronológicamente, Moreno Villa era de esa otra generación «intermedia», llamada generación del 14, a la que pertenecen Juan Ramón Jiménez, Gabriel Miró, Ramón Pérez de Ayala, Rafael Cansinos Assens, Benjamín Jarnés, Wenceslao Fernández Flores, Copus Barga, Ortega y Gasset, Eugenio D`Ors, Manuel Azaña, Gregorio Marañón, Salvador de Madariaga, etc. Él, cronológicamente, como digo, sería uno de los más jóvenes.

He hablado de esa generación «intermedia» y creo que ahí puede estar la clave. Esto es algo que, con respecto a Moreno Villa, ha sido señalado tanto por otros poetas como por críticos:

Alfonso Canales en la introducción al ya mencionado cuaderno de la antología publicada en 1987 por el Centro Generación del 27 en la colección La Ola Gratinada, empieza con estas palabras:

«Los poetas deberían tener la oportunidad de elegir el año de su nacimiento. […] José Moreno Villa alcanzó las veinte primaveras (decisiva edad para los poetas precoces) en 1907; y las treinta (altura crucial para los poetas madurables) en 1917. Si hubiera visto la luz en otras latitudes, la cosa no hubiera tenido importancia. Pedro aquí le tocó el mal fario de verse emparedado entre los del 98 y los de la Dictadura: dos ocasiones que, para el conjunto del país, fueron de las menores que vieron los siglos, pero que, en cambio, para el faenar de las letras, significaron mucho. Fue un puente entre dos revulsiones de actitud: entre la que se sobreponía a nuestro fracaso histórico y la que, sobrepuesta ya, supo insertar el ingrediente español en los movimientos culturales europeos.» (s. p.)

Termina Canales haciendo una precisión muy en la cauda de Hipólito Taine que unía, en su metodología crítico-literaria, los condicionamientos geográficos y lo creativo; dice Canales: «Para tal función [o sea, para ser un puente o vía de unión], le fue muy útil su condición malacitana: porque Málaga resume, en su provincia, el cerrado campo de las antiguas batallas andaluzas y el abierto litoral de las pacíficas invasiones».

Alberti, en La arboleda perdida, ya se había referido a lo mismo. Cuenta Alberti cómo va a darle las gracias a Moreno Villa por el Premio Nacional concedido a Marinero en tierra (el canario Claudio de la Torre lo había animado a presentarse, y en el jurado estuvieron Antonio Machado, Gabriel Miró, Menéndez Pidal, Carlos Arniches, Gabriel Maura y Moreno Villa). Dice Alberti:span class=”numerito”>2

«Lo encontré bebiendo cerveza, a la que era tan aficionado, en los jardines de la Residencia, su casa desde hacía muchos años. Pepe Moreno, como lo llamaban cariñosamente todos los residentes, me dio la enhorabuena con aquella fina sonrisa malagueña que siempre le colgaba bajo el bigotillo. ¿Qué edad tendría entonces Pepe Moreno? Pertenecía a una generación bastante rara, surgida unos años después de la de Juan Ramón Jiménez. Su obra poética me era casi desconocida. No era un poeta entonces —y nunca llegó a serlo— «jaleado» como Machado y Juan Ramón. Quiero decir que su nombre no andaba con frecuencia en labios de los «nuevos» quienes repetíamos de memoria los poemas de los dos grandes andaluces, elevados ya a la categoría de maestros.» (p. 182)

De este sentir que expresa Alberti es consciente el propio Moreno Villa, que ve en su carácter retraído y en exceso prudente, una de las razones de su posible, no diré que marginación, pero sí un estar situado, más o menos, en los márgenes.

En ese magnífico libro memorialístico que es Vida en claro (1944), que tiene mucho de autobiografía espiritual, como dijo Octavio Paz del texto de Luis Cernuda «Historial de un libro», dice Morreno Villa:span class=”numerito”>3

«Cuando era niño mi madre me decía: ‹Eres un hurón›. Quería decir que huía de las gentes, que era por naturaleza huraño. Y esa característica perdura en mí, aunque con los años se fue sometiendo un poco a los mandatos sociales.»

«Vuelto a la casa sin conflictos, a la Residencia, reanudé mi trabajo y me puse a recapitular. Estaba en la cumbre de la vida y no había hecho nada que valiera la pena. Todo aquel encierro voluntario había conducido a nada. Seguía teniendo fe en mis dotes poéticas, pero el instinto me decía claramente que iba quedando oscurecido, entre dos generaciones luminosas, la de los poetas del 98 y la de los García Lorca, Alberti, Salinas, Guillén, Cernuda, Altolaguirre, Prados.» (pp. 143-144)

En otro momento, en ese mismo lugar (p. 147), habla irónicamente, de que los poetas, en los últimos tiempos, habían aparecido por parejas: Machado y Juan Ramón, Salinas y Guillén, Lorca y Alberti, Prados y Altolaguirre, pero que él había venido solo (a esta cofradía de solitarios vitales y estéticos, añade a León Felipe).

De hecho, su nombre, no figura en ninguna de las antologías canónicas del 27. Es cierto que sí está en la famosa Antología de la poesía española de Gerardo Diego, publicada en la editorial Signos, pero aquella no era una antología generacional (están, por ejemplo, en la primera edición de 1932, poetas de generaciones anteriores: Unamuno, Manuel Machado, Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez; en la edición de 1934, se amplía bastante el número de autores anteriores al 27). Me refería ahora a las antologías del 27 que, más recientemente, han ido estableciendo el canon: la de Vicente Gaos en la editorial Cátedra, la de Ángel González en Taurus, ni siquiera en la de José Luis Cano en las Selecciones Austral de Espasa Calpe. Sí figura en la menos difundida La generación poética de 1927 (Madrid, Ed. Alcalá, 1974), de Joaquín González Muela y Juan Manuel Rozas, pero no entre el grupo nuclear, sino en un apéndice titulado «Breve antología complementaria»: un epílogo en el que también figuran Fernando Villalón, León Felipe, Ramón de Basterra, Antonio Espina, Adriano del Valle, Mauricio Bacarisse, Juan José Domenchina, Pedo Garfias, Juan Larrea, Guillermo de Torre y José María Hinojosa. Y es que, en gran medida, la nómina canónica la había establecido Dámaso Alonso en el ya mencionado trabajo «Una generación poética (1920-1936)», incluido en Poetas españoles contemporáneo4. Al referirse al homenaje gongorino de diciembre de 1927, organizado por el Ateneo de Sevilla, escribe:

«Los que hicimos el viaje fuimos Guillén, Gerardo Diego, Rafael Alberti, Federico, Bergamín, Chabás y yo. Es evidente que si tomamos los cinco primeros nombres (el de Bergamín, como prosista muy cercano al grupo) y añadimos el de Cernuda, muy joven entonces, que figuró entre el auditorio (pero de quien también se leyeron poemas en aquellas veladas), y el de Aleixandre, que no había publicado aún su primer libro, tenemos completo el grupo nuclear, las figuras más importantes de la generación poética anterior a nuestra guerra. (No: hay que mencionar aún al benjamín, Manolito Altolaguirre, casi un niño, que, allá en Málaga, fundaba ese mismo año la revista Litoral, y el de su compañero Emilio Prados).» (pp. 157-158)

O sea, Moreno Villa, a pesar de su relación y amistad con los jóvenes del 27, es —probablemente debido a la aplicación del método generacional— un autor un tanto desubicado: muy joven en relación con otros autores de la generación del 14, y demasiado mayor en relación con los de «la nueva literatura». Hay que tener en cuenta que cuando, a principios de la década de los años veinte, los jóvenes del 27 empiezan a hacer sus primeras publicaciones (Lorca, Salinas, Diego y Alonso, los primeros), Moreno Villa tiene ya cuatro libros publicados: Garba (1913), El pasajero (1924), Luchas de «Pena» y «Alegría» y su transfiguración (1915) y Evoluciones (1918).

ANTOLOGÍAS POÉTICAS DE JOSÉ MORENO VILLA

Pero, además, como advertía antes, creo que no se trata solo de una cuestión de cronología, sino también de poética. Su primer libro, Garba (1913), se abre con esta dedicatoria: «Adornen estas hojas los nombres de tres poetas: Rubén Darío, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez». Moreno Villa se está situando claramente en la estela, ya posmodernista, de los tres maestros. Basta con ver los dos primeros poemas para comprobar que, tanto en su contenido como en su forma, corresponden por completo a esa estética. Se abre el libro con el poema «Espigas»: un solitario serventesio en alejandrinos:5

Sobre dorados juncos, el pan en embrión
se balancea al ritmo seráfico del viento…
Cada grano de trigo lleva en el corazón
Una cerda emblemática que mira al firmamento. (p. 79)

De igual modo, en el segundo de los poemas, «Ante la catedral de León», utiliza otro de los metros recuperados por los modernistas: versos eneasílabos, en esta ocasión agrupados en cuartetas:

El alma antigua, ruda y llena
de delicadas fantasías
levantó al aire esta colmena
que da su miel de ave-marías. (p. 79)

En la cuarta sección, «Recreos», de este mismo primer libro, encontramos el poema «Representaciones», cuyas cuatro partes están dedicadas, respectivamente, a cuatro autores de la generación del 98: Valle-Inclán, Baroja, Azorín, Unamuno.

Y no se trata solo de algo propio de un libro inicial: el segundo, El pasajero (1914), con prólogo de Ortega y Gasset, está dedicado a dos poetas (Enrique Díez-Canedo y Enrique de Mesa) de su generación cronológica, la del 14, pero en sus poemas está la presencia muy noventayochista de Castilla en varias ocasiones, por ejemplo, al cantar al claustro del monasterio de Silos («Dame el secreto de tu línea firme, / dame las proporciones de tus vanos, / de esos vanos por donde el Cid miraba / los cielos confidentes castellanos») (p. 138). O la dedicatoria a Manuel Machado del libro siguiente (Luchas de «Pena» y «Alegría») (1915). Nuevamente los ritmos e imágenes propias del modernismo en un poema como «Otoñal» (p. 210) de Evoluciones (1918). Incluso un libro más tardío como Colección, ya de 1923, lleva por dedicatoria inicial «A la tierra que me sostiene y me lanza: Castilla», que es puro 98, como son huellas claras de Antonio Machado versos de ese mismo libro: así el poema «Sentencias del camino», del que damos solo el primer cantar: «Di lo mismo en la torre / que en la choza del pobre: / la palabra que cueste, / nunca la que te sobre.» (264).

De manera que, aunque en libros posteriores, publicados aún en España antes de la guerra civil, como Jacinta la pelirroja (1929), Carambas (1931), Puentes que no acaban (1933) y Salón sin muros (1936), sí se deje sentir el aire de la nueva literatura más afín a la joven generación (sobre todo un claro acercamiento a la vanguardia, en el caso Jacinta, y cierta proximidad al surrealismo en el resto), puede decirse que la poética de Moreno Villa ya estaba claramente cimentada en sus cinco libros anteriores (los de su juventud y primera madurez), y tal vez por eso los libros publicados durante el exilio mexicano, Puerta severa (1936), La noche del verbo (1941) y Voz en vuelo a su cuna (1961 [pero 1955]), están en clara consonancia con los orígenes; es decir, más cercanos al magisterio recibido de los poetas del 98 y del tardo-modernismo. •

BIBLIOGRAFÍA

1 Cito por Juan Rejano: Poesía completa, recopilación y estudio preliminar de Teresa Hernández, Córdoba, Diputación Provincial, 2003.

2 Cito por la edición de La arboleda perdida, Barcelona, Bruguera, 1980.

3 José Moreno Villa: Vida en claro, México / Madrid, Fondo de Cultura Económica, 1944, 1ª reimpresión 1976.

4 Cito por la edición Poetas españoles contemporáneos, Madrid, Gredos, 1965, 3ª ed.

5 Cito por José Moreno Villa: Poesías completas, edición de Juan Pérez de Ayala, México, El Colegio de México / Madrid, Residencia de Estudiantes, 1998.