EL ARTE EN LA EUROPA DE LAS RELIGIONES. EL BARROCO

CICLO DE CONFERENCIAS

En 2017 se cumplen quinientos años de la fecha en que Martín Lutero dio a conocer sus 95 tesis, con las que cuestionaba algunos aspectos de la política de la Iglesia, que derivaría en la reforma protestante. Surgiría un debate, en Trento, en el cual la Iglesia católica fijó la legitimidad de las imágenes religiosas, y que determinaría el discurso del arte de la Edad Moderna. Se otorgó a las imágenes un carácter ejemplar y pedagógico, se propició la utilización propagandística y elocuente de las artes visuales que quedaban sometidas al culto, la liturgia, la propaganda religiosa, condicionando las formas para buscar efectos de extremosa eficiencia en el público que las contempla. Arte de grandes cualidades y sorprendentes paradojas, también los estados absolutistas, a otro nivel, movieron resortes propagandísticos para propiciar estados de opinión favorables sublimando las imágenes a efectos retóricos.

Esa renovación se exteriorizó, asimismo, a través de una arquitectura, evolución de la renacentista, que conoce el valor de la grandilocuencia arquitectónica y la eficacia persuasiva de los espacios retóricos valiéndose de múltiples recursos para atraer a los devotos y elevar sus espíritus. Los interiores de los templos se convierten en recintos misteriosos y resplandecientes, espacios del milagro, contribuyendo, con la correspondencia de las artes, a estimular el asombro y la piedad de los fieles. Incluso los exteriores, mediante una adecuada simbología, efectos escenográficos y juegos de perspectivas tratan de acoger a los creyentes, convirtiéndose Roma, aunque debilitada políticamente, en capital del catolicismo y los papas consideraron asunto de estado el embellecimiento de la urbe, que se convirtió en el epicentro artístico de Europa.

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